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Ignacio Escolar, del derecho y del revés

Ignacio Escolar participó en una charla en la Universidad de Zaragoza. Foto: Juan Manzanara

Ignacio Escolar camina a paso ligero, y se sienta presuroso en la silla que tiene reservada en un auditorio del edificio antiguo de la Universidad de Zaragoza. Su camisa blanca contrasta con el color del cielo, que acapara su atención. Llueve a mares. Comienza la entrevista, y antes de formular completa la primera pregunta, Ignacio, o Nacho –como le llaman sus conocidos-, estalla a carcajadas… “¡Tratadme de tú, por favor!” pide entre risas. Así, se reformula la primera cuestión.

No hay nada tan bonito como que un creador describa su propio medio ¿Cómo definirías eldiario.es?

La mejor definición es el lema que tenemos debajo: “Periodismo a pesar de todo”. Ese  “a pesar de todo” significa a pesar de las dificultades que atraviesa el sector de la prensa, de la crisis económica institucional y política, y de los que creen que el periodismo escrito no tiene futuro ni presente. Es por un lado la reivindicación de nuestro oficio y, por otro, una tabla de salvamento.  Cuando fundamos el diario.es,  los que trabajamos en el periódico, que somos en gran  parte  los propietarios, lo hicimos porque creíamos de verdad en nuestro oficio y teníamos el deseo de dedicarnos a él el mayor tiempo posible y en las mejores condiciones posibles. Por eso fundamos un periódico  en el que además de poder trabajar en él, somos los dueños de la redacción  para poder ser libres.

En la decisión de fundar eldiario, ¿qué viene primero la pasión por el periodismo o la necesidad de buscar una salida laboral?

Yo creo que más lo primero que lo segundo. Cuando fundé eldiario.es con mis compañeros, yo tenía varias ofertas laborales  de otros medios mejor pagadas que el  sueldo que nos pusimos, que era bastante austero,  y las rechacé para embarcarme en esta aventura, porque a medio y largo plazo iba a ser la mejor opción profesional. Yo no tengo ambición de empresario o de  emprendedor. Soy 100% periodista, pero llego a la conclusión de que la mejor manera de ser periodista en las condiciones más óptimas es ser el dueño de la redacción. Cuando fui director de Público, que aparentemente es el cargo máximo en la redacción, descubrí  que quien manda en una redacción es el dueño, y decidí que la siguiente vez que tuviera un proyecto a mi cargo iba a ser como propietario.

Qué es más complicado, ¿ser dueño o ser director?

Duermo mejor ahora que cuando estaba en Público. Éramos 110 periodistas. Teníamos muchos medios y yo no tenía que pagar las nóminas, porque había una persona que era el  responsable empresarial último del proyecto;  pero en cambio aquí, a pesar de  que si no se pueden pagar  las nóminas vendrán a por mí y mis compañeros  dirán “esto lo has hecho mal” , duermo mejor, porque lo peor que te puede pasar es tener que dar la cara con un equipo sin tener el poder de hacer las cosas bien. En eldiario.es estamos haciendo las cosas bien y estamos consiguiendo un proyecto sostenible, justo con los trabajadores y con los lectores, y donde tengo las herramientas para poder ejercer esa responsabilidad. No hay nada peor que tener la responsabilidad sin el poder.

¿Cómo definirías la ideología de eldiario.es?

Somos un periódico con unos principios claros, que se han colocado en la izquierda, centro izquierda, en el pensamiento progresista, democrático. Creemos en el respeto por los derechos humanos, la libertad la justicia  social, el crecimiento sostenible y  en el medio ambiente. Son valores muy amplios donde caben votantes  de muchos partidos, lo que no somos es un diario de partido. Y creo que lo estamos haciendo bien. Es legítima una prensa  con principios, y no los ocultamos. Están en una página claramente definidos. Cuando  traicionas a tus lectores es cuando defiendes a una organización y no a tus principios,  y eso no lo vamos a hacer nunca.

Al defender principios se dice que se pierde la objetividad del periodismo ¿hasta qué punto hay  que ser objetivo?

Yo creo que más que objetivo,  hay que ser honesto. El Gran Wyoming dice que hacemos grandes debates sobre la objetividad en el periodismo, cuando el periodismo se puede resumir en una frase: no mentir. Un ejemplo, se dice que  hay objetividad cuando das voz a las dos partes. Tú puedes ser muy objetivo, contar una manifestación y decir que según  la organización hay medio millón de participantes, y según la policía 30.000. Pero tú eres honesto, tienes una calculadora a mano, sabes lo que mide la plaza y dices lo que cabe por metro cuadrados. Eso es periodismo, aunque parece menos objetivo decir que uno miente. A veces se confunde ser objetivo con ser neutral, y no hay que ser neutral, hay que ir con la verdad.

Volviendo al modelo de negocio. Muchos de los lectores de eldiario.es provenían de tu blog personal. ¿Hasta qué punto se identifica  con el periódico de Ignacio Escolar?

En el origen mucho, porque eldiario.es no existía y yo llevaba mucho tiempo haciendo información, tenía una pequeña o mediana firma. Pero a la larga, el éxito será que no sea  el diario de Ignacio Escolar, sino que sea un diario que por sí mismo, por sus lectores, articulistas y periodistas. Un periódico solvente e influyente. Que sea leído y respetado. Eso se consigue con el tiempo. Es verdad que en el arranque mi firma tenía mucha más presencia que la que tenía eldiario.es, que acababa de nacer, pero creo que a la larga lo conseguiremos. Para mí la mayor satisfacción es que eldiario.es siga cuando yo no sea su director.

¿Cuál crees que es la importancia de la “marca personal” del periodista, tanto en los medios en general como en eldiario.es? En la actualidad, especialmente con el auge de las redes sociales ¿ha crecido o se ha diluido?

La importancia de la firma del periodista sobre la cabecera ha crecido. Todavía hay mucha gente que me felicita por Público… Pero el 100% de mis seguidores de Twitter saben que van a eldiario.es, porque están suscritos a mis actualizaciones, a mis artículos, y mis enlaces les llevan a ese periódico. Por eso ahora esa “firma” es más importante; porque antes era más difícil de trasplantar de una cabecera a otra. Precisamente ese es un capital que nos ha permitido montar desde cero un periódico como el que tenemos.

Ha hablado de solvencia. Dicen que los periódicos tradicionales son más fáciles de gestionar que uno digital. ¿Cómo ha logrado que esté equilibrado desde el punto de vista de la financiación?

Se decía mucho que en Internet era imposible ganar dinero con el periodismo. Es al revés. Ojalá no fuese así, porque hay profesionales excelentes que viven del papel. Hoy, lamentablemente, lo ruinoso es el papel, y donde se puede ser solvente es en la red. La principal diferencia es que cuando yo era director de Público, alrededor del 70% del coste era industrial: la distribución, la impresión, el papel, las promociones, las películas… Se llevaban la mayor parte del presupuesto y solo un 20% o un 30% era lo que la gente entendía por un periódico; sus periodistas, el trabajo intelectual de poner todos los días un producto en marcha, explicando el mundo y analizándolo. En una redacción de Internet es justo al revés. En el presupuesto de eldiario.es el 80% del  coste se lo llevan los periodistas, o los colaboradores. Poner en marcha un periódico digital es mucho más asequible que uno en papel. Yo no hubiese podido ni soñar con montar un periódico de papel  con los ahorros de un periodista y sus amigos. En cambio en Internet, con los ahorros de 15 amigos, sí hemos podido montarlo. El coste en papel es 20 veces superior al de Internet. Por eso es más sencillo ser rentable.

¿Cómo os planteáis el equilibrio de un periódico digital entre lectores socios y no socios?

Lo importante es mantener una proporción en la cual el primer cliente sea el socio, que es en lo que estamos ahora. Cuando planteamos el modelo de eldiario.es, parecía que solo existían dos opciones: o financiación por publicidad o periódico de pago. No nos gustaba ninguna de las dos opciones. La primera nos podía restar independencia, y la segunda era contradictoria con nuestra forma de entender el periodismo. Para mí es un servicio público, y alguien que no puede pagar porque está en el paro, o está estudiando y no tiene dinero, se merece ese periódico igualmente. Y a nosotros nos costaba lo mismo ofrecerlo a los que pagaban que a los que no, el coste industrial en Internet es residual, casi inexistente (a diferencia de la prensa impresa). Así que optamos por un modelo gratuito, pero que ofrecía una serie de ventajas a los lectores que nos quisieran ayudar económicamente. Los socios de eldiario.es no ven la publicidad, sus comentarios aparecen destacados, tenemos una revista trimestral en papel para ellos… Pero según las encuestas que les hemos hecho, la principal razón por la que se hacen socios es que entienden que sin ellos nosotros no podríamos ser libres. De otra forma no iban a poder tener el mismo tipo de periodismo; si los lectores pagan, nosotros nos debemos a ellos, no a los anunciantes, y tendremos mayor capacidad de aguantar frente a presiones de terceros.

Ahora eldiario.es es rentable, pero ¿crees que cuando lleguen más medios digitales (como El Español) dejará de serlo?

En los últimos cuatro años han surgido en España cuatrocientos medios digitales. Actualmente, eldiario.es es el segundo medio digital puro más leído. Nos supera solo El confidencial, que lleva catorce años, y algunos meses El Huffington Post. Superamos a todos los demás con mucha distancia. El Español de Pedro J. Ramírez supone competencia, pero igual que la suponía cuando dirigía El Mundo. Yo creo que prensa impresa y digital van a competir cada vez más en un mismo mercado, que es de la prensa escrita, a secas. Lo que también es cierto es que el proyecto de Pedro J. Ramírez es muy potente económicamente, con un capital inicial unas doce veces superior al que tuvimos en eldiario.es. Probablemente llegarán a ser uno de los más leídos en Internet en España, pero tendrán que salir, tendrán que dar noticias, con una buena redacción etc. No es una competencia mía, sino de todo el sector.

Los criterios económicos son claros, pero ¿cuál es la diferencia entre escribir para un medio en papel y para uno digital?

Hay muchas. Antes tomaba un café con la redacción de eldiario.es Aragón y hablaba de la extensión de los textos, que en los impresos está condicionada por el tamaño del papel: formato tabloide, que es el más manejable, sábana -que  nació a raíz de un impuesto de la Corona Británica, que gravaba las páginas, entonces los rotativos decidieron hacer cuatro páginas nada más, pero muy grandes para pagar menos impuestos-. El formato natural de un periódico es el de la página que domina el brazo humano, no puede ser más largo. Una doble página es un brazo humano. Esto condiciona el tamaño de los textos y proporciona un espacio que no es la extensión ideal para una noticia. Otra diferencia, en los periódicos de papel lo que la gente entiende por titular es un compuesto de título, subtítulo y foto, un contexto que te permite comprender el titular. En Internet está solamente el título, el título es solo el titular, no están en las redes las fotos ni los subtítulos. Además, en internet existe el hipertexto. Con el hipertexto se puede relacionar más información, de hecho tienes la obligación de enlazar noticias escritas entre sí, y también con vídeo. En eldiario.es nos vamos a mudar a una nueva redacción, más grande, porque ya no cabemos; y allí habrá un plató de televisión.

Las redes sociales entonces han cambiado la manera de titular, pero han provocado otros cambios profundos en el periodismo, por ejemplo les ha dotado de valor conversacional. ¿Son las redes sociales vitales?

Las redes sociales cambian la manera de relacionarnos con el lector por varios factores. El primero es la jerarquía de la información. El valor principal de un director de un periódico en papel era decidir qué información de lo que ha pasado en el día aparece en primera página, qué hecho merece un breve, una doble página o no entrar. Esa jerarquía en Internet la hace vuestro amigo dándole al me gusta en Facebook. Está seleccionando la información porque hoy, la mayor parte del tráfico de noticias viene más de las redes sociales que de la portada, donde los directores de periódicos siguen ordenando la información y dándole jerarquía. Con Internet ya no se puede esconder la información, se puede decidir no darla, pero ya no se puede contar en pequeño. Si el lector considera una información relevante y merece ser leída, lo será. Otro factor, nosotros en las redacciones de los periódicos no recibíamos cartas de los lectores. En Internet estamos sobrepasados de respuestas y feedback de los lectores. Para bien, porque te das cuenta mucho antes cuando metes la pata, hay mucha gente que sabe más que tú, en nuestro caso 4,5 millones de personas. Para mal, unos pocos lectores pueden intentar presionar a la redacción con comentarios y con tweets, generando una opinión pública que no existe…. ¡Tenemos a todos los lectores enfadados!... serán 4 o 5.

Los que han comentado.

Los que han comentado. Hace poco hicimos un estudio de comentarios en eldiario.es,  alrededor de 100 personas habían escrito la mitad de todos los comentarios -un cuarto de millón- desde nuestro nacimiento. ¡Es un oficio comentar! Esas 100 personas escribieron más que el resto juntas. Tenemos 4,5 millones de lectores mensuales, medio millón de personas al día... 100  personas no representan a medio millón, esos comentarios que han escrito no son representativos de nuestros lectores.

Esos son los cambios más notables de los lectores a la hora de consumir la información,  también ha aumentado la interacción, y ha surgido la figura del periodista ciudadano, que se convierte en otra vía de suministro de información. ¿En qué sentido compite o no con el periodista profesional?

Considero que lo completa, no compite. Tengo un amigo, Guillermo Culell, que fue director de Clarín.com de Argentina y que ahora trabaja en El Mercurio, de Chile, que dice que los periodistas somos atletas. Todo el mundo puede correr 100 metros, pero para correrlos en 10 segundos hay que entrenar. Todo el mundo puede cazar una noticia, pero para cazar una noticia todos los días hay que entrenar y dedicarse solo a ello, no solo hay que capturarla, hay que comprobarla, verificarla, y recabar el contexto y no solo le hecho en sí. Hace falta también tener unas aptitudes previas. En ese sentido, es muy bueno que los ciudadanos hayan roto el monopolio de la prensa. El hecho de que un ciudadano pueda contar una noticia si la ve o si nadie la está contando, obliga a los medios a entrar a temas que si no, no contarían. Un ejemplo concreto, lo que paso con la información de desahucios en España, empezaron mucho antes las movilizaciones contra los desahucios que la información sobre los desahucios, eso paso porque la prensa no hizo bien su trabajo. Si ahora no quieres dar una noticia, la gente se dará cuenta de que no lo has contado, el periodismo está afortunadamente más controlado por la sociedad que antes.

¿A qué se debe que los ciudadanos tengan una visión tan pésima de la profesión del periodista?

¿Cómo llama la gente a los que salen el Sálvame Deluxe? Periodistas. Se engloban bajo el término de periodistas a personas que se dedican al entretenimiento. Los periodistas lo hemos hecho bien, mal y regular. Nuestra función es ser el contrapoder, denunciar abusos para que no sucedan. Hemos confundido nuestro papel, nos hemos creído padres de la patria, nuestra función es encender la luz para espantar las cucarachas, no pisarlas, si usamos la metáfora de David Jiménez, director de El Mundo.

¿Cuál es tu periodista de referencia actualmente? Sin nombrar a Iñaki Gabilondo.

-Entre risas- ¡Es que es Iñaki Gabilondo! Para mí es el periodista con prestigio más merecido de la profesión en España. Pero también Soledad Gallego, de El País; Enric González… Y  gente más joven, como Ana Pastor o Manuel Jabois. También me gusta mucho Carlos Cué; Maruja Torres, que escribe en eldiario.es… Hay muchísimos periodistas excelentes.

El futuro del periodismo está también en las manos de quienes hoy en día están estudiando la carrera. Los estudiantes por qué deben apostar, ¿por ser periodistas especializados en un área o ser periodistas todoterreno, integrales?

Hay que ser especialista multiformato, multimedia. Hay que saber de algo y saber contarlo por tierra, mar y aire; es decir, por prensa, radio, televisión y sobre todo por Internet, que engloba todo esto. Hay que manejar cámaras de vídeo y el lenguaje html -no tanto programar como saber cómo funciona un enlace- , y saber hablar en público, algo que en España cuidamos muy poco en la formación.

¿Crees que vamos hacia un modelo de medios transmedia?

Sin duda. En eldiario.es tenemos un programa de radio (Carne cruda), vamos a tener televisión, tenemos blogs… No es que vayamos hacia ahí, es que ya estamos ahí. Es verdad que depende un poco del punto de partida; nosotros venimos casi todos del periodismo escrito, así que tiene más peso en nuestro medio. Pero yo creo que a la larga no habrá una gran diferencia entre un periódico en Internet y una televisión en Internet.

En una entrevista en la Universidad de Valladolid comentaste que no es necesario estudiar periodismo para ser periodista, puesto que se aprende trabajando. En la Universidad de Zaragoza, hace unas semanas, se sometió al grado a un proceso de validación. ¿Qué sería necesario que tuviera la carrera?

Si algún día fuese ministro de Educación, Dios me libre de esta responsabilidad, debería haber una formación de Periodismo distinta a la de Comunicación, que es una licenciatura concreta. Diseñaría Periodismo en forma de postgrado, que se estudie de forma posterior después de otra carrera. El periodismo tiene una formación específica que tiene que ver con el manejo de vídeo, edición de textos, contrastación de fuentes, con el entorno legal y jurídico de la información…; y al mismo tiempo que si un periodista se dedica a la economía haya estudiado primero Economía y después se especialice en Periodismo, en contar la economía. Defiendo que la formación se adquiere en muchos sitios, pero creo en la necesidad de la Universidad. No creo que sea bueno para el oficio ni para los lectores que el periodismo sea como una notaría, y que sin ese título no se pueda trabajar, pero tampoco desprecio a las facultades de Periodismo, de hecho en eldiario.es no nutrimos de licenciados y estudiantes de Periodismo.

Así, queda claro el futuro del periodismo. Pero también queremos abordar eso en lo que eldiario.es es experto, en la actualidad. Para eso, vamos a echar mano del pasado. A los comienzos de la democracia se decía que los periódicos eran los “parlamentos de papel”. ¿Siguen siendo los periódicos de hoy en día esta especie de parlamentos que favorecen la democracia? Si tomamos el ejemplo de las últimas elecciones ¿Cuál ha sido el papel de los medios?

Si es de los medios, en vez de parlamentos de papel, hoy hay parlamentos de televisión. El éxito de los debates de televisión está directamente relacionado con la decadencia del formato de debate parlamentario. Un señor habla durante media hora, luego le contesta otro señor. Es aburridísimo. Ni siquiera el día grande del debate parlamentario, el día del Debate del Estado de la Nación, se consigue la mitad de la mitad de la audiencia de lo que se consiguen en los debates de políticos en televisión. El nuevo parlamento en los medios es la televisión. La prensa escrita tiene un papel fundamental en el debate político, en la búsqueda y elaboración de información. La televisión, según me cuentan directores de informativos de varias cadenas, vive de los periódicos y de los periódicos digitales. Eldiario.es, por ejemplo ,destapó el escándalo de las tarjetas black, sin nosotros no hubiera existido ni el juicio de la Audiencia Nacional. En 2013 publicamos la exclusiva de los correos de Miguel Blesa, en uno de ellos para su secretario del consejo contaba que existían unas tarjetas black a efectos fiscales,  esto era un entrecomillado literal. Después de publicar esta noticia, la actual Bankia inició una investigación interna y descubrió las tarjetas black. Esto tuvo importantes consecuencias políticas. Es uno de los mayores escándalos de corrupción, aunque en términos económicos sea muy poco dinero, ha sido de los casos más simbólicos de que era la corrupción, de cómo funcionaba, era transversal y tenías a la izquierda, la derecha, la patronal y los sindicatos en el mismo plato.

¿Crees que se están acercando los debates televisivos al formato Sálvame? ¿O se está acercando la política al ciudadano?

Es más lo segundo que lo primero. No nos olvidemos de que el objetivo último de un debate de televisión en prime time no es divulgar los valores políticos y democráticos, sino generar la máxima audiencia posible. Son formatos televisivos.  Las tertulias de este tipo, a las que yo voy bastante, sacan lo peor de ti… que es bastante rentable. Pero aun así, prefiero esta situación a la contraria: prefiero que un sábado noche tengamos un debate televisivo, con todo lo que supone, a que tengamos a José Luis Moreno y sus marionetas. Nunca ha habido tanto interés en la política como hay ahora, salvo quizás en los setenta. Es lo que tienen los países en crisis: la gente se ha interesado por la política porque se ha dado cuenta de que si no la política se olvidaba de ellos. Pero, ¿quién está preocupado por que existan debates políticos en prime time? Mariano Rajoy, que los quiere cerrar, y les culpa de su mal resultado electoral porque “martilleamos la corrupción” en las teles. Y dice “las teles” pero podría decir directamente La Sexta, porque no puede referirse a ninguna otra. No puede hablar de RTVE, porque ahí tiene puesto a un presidente que en el Parlamento contó muy orgulloso que él vota al PP, y que seguirá votando al PP; y que además cobró del PP, porque aparece en los papeles de Bárcenas como receptor de sobres. Cuando Mariano Rajoy habla de “las televisiones” no le preocupa que los debates sean formato Sálvame, le preocupa que en horario de prime time se hable de los sobresueldos en el PP.

¿Por qué de repente se están destapando todos los casos de corrupción si ya existían antes?

Muchos casos de corrupción tienen largas trayectorias pero es ahora cuando se está investigando y se están llevando a cabo los procesos judiciales. Si cogemos los grandes éxitos de la corrupción en España: la Gürtel, los Eres, la quiebra de las cajas e incluso la Púnica… algunos son casos que empezaron en los 2000 con la burbuja inmobiliaria… o la Púnica que se produjo en plena crisis económica, entre 2009 y 2011, donde se estaban llevando el dinero de los ayuntamientos con planes de ahorro energético. No creo que estemos contando algo que sea viejo, contamos lo que pasa ahora. Lo que sí ha cambiado es la percepción de la corrupción.  Cualquier sociedad tolera mal que le roben, pero que lo hagan en plena crisis económica sabe peor.  Se crea  una relación directa entre la situación económica del país y la corrupción, aunque es injusta, la crisis no depende de la corrupción, pero se crea un vínculo en la mente de las personas, lógica, “mientras yo tengo apuros para llegar a bien de mes fíjate a este que bien le va”.

Ahora la política en España es un tema estrella, pero hay otros muchos temas (reindustrialización, el Fondo de Comercio, educación, medio ambiente) que interesan a la población y de los que sin embargo solo se habla en momentos específicos.

Ciertos temas son muy difíciles de abordar en televisión. Por ejemplo, explicar el Fondo de Comercio es complicadísimo. Y, aun así, no creo que se hable tan poco de ellos. Por ejemplo, ahora en las cadenas tienen “economistas estrella”. ¿Cuándo hemos tenido economistas estrella en España? Y ahora vuelven a despertar un interés.

¿Habrían surgido los nuevos partidos sin los nuevos medios?

Sí, pero provenimos de un mismo estrato. Hay una relación de contexto. Los nuevos partidos surgen porque hay una demanda desatendida en la sociedad española, es el grito de “no nos representan”, y se crea un partido que acoja a esa gente, nuevo. Antes era impensable que esto sucediese, pero los cambios de la sociedad no  fueron leídos por los partidos tradicionales, aspectos como la corrupción y los desahucios. Nadie entiende que haya gente viviendo debajo de un puente cuando hay tantos pisos vacíos. En la prensa pasa algo similar, estamos entre los periódicos más leídos en España en muy poco tiempo, porque existía una demanda desatendida. Llegabas a un quiosco, y había periódicos de derecha democrática, derecha europea, derecha carlista, izquierda moderada y ¡no hay nada más!... y luego vas a las urnas y pasa otra cosa. La prensa no representaba a la sociedad española, no estaba atendiendo sus necesidades, y por eso surgimos los nuevos medios.

Comentabas que la información sobre los desahucios llegó después de que comenzara la movilización ciudadana. ¿Hasta qué punto influye que algunos periódicos estén en manos de entidades financieras? ¿Conoces casos de presiones a periodistas por parte de estos poderes?

En el momento en el que tienes un país que ha pasado por un rescate financiero, al que además le añades la situación de los desahucios… Evidentemente la presión sobre los medios es enorme.  Que algunos periódicos sean propiedad de entidades financieras (propiedad, no que sean sus anunciantes) es una de las razones de que eldiario.es haya conseguido tanta audiencia: porque existía una demanda desatendida. Además, en cierto sentido que los bancos sean propietarios no es tanto “culpa” de la banca, sino de los gestores de los medios de comunicación, que se endeudaron, hicieron operaciones ruinosas y acabaron hipotecando los diarios. En eldiario.es tenemos suerte porque estamos bastante blindados económicamente ante las presiones de los anunciantes y los poderes económicos. De hecho, estamos tan blindados que recibimos muy pocas, porque no tienen cómo. Que los socios sean esos lectores que pagan cinco euros al mes evita en cierta medida esos problemas. Nosotros tenemos anunciantes que son bancos, porque tenemos una audiencia que no pueden despreciar, pero ninguno de ellos se atreve (al menos nunca lo han hecho, y espero que no lo hagan) a decir que a cambio de esa publicidad tenemos que dejar de informar de un determinado hecho. Nunca lo hemos hecho con nadie. Hablando de esto, yo conocí a Pablo Echenique porque me envió un correo quejándose por la publicidad de Bankia en eldiario.es. Comencé a hablar con él por correo electrónico. Le dije: “No es un problema que tengamos publicidad de Bankia; preocúpate en el momento en el que dejemos de informar de los desahucios de Bankia, de Blesa, de las tarjetas black…”.

¿Los resultados de los nuevos partidos habrían sido tan considerables sin el tiempo que le han dedicado los medios de comunicación?

No, está directamente relacionado. Pero es injusto decir que esto de los nuevos partidos se lo ha inventado La Sexta, o que hay una conspiración para molestar a otro grupo como Planeta. Es más simple que todo eso, La Sexta ha hecho bien su trabajo. Ha informado de cosas que la gente quería conocer. En eldiario.es, en la previa de las elecciones europeas, junto con directores de otros medios como El Huffington Post o de 20 Minutos nos dimos cuenta de que las noticias sobre Podemos reventaban las audiencias en Internet, había interés de la gente en saber quién era el “tío de la coleta” y sus propuestas. Si hay un interés previo luego la gente va y lo vota, era un indicador de lo que iba a pasar. La prensa ha hecho bien su trabajo al informar a la gente de lo que estaba buscando.

Se ha hablado de La Sexta, pero no del grupo empresarial que hay detrás. ¿Por qué esta cadena potenció el papel de Podemos en un determinado momento, y en otro potenció más el de Ciudadanos?

Yo no creo en la conspiración. “Planeta es un grupo conservador que edita La Razón, y cuando en La Sexta sacan al Podemos es para fastidiar al PSOE y beneficiar al PP”. Es falso. La Sexta no trabaja por servicio público, sino por audiencia. Dentro de un género que se llama periodismo, y que creo que cumple, pero por audiencia. Y la audiencia la generan esos personajes públicos, porque existe un verdadero interés ciudadano hacia ellos: por Pablo Iglesias, por Ada Colau, por Albert Rivera… La Sexta está soportando unas presiones durísimas por parte del poder político y económico, y las puede aguantar porque es muy rentable. Unos doscientos millones de euros al año. Dentro de La Sexta hay muchos inversores diciendo: “está muy bien que os queráis llevar bien con el PP, pero no les vais a hacer un favor de doscientos millones de euros”. Desmontar La Sexta y cargarse su modelo costaría mucho dinero a sus dueños, e insisto, hay muchos accionistas de Atresmedia, y entre ellos hay de todo. Por eso La Sexta sigue aguantando las presiones del Gobierno. Pero te garantizo que si fuera por el Gobierno, ni Podemos, ni Ciudadanos… La 1. El telediario de RTVE.  Yo trabajo en La Sexta ahora y conozco a los responsables de informativos, a Antonio García Ferreras, a César González… Y pueden o no equivocarse, pero su interés es ofrecer la mejor información,  y eso se nota en la audiencia. Esa conspiración de la que se habla es falsa.

¿La aparición de ciertos partidos como Podemos o Ciudadanos es fruto del fracaso de la socialdemocracia?

Hay un libro de un diputado de las Cortes de Aragón, Ignacio Urquizu, titulado Crisis de la socialdemocracia: ¿qué crisis?, donde analiza que el problema de la socialdemocracia tiene que ver con la cesión de competencias a organismos por encima de los Parlamentos nacionales, y estoy en cierto modo de acuerdo con él. Por un lado, se está entregando poder político a supuestos técnicos (cuyos criterios no siempre son tales) como el Banco Central Europeo, y supranacionales, y se le está quitando a la ciudadanía. Se ha generado un cauce supranacional europeo y económico. En el  caso europeo el ejemplo más claro es la moneda única, que impide que las medidas clásicas socialdemócratas puedan funcionar.

Otro teórico que me gusta mucho es Ignacio Sánchez-Cuenca, que trabaja en la Fundación March. Él dice que el problema es que vamos hacia un mundo en el que cada vez importa menos lo que puedas votar, porque las decisiones no se toman en ese Parlamento que tú votas, sino por encima de él. Tiene mucho que ver con el 15-M: aunque la sociedad quiera un cambio, no puede lograrse porque existen unos raíles donde el margen de actuación del conductor es mínimo, la ruta viene marcada por otros. Creo que la socialdemocracia ha fracasado en eso. También influye el desgaste de marcas de los partidos, pero el problema de fondo es ese: las competencias de la socialdemocracia acaban reducidas a los derechos individuales. Tiene que existir también la posibilidad de actuar donde ha fracasado realmente, que es en la redistribución de la riqueza. En los últimos treinta años hemos sido incapaces de reducir la desigualdad. En todo el mundo, tanto los gobiernos demócratas como los liberales.

La desobediencia civil ¿es una manifestación democrática o es un ataque al Estado de Derecho?

Es un debate interesantísimo. No soy partidario de desobedecer las leyes, porque protegen al débil. Lo he habado mucho con mi amigo Nicolás Sartorius, que fue encarcelado en el franquismo y me decía “cuando hacíamos lo de la correlación de fuerzas sabíamos que las leyes estaban de nuestro lado”. Pero entiendo que dentro de la protesta democrática legitima esta la desobediencia civil. Si se salta la ley hay que asumir las consecuencias, se desobedece pero se acepta. Como método de protesta me parece legítimo, si se acepta la ley. El caso del Servicio Militar Obligatorio se rompió así, fue un grupo de personas que estuvo dispuesto a ir a la cárcel para demostrar que era absurdo tener que ir todos a la mili, se demostró que existía un problema y se cambió. O demostrar que es absurdo llevar a alguien a la cárcel por parar un desahucio. No comparto todas las desobediencias por sí mismas, pero no la idea de que podamos hacer de la ley un trapo.

No eres partidario de la desobediencia civil porque las leyes protegen al débil. ¿Crees realmente que esto es así?

No creo que todas las leyes protejan al débil. Creo que, en general, el conjunto de las leyes lo hace, y que para cambiarlas hay que acudir a las medidas democráticas, no a saltárselas. Porque en el momento en el que todos se saltan la ley, también lo harán los poderosos. Sí que es cierto que son precisamente los poderosos los que hacen la ley, pero creo que respetarla beneficia a los débiles.

Existen unos procedimientos democráticos que se pueden llevar a cabo no solo desde el Parlamento, sino también desde la opinión pública, la protesta, los medios de comunicación… Se trata de conseguir que la mayoría de la ciudadanía esté de acuerdo en que una ley es injusta y en que hay que cambiarla. Es algo que se ha conseguido, por ejemplo, con los desahucios: aunque la ley dicta que te tienes que marchar, la mayoría social ha asumido, gracias a las protestas, que eso no puede ser así. Incluso en el barrio de Salamanca, que es el más rico de Madrid, encuentran injusto que haya gente quedándose sin casa habiendo una inmobiliaria pública (el FROB), que es dueña de un montón de pisos vacíos.

Soy partidario de la ley y de cambiarla si es necesario, pero me preocupa que se asuma que se su puede saltar si el motivo es justo, porque entonces también se la saltarán quienes tengan motivos injustos.

Hace unos días tuvo lugar otro método de protesta polémico, en la final de la Copa del Rey se pitó el himno de España. Usted escribió en su blog de este tema, diciendo que si bien no compartías el hecho, no estabas de acuerdo en que se condenara como un delito.

Hay que saber diferenciar entre lo que me gusta y la ley. La ley no está para condenar el mal o el buen gusto. En EE.UU. hubo estados que condenaron con cárcel la quema de la bandera, y el Tribunal Supremo dijo que eso estaba dentro de la libertad de expresión y obligo a todos los estados a prohibir las leyes que consideraban un delito las injurias de la bandera. Probablemente no hay ningún país en el que se respete más el himno y la bandera, pero ahí aceptaron que dentro de la democracia, quemar una bandera no es quemar a Estados Unidos, que puede ser de mejor o peor gusto, pero no se condena. Me gustaría que mi país se pareciese en esto un poco más a Estados Unidos. Y también hay que preguntarse por qué tanta gente pita el himno y se quiere independizar. Prohibir los síntomas de un problema no acaba con el problema. El problema es que tanta gente que me gustaría que se quedase se quiera ir.

El problema de fondo ¿es solo un tema de gente que no se siente representado por el himno?

El problema no es el himno, el problema es que no se sienten representados por España. Antes, el independentismo en Cataluña era minoritario, hay que saber por qué se ha vuelto casi mayoritario. ¿Cuál es el motivo de este crecimiento del movimiento? Desastres como la sentencia constitucional sobre el Estatuto de Cataluña, debates sobre la lengua que existen solo en la televisión de Madrid… la manera de que la gente se quede en el país no es obligarles, es convencerles de manera democrática.

¿Cuál es tu opinión sobre la sentencia de hace un par de días del Tribunal Constitucional respecto a la ley aprobada por el Parlamento andaluz sobre la expropiación de viviendas?

La sentencia es un despropósito. Nuestro colaborador Martín Pallín decía: “Parece un contrasentido, pero el Constitucional ha hecho una sentencia anticonstitucional”. En la Constitución española se dicta que la propiedad está supeditada al bien común, y también se habla del derecho a la vivienda. Las competencias de la Junta de Andalucía son plenas para hacer una regulación como la que intentaron hacer. Creo que es algo sintomático que en un caso como este, que toca intereses muy concretos, el Constitucional haya ido tan deprisa y tan mal.

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