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“Al 78% de los MENA le gusta la pizza con extra de queso”: la campaña malagueña contra la criminalización de los jóvenes extutelados

Imagen de uno de los carteles de la campaña

Néstor Cenizo


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Ali tiene 20 años, una mirada entre descreída e irónica que a veces deja escapar una sonrisa abierta, y un gran reloj dorado con cinco esferas que marcan, todas, la misma hora. Salima, también 20 años, es más tímida, esconde su sonrisa bajo la mascarilla y viste un chándal verde con una leyenda a la altura del pecho: “Fight for what you want”. Playa, deportes, septum, Instagram, Tik tok: si no fuera por su origen, nada los distinguiría de otros muchachos de su edad. Resaltar que estos chicos y chicas extutelados tienen los mismos anhelos e inquietudes que otros jóvenes de su edad, de los que no se distinguen demasiado, es el objetivo de decenas de carteles que ilustran desde hace una semana marquesinas y mupis de Málaga ciudad. “Al 78% de los MENA le gusta la pizza con extra de queso”, informa uno de ellos.

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La campaña es un proyecto de la Escuela de Arte San Telmo y Málaga Acoge, enmarcado en el festival Telmodice, unas jornadas enfocadas al diseño gráfico que este año celebra su novena edición. La Escuela organizó tres días de talleres a los que acudieron alumnos, tres diseñadores y tres jóvenes extutelados, entre ellos Ali. ¿De qué forma el diseño gráfico podía dar voz a estos chavales? De la puesta en común de aquellos días fue materializándose una idea: los chicos estaban cansados de ser señalados como diferentes. ¿Y si los carteles resaltaran lo que hace iguales?

La campaña opta deliberadamente por un tono ligero que quite peso dramático a la trayectoria de estos jóvenes y desdibuje el estigma. Lo que une a Ali y Salima con otros jóvenes es su cotidianidad. “El 81 % de los MENA canta habitualmente en la ducha”. “El 76% de los MENA pone primero los cereales”. “El 58% de los MENA coloca el rollo hacia fuera”. “El 46% de los MENA prefiere los churros con chocolate”. Con un lema común a los cinco carteles: “Mismos gustos, mismos derechos”. El Ayuntamiento ha cedido 45 mupis municipales para la campaña, que también puede verse en la gran pantalla de El Corte Inglés.

Aunque fue diseñada entre enero y marzo, llega a las calles apenas unas semanas después de que un cartel electoral de Vox en Madrid los colocase en la diana, al que parece responder. Este fin de semana, Rubén Pulido, exjefe de prensa de Vox en Andalucía y ahora en Madrid, ha tuiteado a propósito de la campaña: “Esta mierda, nunca mejor dicho, está financiada por la Junta de Andalucía y el Ayuntamiento de Málaga, entre otros. El @ppandaluz, para que lo entendáis mejor”.

El Ayuntamiento cede gratuitamente las marquesinas durante tres semanas, mientras que la Junta de Andalucía no tiene aportación directa en el proyecto, aunque aporte financiación a la Escuela de San Telmo, que es pública. El taller costó 500 euros en costes de desplazamiento y alojamiento, el documental 3.000 y la impresión de los carteles, 350 euros. “Se ha pagado por la Escuela, con aportaciones de profesores, vendiendo camisetas y lotería, y con una ayuda de Fundación La Caixa”, replica Lula Linares, jefa de estudios de la Escuela.

MENA: “Hemos usado el término como muestra de rebeldía”

Uno de los aspectos más llamativos es el uso sin complejos el acrónimo MENA (menores extranjeros no acompañados), que tiene asociado un matiz peyorativo. “Queríamos que la gente supiera de quién estábamos hablando”, explica Linares. “Es un acrónimo jurídico que detesto, pero era necesario para que se entendiese. Es una campaña hecha para la calle, no para la administración o el público docto”, resume Genoveva Pérez, coordinadora del área de jóvenes de Málaga Acoge.

Se trataba de “plantar cara a la criminalización e intoxicación” que se produce cuando se atribuyen pautas de conducta minoritarias a todo un colectivo, comenta Ramón Soler, diseñador del Estudio Buenaventura. La palabra, un acrónimo burocrático e impersonal, juega un papel fundamental en esta estrategia. El objetivo de los carteles es arrebatársela a quienes se la apropian para estereotipar a niños, niñas y jóvenes en función de su origen: “Hemos utilizado el término como una muestra de rebeldía contra la cosificación”. También quisieron dar la vuelta al uso de las cifras para que aportaran cotidianeidad.

Buenaventura (con sede en Loja, Granada), Rubio & del amo (Murcia) y Atipo (Gijón) son los tres estudios que han participado en la campaña. Soler, que también es vicepresidente de Cruz Roja en Granada, cree que las experiencias de vida de estos jóvenes deberían servir a los autóctonos: “Tienen muchísimo que enseñar a los niños de aquí, en cuanto a valores, esfuerzo, lucha y compromiso”.

Del proceso creativo que dio origen a la campaña, el estudio granadino 2041 Adrián N Maeso grabó un documental, que se proyectará este miércoles en el Cine Albéniz de Málaga.

“¿Cómo voy a venir a Europa a robar a la gente o a hacer las cosas mal?”

Salima tenía 15 años en 2017, cuando cruzó a Melilla desde Nador. Tras ingresar en el centro Divina Infantita, llegó a Málaga al cumplir 18. Hoy vive con otras diez personas en una casa de acogida de ASIMAS. Esta semana debe empezar a trabajar en una empresa de limpieza. Más que la tele, dedica su tiempo libre al móvil. A Salima le gusta la playa de Pedregalejo, y saltar al agua desde el espigón.

A Ali, correr por la playa de La Malagueta y el boxeo. Acaba de descubrir su vocación de reportero audiovisual. “¡Pues claro que tengo Tik Tok! Pero a la gente le gusta demasiado poner tonterías. Te levantas, pones una tontería y ganas 2.000 seguidores”, ríe. Salima es más reservada, y se decanta por Instagram.

Ali ya trabaja, pero solo a media jornada. Le gustaría poder hacerlo a tiempo completo, para alquilar una casa y dejar ya la que comparte con otros seis muchachos, gestionada por Málaga Acoge. “No tengo problemas con ellos, porque todos venimos de un centro de menores, y conocemos el sufrimiento”, aclara.

“Hay una pequeña parte de la sociedad que no mira a los jóvenes tal y como son. Ellos lo perciben, pero nosotros más que ellos, porque estamos más atentos a los medios”, concluye Genoveva Pérez: “La idea era que la gente los conociese, porque la imagen que tenemos de los jóvenes que han estado en centros es muy negativa, de mucha exclusión y calle”.

Ali, que cruzó el Mediterráneo remando, dejó en su país a sus padres, a tres hermanos y a una hermana. “He luchado y hecho un camino muy largo para llegar aquí. ¿Cómo voy a venir a Europa a robar a la gente o a hacer las cosas mal? Yo estoy aquí para luchar, no para dormir ni robar, sino para trabajar y cuidar a mi familia. Para eso estoy aquí”. 

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