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Salvador Távora: quejío por un dramaturgo andaluz

Muere el director de la mítica compañía La Cuadra a los 88 años, después de toda una vida dedicado a defender, desde el escenario, la identidad cultural andaluza

El destino le regaló, la pasada Bienal de Flamenco, la reposición de su mítico espectáculo 'Quejío', ópera prima con la que sentó las bases de su hondo compromiso ético y estético.

Muere Salvador Távora a los 88 años

Muere Salvador Távora a los 88 años

El dramaturgo y coreógrafo Salvador Távora ha muerto este viernes en Sevilla a los 88 años, según han informado a Efe fuentes próximas al creador teatral, después de toda una vida dedicada al teatro que fue reconocida con numerosos galardones a lo largo de toda su trayectoria, como el Premio Max de Honor en 2017.

Hoy, 8 de febrero de 2019, se arremolinan en la sala 4 del Tanatorio sevillano de la SE-30 una multitud de personas, artistas y gentes humildes del barrio, que recuerdan cada uno de los detalles de esa vida de fábula que hacen del dramaturgo, como bien tituló su hija -la cineasta Pilar Távora- en el documental que le dedicó hace poco más de un año, una "excepción".

Fue un último homenaje. En vida. Como deberían ser siempre los reconocimientos: La reposición en la pasada Bienal de Flamenco de Sevilla de 2018 de 'Quejío', la ópera prima de la Compañía de Teatro La Cuadra, donde Salvador Távora sentaría para siempre el ideario que ha marcado su vida artística y personal (incomprensible una sin la otra): un grito contra la injusticia social donde el cante y el baile flamencos cobraron una nueva dimensión hace más de 45 años. ‘Quejío’ fue una propuesta rompedora tanto por su concepción estética como por su compromiso político y social. La dignificación del proletariado andaluz y la puesta en valor de la identidad andaluza a través de su sentimiento más trágico, alejado del folclorismo quinteriano y otros tópicos.

"Intuíamos que era la última vez que lo tendríamos allí con nosotros", sostienen hoy muchos de los compañeros de profesión, periodistas (a los que siempre trató con un mimo inusual) y espectadores que acudieron a ese profético homenaje que podría servir de obituario por cuanto condensa la vida entera de uno de los personajes más singulares que ha dado la cultura andaluza y española del siglo XX. Allí, sentado en la butaca del Teatro Lope de Vega de Sevilla estaba Salvador Távora en el mes de septiembre de 2018 -quizás haya sido su última aparición pública-, frágil como un jilguero, con la voz apagada pero con el suficiente brillo en la mirada como para saber que estaba entregando su testamento artístico y vital.

La función social del flamenco 

Fallecido a los 88 años, según datos oficiales, Távora fue un hombre a caballo entre la historia y la leyenda: no se sabe exactamente cuándo nació, sin partida de nacimiento hasta hoy que lo certifique, las fechas oscilan entre 1930 y 1937, y las localizaciones, entre el barrio de San Lorenzo y El Cerro del Águila, el arrabal anegado sistémicamente por las riadas del Arroyo Tamarguillo donde se fraguaría la personalidad contestataria y doliente de este hombre que le hizo una y mil burlas a su destino.

Niño criado en medio de la injusticia social y la miseria económica que se acumulaba tras el cauce del arroyo Tamarguillo, en el arrabal de El Cerro del Águila, quiso ser cantaor cada vez que se dolía con los fandangos comprometidos del Bizco Amate, pero la necesidad le hizo obrero, un miembro más de esa alienante nueva escala social surgida con la Revolución Industrial, y con 15 años entró a trabajar en la cercana fábrica de Hytasa, donde aprendió el oficio de soldador. No obstante, ese niño dolido por la soleá de El Papero no ceja en su empeño y aprende del flamenco su función social, la protesta de la Andalucía malvendida y falseada en los tablaos. Se sube a sus primeros escenarios junto a Paco Taranto y recorre Andalucía -su Andalucía- durmiendo en pensiones galdosianas.

De torero a dramaturgo

También en El Cerro satisface su afición a vivir al límite saltando por las noches la tapia del vecino matadero municipal y, apadrinado por Rafael Gómez ‘El Gallo’, consigue llegar a matador de novillos. Sin embargo, la muerte del rejoneador Salvador Guardiola el 21 de agosto de 1960 marcó un punto de inflexión en su carrera y a partir de ahí se volcó en la escena.  Távora había hecho el paseíllo como sobresaliente en el Coliseo Balear de Palma de Mallorca a las órdenes del rejoneador aquella funesta tarde. Guardiola, hijo del terrateniente y ganadero del mismo nombre, estaba culminando la lidia de un toro llamado Farruco. Cuando se disponía a clavar el rejón de muerte, la montura se encabritó propinándole un fortísimo golpe en la cabeza a su jinete, que quedó tendido en el ruedo con los brazos en cruz. Salvador Távora fue el encargado de dar muerte al astado mientras se confirmaban los peores presagios: Guardiola, su jefe de filas, había fallecido a consecuencia de las gravísimas lesiones sufridas. 

Aquel percance también significó el fin de la carrera taurina de Salvador Távora, pero supuso un aprendizaje que luego se reflejaría, para siempre, en su lenguaje teatral. Lo demás, ya es historia: a raíz de un encuentro providencial con el mítico director teatral José Monleón, Salvador Távora se entrega de lleno a la dramaturgia y la escena teatral. Y lo hizo, tal y como entendió siempre el cante y los toros: desde su sentimiento trágico y su hondura, desde la visión más andalucista de la cultura y alejado de los aspectos más comerciales.

"Me hacía mil veces la pregunta de por qué los cantes y los bailes no reflejaban las realidades concretas de los andaluces que los hacíamos. Poco a poco, no haciendo estudios sobre ello, sino buscando en mi propia realidad, llegué al descubrimiento de que, por un potente fenómeno canalizador, nuestros cantes y nuestros bailes andaban por un lado, y nuestras necesidades por otro. Busqué, día tras día, un auténtico modo de expresión de nuestras realidades actuales, y llegué al convencimiento de que nuestra actualidad estaba fuertemente falseada y ocultada por sólidos tópicos: una corriente traumatizadora había hecho de todo lo andaluz, y de los andaluces, de los que cantábamos y de los que no cantaban, instrumento utilizable para poner una careta alegre y colorista a un pueblo triste y sin color".

En esta frase está todo Salvador Távora, ahí se encierran espectáculos que ya hoy son historia, como 'Quejío', 'Andalucía Amarga', 'Herramientas' y 'Los Palos'... Hasta llegar a la auténtica revolución que supuso 'Carmen', espectáculo musical y teatral que incluía la lidia de un toro y con el que dio la vuelta al mundo. Salvador Távora estaba en Nueva York aquel fatídico 11-S de 2001, testigo una vez más de un final de época, donde personajes como él han sido imprescindibles. Y después de conquistar los teatros de todo el planeta, Távora volvió a El Cerro, donde ha muerto, cobijado por el mismo entorno humilde que lo vio crecer, arropado por los recuerdos.

En las próximas horas el cuerpo de Távora será trasladado al tanatorio de San Jerónimo de Sevilla donde será velado por familiares y amigos. En el caso de su hija, esta ha recibido la noticia mientras estaba en Berlín mientras grababa un documental que ha tenido que suspender para coger un vuelo hacia España.

Tanto allegados como políticos han lamentado la pérdida del que fue considerado como un revolucionario del teatro independiente andaluz. Así lo hace ver el presidente de la Junta de Andalucía, Juanma Moreno, que lo ha catalogado como "un andaluz renovador y comprometido". "El gran Salvador Távora, medalla de Andalucía, la tierra de sus sueños y de su corazón", ha publicado el político en Twitter.

No ha sido el único. Las reacciones sumándose al pésame por la pérdida de Távora han sido múltiples, como el vicepresidente de la Junta y consejero de Turismo, Juan Marín, quien ha lamentado el fallecimiento del dramaturgo, "un andaluz que no solamente renovó el teatro, sino que ha sido todo un referente de la cultura andaluza". En el mismo sentido, la secretaria general del PSOE-A y expresidenta de la Junta, Susana Díaz, ha añadido que se marcha "un genio que escarbó en nuestras raíces para hacer más grande y universal a Andalucía".

Asimismo, el coordinador general de IULV-CA y portavoz de Adelante Andalucía, Antonio Maíllo, ha destacado que Távora dedicó toda su vida "a la defensa de la cultura andaluza". "Su compromiso y valentía, sobre todo en tiempos del franquismo, le dignifican", ha apuntado, al tiempo que ha enviado su pésame a su hija Pilar Távora y a toda su familia.

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