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‘Mirando a Cuenca’: sexo y religión en la mítica expresión española

El origen de este dicho tiene se sustenta en varias teorías, aunque la más extendida y documentada fusiona la postura sexual con los rezos musulmanes

Otras teorías minoritarias apuntan a que la historia procede de las andanzas adúlteras del rey Felipe el Hermoso en un observatorio astronómico

Línea recta entre Madrid y La Meca, con Cuenca en la trayectoria

Línea recta entre Madrid y La Meca, con Cuenca en la trayectoria

Es un vulgarismo procedente del casticismo madrileño que con los tiempos ha ido imponiéndose cada vez más en la inabarcable biblioteca de dichos populares españoles, hasta el punto de convertirse en una expresión de las denominadas erótico-festivas pero que no todo el mundo termina de comprender. En Cuenca casi todos conocen su origen pero ni siquiera los conquenses se ponen de acuerdo a la hora de relatar los detalles que han llevado a que decirle a alguien “te pongo mirando a Cuenca (o pa’ Cuenca)” sea motivo de cachondeo general.

Entre los estudiosos de los modismos españoles, hay unanimidad en una cuestión. Esta expresión se refiere a una posición sexual conocida como ‘postura del perro’ (el ‘coito a tergo’, dicho de manera más elegante), es decir, la misma que utilizan estos animales para copular, donde la hembra adopta una postura similar a la que los musulmanes utilizan en sus oraciones. 

La cuestión deriva en que, como estos últimos rezan mirando hacia La Meca, que está al sureste de España, si se traza una línea recta desde Madrid hasta esta ciudad islámica, Cuenca sería la primera ciudad importante que atravesaría. En qué momento se produce la fusión entre practicar el sexo con esa postura, acordarse de La Meca y mirar a Cuenca, es algo en lo que los historiadores de nuestras expresiones más castizas no se ponen de acuerdo.

La cuestión es que con el tiempo también se utiliza esta expresión con multitud de ciudades. Poner a alguien ‘mirando a Teruel, a Roma o a Estrasburgo’ también sigue guardando la misma connotación sexual aunque es cierto que con Cuenca, la intencionalidad queda mucho más clara y es el modismo que sigue imponiéndose a los demás.

Otra teoría

No todo es tan profano. En el blog Emitologías apuntan a otra teoría menos extendida y respaldada, pero también interesante. Afirman que la expresión se remonta al reinado de Juana la Loca y Felipe el Hermoso en la Castilla de finales del siglo XV. Al ser el Rey un gran mujeriego, algo que su consorte no podía soportar, ideó un plan para que la Reina no sospechara cuando se encontraba con sus amantes.

Organizó un pequeño observador astronómico en una torre, donde con ayuda de los nuevos instrumentos de navegación era capaz de individuar la dirección de las principales ciudades del reino. Así, cada vez que quería escabullirse con alguna mujer no tenía más que decirle a la reina: “Subo con la dama al observatorio, que la voy a poner mirando para Cuenca”. Según esta teoría, los guardias del rey, que obviamente sabían a qué subía el monarca al observatorio, comenzaron a utilizar la frase por los burdeles de Castilla, por lo que la expresión tuvo una rápida difusión.

De cualquier forma, lo cierto es que la expresión sigue muy vigente. Sirva como prueba que hasta las nuevas tecnologías se hayan apuntado a la gracia. Por poner un ejemplo, Microsoft comercializa desde hace tiempo una APP llamada ‘PaCuenca’ que permite saber en todo momento dónde está esta ciudad. “El resto es cosa tuya”, añade la publicidad, con bastante sorna. ‘Mirando a Cuenca’, de Chaotic Kingdoms, o iCuenca, de Quoid, se unen a un amplio listado de aplicaciones móviles con el mismo objetivo: asegurarse de que, en el momento en concreto, se está mirando a Cuenca, y no a París, a Buenos Aires o Kuala Lumpur.

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