“En pandemia, la vocación se ha traducido en trabajadores quemados en Atención Primaria”

Centro de salud en Socuéllamos (Ciudad Real)

El 91% de los trabajadores sanitarios y no sanitarios de la Atención Primaria en Castilla-La Mancha y en Madrid vieron afectada su capacidad asistencial durante los meses más duros de la pandemia por SARS-CoV-2. En el 47% de casos ocurrió de forma grave y en un 17% de forma muy grave. 

Es solo una de las conclusiones del estudio PRIMACOVID realizado por la Universidad de Castilla-La Mancha (UCLM) en colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid sobre el impacto de la pandemia por la COVID-19 en la Atención Primaria de Salud desde la perspectiva de los trabajadores sanitarios.

El estudio buscaba saber cuáles han sido los factores determinantes de la sobrecarga laboral en los equipos durante la crisis sanitaria. Se ha analizado, en concreto, el periodo comprendido entre junio y diciembre de 2020 en el Área de Salud de Atención Primaria de Talavera de la Reina dentro del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha (SESCAM) y en la dirección asistencial Norte y Sureste de Madrid, pertenecientes al Servicio Madrileño de Salud.

La conclusión es clara: un 79% de estos trabajadores sufre el síndrome del trabajador quemado (Síndrome de Burnout) que, además, es “mayor que antes de la crisis sanitaria y se produce en todas las dimensiones”, subraya Isaac Aranda, economista de la Salud en la Facultad de Ciencias Sociales de Talavera de la Reina.

“No decimos nada nuevo al afirmar que los trabajadores de la Atención Primaria están fastidiados”, explica Montserrat Pulido, investigadora principal, pero el estudio es novedoso no solo en metodología, sino porque ofrece una radiografía de lo que ha ocurrido entre el personal sanitario y no sanitario de los centros de salud con resultados concluyentes, si se comparan con datos anteriores a la emergencia sanitaria.

El estudio se ha realizado entre 252 profesionales con dos tipos de cuestionarios anónimos y varias entrevistas personales e incluye una pequeña muestra del ámbito rural, aunque en este último caso sin resultados concluyentes. La edad media de los participantes es de 45 años, con 22 años de experiencia profesional.

“Ha sido en las entrevistas personales donde han aparecido las situaciones de violencia, de tensión, que sufren los profesionales, también en el medio rural”, señala Aranda. Unas entrevistas en las que no solo se confirmó lo vocacional de la dedicación profesional sino también la necesidad de que los responsables de la gestión permitan involucrarse en la toma de decisiones a todo el personal de los centros de salud.

Hemos normalizado que el sanitario en Primaria tiene que sufrir. Es un rol atribuido

“En los primeros meses de la pandemia la información no fluyó. Y los profesionales de Primaria tuvieron que hacerse cargo del seguimiento de los pacientes COVID y los no COVID con elementos de asistencia remota nuevos, etcétera…Y con mucho trabajo administrativo”, señala Isaac Aranda.

“La vocación se ha traducido en trabajadores quemados en Atención Primaria”

Otra de las conclusiones es que la vocación del personal sanitario y no sanitario en Atención Primaria es “muy evidente”, relata el investigador. “La vocación es clave en cualquier institución, organización o empresa. Contar con la involucración alta de los trabajadores es muy deseable. Todas las empresas buscan el ‘engagement’ de sus empleados para que se crean la misión y la visión de la empresa”, señala Isaac Aranda.

Y eso, añade, “ha sido muy relevante durante la pandemia entre los profesionales sanitarios. Han estado muy involucrados por su vocación. Eso es una fortaleza clara”. Sin embargo, en el lado opuesto de la balanza, los datos cuantitativos apuntan que “eso también se convierte una debilidad porque está derivando en el síndrome del trabajador quemado, es decir, la erosión de su capacidad para poder ser productivo”.

La importancia de esta situación en el ámbito sanitario, dice el investigador, es que “si los trabajadores sanitarios están sobrepasados no van a realizar bien su trabajo, aunque tengan una vocación increíble”. En el mismo sentido, lamenta Montserrat Pulido, “hemos normalizado que el sanitario en Primaria tiene que sufrir. Es un rol atribuido”.

Se agrava la sobrecarga y la falta de formación y de oportunidades de ascender

Los investigadores creen que, además, habrá repercusiones a medio y largo plazo en la salud de los trabajadores de la Atención Primaria. “La siguiente publicación de resultados desvelará en qué medida”, explica Aranda.

Hay que recordar que la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha declarado el Síndrome de Burnout como enfermedad derivada del agotamiento físico, emocional y mental en el ámbito laboral. Aunque, eso sí, no estará en vigor hasta 2022.

Los investigadores han querido medir su incidencia utilizado una escala con tres subtipos clínicos para conocer el grado de desgaste de los empleados de la Atención Primaria. Por un lado, el subtipo ‘frenético’, es decir, aquel que refleja la sobrecarga de trabajo. En segundo lugar, el subtipo ‘desgastado’ por falta de conocimiento o formación en el entorno laboral. Y en tercer lugar el subtipo ‘sin desafíos’, el menos prevalente, que define la falta de oportunidades de crecimiento personal en el puesto de trabajo y hasta con tendencia a sufrir aburrimiento a la hora de desarrollarse profesionalmente.

El 79% de las personas que participaron en el estudio tenían Síndrome de Burnout en, al menos, uno de los tres subtipos. El 62% en al menos dos de ellos y un 49% en los tres.

La conclusión es que durante la pandemia el Síndrome de Burnout se “ha agravado” entre los profesionales de la Atención Primaria. “Era algo que ya antes de la crisis sanitaria preocupaba a la comunidad científica a finales de los 90 por la gran carga de trabajo que arrastraba este sector asistencial a lo que se suman los recortes en comparación con la Atención Hospitalaria”, recalca Aranda, y ahora se ha confirmado.   

“Lo que se ha venido produciendo es que se ha destinado más inversión a la atención especializada y se ha reducido en la Primaria. La gente está preocupada. Los profesionales nos dicen que tienen problemas para desarrollar su trabajo”.

La participación en la toma de decisiones reduce el Burnout a la mitad

“Hemos observado que el hecho de que los profesionales se sientan partícipes de la toma de decisiones reduce el riesgo de Burnout hasta en un 55%”, señala Aranda.

Los investigadores reconocen que se trata “de una foto fija, tomada en un determinado momento de la pandemia, pero creemos que la situación continúa. Estamos seguros de que los niveles de Burnout siguen altos”.

La formación continua, clave para reducir el desgaste

Una de las razones es que los profesionales sanitarios de Atención Primaria no recibieron formación sobre la COVID-19. “Los que la recibieron por parte de los servicios de salud tuvieron menos posibilidades de quemarse”, asevera. Incluso en aquellos casos en que los propios trabajadores la buscasen por su cuenta.

“Si a los profesionales que tenemos involucrados hasta la médula les ayudamos con formación, incidiremos en disminuir este problema. Y eso es algo que los gestores pueden protocolizar”, recalca.

A los participantes en el estudio se les preguntó si habían recibido formación específica sobre la COVID y también si había conseguido información por su cuenta. Eran preguntas cerradas, para responder ‘sí’ o ‘no’.

El estudio refleja que entre los que no fueron formados el porcentaje del síndrome del trabajador quemado llegó al 83%. Entre quienes sí la recibieron bajó hasta el 70%.

El “efecto región”: no es lo mismo trabajar en una o en otra comunidad autónoma

Si se miran los datos de las dos comunidades autónomas que participan en el estudio, las diferencias en gasto sanitario son notables. Los investigadores han caracterizado lo que denominan “el efecto región”, es decir, si el hecho de trabajar en una o en otra comunidad autónoma varía las posibilidades de quemarse laboralmente hablando.

Y la respuesta es que sí, influye y mucho. “Puede aumentar hasta tres veces las posibilidades de padecer la enfermedad”, asegura el investigador.

“Está claro que hay diferencias en muchas cosas entre Castilla-La Mancha y la Comunidad de Madrid. Nosotros hemos tenido en cuenta el gasto sanitario per cápita. En la comunidad en la que era menor, había más posibilidades de sufrirla”.

En 2019, el último dato disponible y que publica el Ministerio de Sanidad, Castilla-La Mancha invirtió 3.061 millones de euros en gasto sanitario, un 7,1% de su Producto Interior Bruto (PIB), que se tradujo en 1.501 euros por habitante (lejos eso sí de la que más invierte que es el País Vasco con 1.873 euros por habitante, el 5,5% de su PIB).

La Comunidad de Madrid invirtió 8.962 millones de euros, el 3,7% de su PIB y se gastó menos que Castilla-La Mancha por habitante, 1.340 euros.

Castilla-La Mancha, según los mismos datos, se situó por encima de la media nacional que refleja que, el conjunto de comunidades autónomas, dedicaron ese año el 5,6% de su PIB a gasto sanitario y una media de 1.486 euros por habitante.

Montserrat Pulido, profesora y doctora en Antropología apunta que, en definitiva, el mensaje es el de “escucha a tus trabajadores, dales formación específica y gasta dinero porque el impacto de cualquier pandemia que tengamos repercutirá en los pacientes pero también en la peor calidad de vida de los profesionales y en una peor atención”.

Y en este aspecto, matiza, se refiere no solo a médicos y enfermeros sino también a fisioterapeutas, matronas, trabajadores sociales, higienistas dentales, administrativos, auxiliares o celadores...

“La Atención Primaria debería ser el centro del modelo del Sistema Nacional de Salud”

Sobre la reordenación del modelo de Primaria que está sobre la mesa, Pulido, profesora en la Facultad de Ciencias de la Salud, en Talavera de la Reina y doctora en Antropología Social y Cultural, recuerda que el modelo de Atención Primaria “está descrito, pero hay que adaptarlo al contexto y, si se habla de teleconsulta y de presencialidad hay que hacerlo con mucho mimo porque no vale todo”.

En su opinión, “la Atención Primaria debería ser el centro del modelo del Sistema Nacional de Salud”.

Además de Montserrat Pulido e Isaac Aranda han participado en el estudio Juan Antonio Flores Martos, codirector del grupo de investigación GEESA de la UCLM, Carmen Cipriano, de la Facultad de Ciencias de la Salud en Talavera y Luisa Abad de la Facultad de Ciencias Sociales en Cuenca junto a miembros de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Madrid. 

La investigación ha sido financiada a través de la convocatoria competitiva Fondo SUPERA, que apoyan el Banco Santander, CRUE Universidades Española y el CSIC. Una de las novedades es que se ha utilizado “una metodología mixta, con métodos cualitativos y cuantitativos para dar respuesta a la pregunta: qué impactos ha tenido la COVID-19 en los profesionales de la Atención Primaria. Los resultados son muy sólidos. Estamos muy contentos”, asegura Aranda.

“Tiene mucho potencial esta metodología mixta porque está validada entre profesionales de Primaria, porque vemos que confluyen los resultados y además tienen una fácil transferencia a la práctica”, apostilla Montserrat Pulido.

El avance consolidado de resultados del proyecto PRIMACOVID se presentaron el pasado viernes en Talavera de la Reina, en un encuentro mixto, presencial y online en el que participaron unas 150 personas de varias comunidades autónomas.

Previamente también se dio a conocer en las XL Jornadas de la Asociación de Economía de la Salud (AES), en el XIX Congreso Anual de la Sociedad Española de Salud Pública y Administración Sanitaria (SESPAS), en el V Congreso Nacional de Psicología y en las Jornadas Iberoamericanas Virtuales Coronavirus y Salud Pública, celebradas en la Escuela Andaluza de Salud, donde obtuvo un accésit a la mejor comunicación científica. Recientemente parte de estos resultados han sido publicados en la revista de la OMS, Human Resources for Health y en la revista Social Sciences.

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