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La exlíder de Podemos Andalucía se suma a la candidatura del Frente Amplio por Málaga tras dimitir del partido morado

La exlíder de Podemos Andalucía, Raquel Martínez (segunda por la izquierda), junto a la exdiputada Alejandra Durán, Ione Belarra y Diego Cañamero.

Daniel Cela

27 de octubre de 2026 10:50 h

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La excoordinadora general de Podemos Andalucía, Raquel Martínez, se ha integrado en la candidatura del Frente Amplio en la provincia de Málaga apenas cuatro meses después de dimitir como líder regional de la formación morada. El pasado mes de junio, Martínez (Almería, 1977) presentó su dimisión ante el máximo órgano de decisión del partido, el Consejo Ciudadano Andaluz, tras las elecciones andaluzas del 17 de mayo, en la que los morados, que concurrían dentro de la coalición Por Andalucía, no lograron representación.

La salida de Raquel Martínez de Podemos Andalucía vino precedida de un duro pulso con la dirección estatal de Ione Belarra, que mantuvo bloqueadas las negociaciones para concurrir en coalición con IU, Sumar y otros partidos de izquierdas en Andalucía hasta 24 horas antes del plazo tope para inscribir la coalición ante la Junta Electoral.

Martínez se dio de baja de Podemos hace cuatro meses y ahora ha optado por concurrir como “independiente” en la candidatura del Frente Amplio, como número cuatro por Málaga. Su posición en la lista es simbólica, porque ninguna encuesta vaticina más de un escaño para la coalición de izquierdas en esta provincia, donde la rivalidad con Adelante Andalucía y el auge de Vox será determinante en el reparto de los últimos escaños.

La exdirigente de Podemos Andalucía ya se había significado en redes a favor de una gran coalición de izquierdas para las generales, de la que los morados se descolgaron a última hora, y había defendido públicamente la candidatura de Ada Colau como cabeza de cartel para el 29 de noviembre, lo que le brindó una oleada de críticas, ataques e insultos de cuentas ligadas al partido morado.

El pasado fin de semana, la coordinadora provincial de IU en Málaga, Toni Morillas, le ofreció integrarse en la lista para las generales, y ella aceptó “por coherencia”, pero ocupando una “posición simbólica” al considerar que se trataba de una continuación del trabajo que venía haciendo en favor de la unidad de izquierdas para impedir un Gobierno de PP y Vox. La lucha por los derechos de la clase trabajadora, de la vivienda y del movimiento feminista y a favor de la causa saharaui explican tanto su trabajo dentro de Podemos como el que ahora va a desempeñar en el Frente Amplio.

Podemos Andalucía irrumpió en 2015 en el Parlamento andaluz liderado por Teresa Rodríguez, logró 590.000 votos y 15 diputados convirtiéndose en la tercera formación de la Cámara. Desde hace cuatro meses es un partido descabezado, pilotado por una gestora que coordinan el concejal morado en el Ayuntamiento de Málaga, Nico Sguiglia, y la exparlamentaria por Granada, Alejandra Durán.

Raquel Martínez no sólo lideraba Podemos Andalucía hasta hace poco, también formó parte del Consejo Ciudadanos Estatal, que maniató todas sus negociaciones con el resto de partidos progresistas para consolidar su coalición electoral en Andalucía un año antes de las autonómicas.

La exdirigente morada mantuvo buenas relaciones con su homólogo en IU, el coordinador regional Toni Valero, y a principios de 2025 comunicó a la dirección estatal de Ione Belarra un preacuerdo para prorrogar su alianza bajo la marca Por Andalucía, con un miembro de Podemos como candidato a la Presidencia de la Junta: el diputado por Córdoba y portavoz adjunto de la coalición en el Parlamento, José Manuel Gómez Jurado.

La dirección de Izquierda Unida y del resto de partidos integrados en Por Andalucía reconocía en Gómez Jurado “el mejor cartel, el mejor orador y el mejor candidato” para representar la unidad de las izquierdas, que consolidase el proyecto de Por Andalucía, donde ya estaba integrado Podemos. “Aquí no se trataba de crear una coalición, porque ya estaba creada y Podemos ya estaba dentro. Se trataba de aclarar con tiempo que todos seguíamos adelante para llegar a las andaluzas hablando de nuestro proyecto y no de nuestras cuitas internas”, recuerda uno de los negociadores de Por Andalucía.

Pero ni Toni Valero ni el coordinador federal, Antonio Maíllo, ni la propia Martínez querían repetir el fracaso de la negociación de las andaluzas de 2022, cuando se apuró hasta el último minuto para inscribir la coalición ante la Junta Electoral quedando fuera los morados del registro de la candidatura.

Martínez no pudo consumar aquella negociación para Andalucía, porque la dirección estatal de su partido la desautorizó, una y otra vez, convencida de que Pedro Sánchez adelantaría las elecciones generales. Podemos no quería coaligarse con Sumar e IU, partidos que formaban parte del Gobierno de coalición con el PSOE, y a los que Belarra acusaba por entonces de apoyar la guerra en Ucrania y ser cómplices de la masacare de Gaza, por la venta de armamento a Israel.

Mientras IU, Sumar y el resto de fuerzas de Por Andalucía avanzaban en la configuración del proyecto y las listas para las andaluzas, Podemos organizó sus primarias y elegió a su propio candidato a la presidencia de la Junta, el exdiputado y guardia civil Juan Antonio Delgado. La dirección estatal presionó a Martínez para que se integrara en la candidatura de Delgado, por la provincia de Málaga, pero ella se negó rotundamente, convencida de que había que apostar por la unidad de todas las izquierdas, en la que llevaba dos años trabajando.

Esa negativa a vincularse a la candidatura en solitario de Podemos, junto al apoyo explícito que dio al manifiesto por la unidad de las izquierdas promovido por el exdiputado morado y dirigente de la CUT, Diego Cañamero, terminaron por dinamitar su relación con la cúpula del partido.

Finalmente, el equipo de Belarra repetiría la misma estrategia de negociación que en las andaluzas de 2022 (la misma que para las generales): abrió el diálogo con el resto de partidos de Por Andalucía la última semana, se sentó a negociarlo todo el último día pidiendo empezar desde cero, cuando el resto de partidos ya había pactado una estrategia política, un programa y un reparto de candidatos en las ocho provincias, con Maíllo como cabeza de cartel. Los aspirantes morados quedaron desplazados a puestos secundarios y no lograron escaños en las autonómicas.

Gómez Jurado ya se había borrado de las quinielas de las candidaturas, desgastado también por la pelea interna con la dirección estatal. Tras las andaluzas, reveló por primera vez el pulso que libraron Martínez y él con los de Belarra en una entrevista con Cordópolis: “Si tú quieres construir de verdad un proyecto unitario que amplíe y que crezca, lo construyes un año antes. Porque eso te permite posicionar a tus candidatos provinciales, que ya estén dando vueltas por Andalucía, y eso te permite afianzar la marca, crecer... Nosotros, en abril del año pasado, teníamos un preacuerdo entre las dos direcciones. Llevamos ese preacuerdo y a nivel estatal lo empezaron a dilatar”.

Dimisión en diferido

Antes de las elecciones de Aragón, en febrero de 2025, Raquel Martínez comunicó oficialmente al secretario de Organización de Podemos, Pablo Fernández, su intención de dimitir como líder del partido en Andalucía, al verse privada de la autonomía política necesaria para pactar y cerrar una coalición para las andaluzas.

Se pactó el anuncio de su salida para después de las elecciones de Aragón para evitar dañar al partido pero, tras el resultado, Podemos pensó que Sánchez adelantaría las generales y Ione Belarra pidió a Martínez que esperase “hasta después de las andaluzas” del 17 de mayo. El PP de Juanma Moreno salió de aquellas urnas con una victoria histórica, pero perdió la mayoría absoluta por tres diputados, y se conformó el primer Gobierno andaluz de coalición con Vox.

La dirección de Podemos pidió entonces a Martínez que anunciara su dimisión el 26 de mayo, día en que José Luis Rodríguez Zapatero debía declarar ante el juez, para que “se diluyera el impacto de la noticia”. Pero el juez Calama pospuso la declaración del expresidente del Gobierno y, ese mismo día, el partido volvió a pedirle a la dirigente andaluza que aplazara el anuncio otras dos semanas, para hacerlo coincidir con la visita del Papa a España, la segunda semana de junio. Martínez ya había convocado al Consejo Ciudadano Andaluz y su ejecutiva conocía la decisión, de modo que ignoró la última orden, y al día siguiente disolvió a su directiva y abandonó el partido con una “ruptura total” de las relaciones.

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