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Susana Díaz se corrige a sí misma tres años después ante la amenaza de perder el poder del PSOE andaluz

Su reconocimiento de que erró apostando por la abstención que dejó gobernar a Rajoy irrita a quienes, con más o menos furor, la apoyaron en aquellas primarias

Díaz ve cómo va perdiendo los férreos apoyos de los que gozó como líder de la federación socialista más compacta mientras Ferraz busca una alternativa

La dirección federal se frota las manos ante la debilidad de Díaz y muchos socialistas consideran que es "un acto desesperado de supervivencia"

Susana Díaz, sobre la abstención que permitió gobernar a Rajoy: "Yo me equivoqué y acertó Pedro Sánchez"

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Susana Díaz responde a Arrimadas que apoye la investidura de Sánchez

Susana Díaz en una imagen de archivo. EFE

"No fue un desliz. Susana Díaz no tiene deslices, tiene estrategia". Fuentes próximas a la expresidenta de la Junta y secretaria general del PSOE andaluz explican a este periódico que las palabras que han reabierto la herida más profunda del socialismo "estaban muy pensadas”, "no fue fruto de un arrebato, sino de una decisión madurada que buscaba poner al PP ante el espejo". El martes, pasadas las ocho de la tarde, y tras seis horas de intenso debate en el Parlamento andaluz, Susana Díaz utilizó el último turno de réplica al presidente Juan Manuel Moreno Bonilla para reconocer por primera vez, desde la tribuna, que se equivocó al defender la abstención del PSOE en el Congreso para dejar gobernar a Mariano Rajoy.

"Me equivoqué", repitió hasta en tres ocasiones. "Me equivoqué y Pedro Sánchez acertó. ¿Sabe por qué?", dijo la primera vez, pero de inmediato fue interrumpida por el clamor que se levantó en el Parlamento. Los diputados del PP se revolvieron en sus escaños, se oyeron gritos y murmullos de todas partes, Moreno se llevó las manos a la cabeza. Caras de asombro, risas flojas, aplausos tímidos en la bancada del PSOE. La presidenta de la Cámara, Marta Bosquet, mandó callar. Se paró el reloj para que no corriese el turno de intervención de Díaz.

La intención de Díaz era cortocircuitar la línea de ataque del presidente Moreno que pasa, una y otra vez, por recordarle su "incoherencia" por no alzar la voz contra Sánchez por su alianza con Unidas Podemos y sus acuerdos con los independentistas catalanes de ERC. Todo el mundo sabe que la líder del PSOE andaluz recela de las decisiones del hoy presidente del Gobierno, la hemeroteca está llena de intervenciones suyas abominando de Pablo Iglesias y de ERC. La hemeroteca es la principal arma del presidente andaluz contra la líder de la oposición. La frase de Díaz no fue un desliz. Buscaba arrebatarle a Moreno esa estrategia e invertir las tornas: No me haga a mí responsable de que el Gobierno socialista dependa del apoyo del independentismo catalán, el PP tuvo en su mano evitar ese escenario absteniéndose, como nosotros, y no lo hizo; Ciudadanos tuvo en su mano evitar ese escenario, formando gobierno con Sánchez tras las generales de abril, y no lo hizo. Yo me equivoqué, pero lo hice por un sentido de Estado que la derecha no tiene.

En busca de una iniciativa perdida

Con el reconocimiento de que aquello fue un error personal, Díaz trataba de retomar la iniciativa política que perdió hace ahora un año, cuando fue expulsada del Gobierno andaluz. Buscaba frenar en seco los ataques de Moreno y redefinir una oposición más dura, ahora que el congreso federal del PSOE y el debate sobre su futuro se ha postergado al menos un año. Pero la socialista no previó el efecto que tendría en las tripas del PSOE. La frase había sido medida palabra a palabra y, en efecto, era un giro de tuerca en la sanchización de Díaz: del "yo ya asumí un coste político y personal muy alto" [por abanderar la abstención en la investidura de Rajoy y liderar la rebelión fallida contra Sánchez] al "yo me equivoqué y Pedro Sánchez acertó".

Con esas seis palabras Díaz ha completado todo un viaje desde que perdió las primarias para liderar el PSOE ante la holgada victoria del hoy presidente del Gobierno. La líder de los socialistas andaluces ha hecho una autoenmienda a lo que defendió con vehemencia durante los meses de mayor crisis del partido centenario soliviantando a buena parte de los dirigentes y cuadros que estuvieron a su lado en aquella incruenta batalla. En realidad, el de este martes en el parlamento que lo hizo presidenta ha sido el último gesto de debilidad de la otrora poderosa secretaria general del PSOE andaluz ante la amenaza de perder el poder de la federación.

Con este triple arrepentimiento, en primera persona, tan alejado de la personalidad política de Susana Díaz, los críticos barruntan "una vuelta de tuerca más" en la conversión al sanchismo de la expresidenta andaluza; "un acto desesperado de supervivencia". Díaz se enfrenta a una pelea por el control de la federación más potente del PSOE y ha empezado a registrar bajas en su equipo. Ya no tiene el séquito que estaba a su lado hace poco más de un año: algunos se han dado de baja voluntariamente ante la posibilidad de que Ferraz se haga con las riendas de la federación y otros han sido expulsados del núcleo duro por desavenencias con Díaz a la hora de interpretar la realidad que encara desde la hecatombe en las elecciones de diciembre de 2018 en las que el PSOE perdió la Junta de Andalucía por primera vez en casi 37 años ininterrumpidos de poder.

La federación andaluza ya no es aquel ente compacto en torno a Díaz como lo fue en los últimos años, cuando los críticos eran una absoluta minoría. Ese bloque granítico se ha ido desgajando con mayor velocidad en los últimos doce meses. A la expresidenta le van saliendo competidores y no solo del sanchismo. Hace unas semanas, el alcalde de Sevilla, Juan Espadas, no descartó pelear por liderar el partido. "Estoy para lo que mis compañeros decidan", expresó aprovechando su participación en un desayuno informativo en Madrid.

El siguiente golpe para Díaz fue la dimisión de tres miembros de la Ejecutiva provincial de Sevilla, la que siempre le ha sido más afín. Desde su entorno enmarcaron esos actos en decisiones personales por haberse quedado sin poder institucional. Y precisamente eso es lo que desde Ferraz preveían que iba a pasar: que Díaz caería por su propio peso cuando los suyos dejaran de tener el aliciente económico que da el poder. La líder andaluza se vio obligada a enviar una carta a la militancia reclamando unidad.

Díaz se acerca a Sánchez y Ferraz busca sustituto

La debacle de Díaz comenzó el 21 de mayo de 2017 con la abrumadora victoria de Sánchez, que se impuso a todos los poderes fácticos del socialismo. A la entonces presidenta andaluza le costó encajar la derrota y llegó a plantear a los suyos esa misma noche que la batalla seguiría. Pero los soldados, que leyeron rápido el resultado, ya estaban de retirada. Cuando Díaz asumió la derrota, se fue a los cuarteles de invierno y mantuvo un perfil bajo para evitar cualquier choque con el secretario general. Nadie en el PSOE cuestionó que Sánchez llegara a Moncloa con el apoyo de los independentistas que había desatado la guerra un par de años antes.

Lo que sí hizo Díaz fue adelantar las elecciones andaluzas para evitar la posibilidad de que coincidieran con las generales. Esto fue, a juicio de muchos socialistas y a toro pasado, otro error de la dirigente andaluza: rechazar la invitación de Sánchez de ir de la mano a los comicios. Y el 2D fue cuando Díaz quedó herida de muerte con la pérdida del poder institucional de la Junta. Ferraz le señaló inmediatamente la puerta de salida, aunque ha ido aplazando esa batalla con el convencimiento de que "Díaz caerá como fruta madura", según lo definió gráficamente un dirigente próximo a Sánchez.

Cada vez más encerrada en sí misma, según reconocen fuentes del PSOE andaluz, Díaz ha optado por acercarse lo más posible a Sánchez, con quien ahora presume de tener una excelente relación. Ni una crítica ha salido de su boca hacia un secretario general que acumula todo el poder sin contestación interna más allá de Emiliano García-Page y, en menor medida, de Javier Lambán. Cada paso del líder socialista es aplaudido por la expresidenta andaluza, que ahora respira con alivio al constatar que Sánchez no pretende adelantar el 40º Congreso Federal, que pone en marcha el calendario de renovación de las federaciones. Cree que le permite ganar peso en su labor de oposición mientras que también sus detractores ganan tiempo para organizarse. Uno de los problemas del sanchismo es que no tiene liderazgos claros para hacerse con las riendas, aunque por ahora suenan nombres como el de Alfonso Rodríguez Gómez de Celis, el eterno rival de Díaz; el de María Jesús Montero, que ha sumado enteros como portavoz del Gobierno; o el de Felipe Sicilia, que fue desde el principio el menos susanista de los andaluces en el Congreso.

El susanismo se revuelve contra Díaz

El reconocimiento de que erró al defender la abstención para dejar gobernar a Mariano Rajoy es el último episodio de ese viaje iniciado por Díaz al asumir que su liderazgo en Andalucía también peligra. A pesar de que en su entorno se esfuerzan por decir que solo pretendía mostrar la incoherencia del PP por no facilitar la investidura de Sánchez en las mismas condiciones –todos los diputados y la mayoría de los miembros de la Ejecutiva andaluza han secundado sus palabras a través de las redes sociales–, fue un golpe para quienes estuvieron a su lado en las primarias y que hoy en buena medida sufren las consecuencias condenados mayoritariamente al ostracismo.

El problema de su planteamiento es que los primeros que han salido a discutírselo son los suyos, los socialistas que vivieron la catarsis del partido ante aquella abstención en la investidura de Rajoy que partió el PSOE en dos. "Por sentido de Estado, sí. Pero también se hizo por el PSOE, porque Sánchez quería convocar un congreso federal a las puertas de unas nuevas elecciones generales, y muchos pensábamos que nos despeñábamos definitivamente, que de 84 diputados bajaríamos de 60 y nos quedaríamos en la irrelevancia. Y ella, por supuesto, lo hizo también por un interés personal irrefrenable de apartar a Sánchez y tomar las riendas del PSOE", relata un dirigente socialista que estuvo en primera fila junto a la ex presidenta en aquellos días.

El susanismo fuera de Andalucía nunca fue un cuerpo homogéneo sino que bebía de distintas fuentes: quienes creían verdaderamente que era la mejor opción para liderar el partido, quienes la veían como un mal menor ante la posibilidad de que un Sánchez girado hacia la izquierda se hiciera con las riendas, y quienes optaron por esa vía arrastrados por dirigentes afines que se posicionaron con Díaz. También hubo debate sobre si la abstención era una buena fórmula o se podría mantener el ‘no’ conduciendo a unas terceras elecciones en las que el PSOE presentara otro cartel, como Ángel Gabilondo. Pero Díaz siempre rechazó esa opción.

El reconocimiento del error ha irritado a buena parte del sector que entonces confluyó en el susanismo. Algunos lo han hecho públicamente y la mayoría bulle en privado. “Lamento que Susana considere que se equivocó defendiendo la abstención a Mariano Rajoy. Yo la defendí y no me arrepiento, sigo pensando lo mismo, igual que ahora defendí que PP y Cs debían de abstenerse y dejar gobernar a Pedro”, expresó Nino Torre, quien en el momento de las primarias era Secretario General de Juventudes socialistas y hoy obligado a marcharse al sector privado.

También la exnúmero dos del partido, Elena Valenciano, a quien Sánchez ha dejado fuera de la política institucional -como con buena parte de sus rivales al confeccionar las listas electorales a su medida-, se ha quejado de la actitud de la presidenta. 

El malestar es compartido en las filas de lo que fue el susanismo ahora disperso y en muchos casos abandonado por la propia Díaz que cortó relación con quienes consideró que no se movieron todo lo necesario durante esa batalla que partió al PSOE en dos. “Decepción” y “engaño” son algunas de las palabras más repetidas en las últimas 24 horas por ese sector del partido, mientras en Ferraz se frotan las manos a la espera de encontrar el momento de dar el cambio en Andalucía.

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