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Los tres meses en que dos multinacionales chinas 'rescataron' la industria automovilística valenciana

Imagen del pasado 23/07/2026 en la que el presidente de Ford Europa, Jim Baumbick, y el vicepresidente de Geely, Victor Young (i), ofrecen una rueda de prensa con el anuncio del acuerdo de Ford con la automovilística china Geely Holding Group.

Sergi Pitarch

València —
30 de septiembre de 2026 22:21 h

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En 1974, Henry Ford II se plantó en Almussafes, València, para poner la primera piedra de su única factoría en España y la mayor de Europa, en lo que sería el símbolo del desembarco de la multinacional automovilística estadounidense en una dictadura que agonizaba. Una prueba con una inversión milmillonaria de que los norteamericanos eran los amos del mundo capitalista y el premio a un régimen que había cooperado en la lucha contra el comunismo y que ofrecía mano de obra más barata que el resto del continente. Desde ese día, cientos de miles de valencianos han formado parte de la historia de la marca del óvalo.

En 2022, la multinacional alemana Volkswagen designaba Sagunt, a 30 kilómetros de Almussafes, como la primera pata de su cadena de suministro en territorio europeo para su electrificación. Cientos de millones de euros de los fondos Next Generation para amortiguar la crisis provocada por la COVID-19 y que debían servir para la reindustrialización del continente y crear unos 3.000 empleos directos en la fabricación de celdas de baterías. Una vez más, València volvía a estar en los planes de futuro de las potencias occidentales para su potente y estratégica industria automovilística.

Entre julio y septiembre de 2026, las multinacionales chinas Geely y Gotion han desembarcado en València para rescatar, con inversiones millonarias y la mitad del pastel, los proyectos de Ford y Volkswagen que los cambios geopolíticos y arancelarios de los últimos tres años habían puesto en la picota y amenazaban con reducir sus producciones previstas a cifras testimoniales. En este nuevo entorno, bautizado por las escuelas de negocios como PLUTO (polarizado, líquido, unilateral, tenso y omnirrelacional), la China comunista y sus compañías globales han llegado para salvar lo que fueron las dos joyas de la corona industrial de la provincia de València.

Pero la operación de desembarco del capital chino en València no ha llegado de la noche a la mañana. Como pasara con griegos y cartagineses hace tres milenios, la influencia del gigante asiático entró por mar. Por el Puerto de València, el primer enclave en tráfico de contenedores de España y del Mediterráneo. Primero, como puerta de entrada de los productos importados por la industria tradicional valenciana tras la deslocalización de los años noventa del siglo pasado —calzado, juguete o textil— y, después, comprándose directamente la infraestructura. Así, hasta que la ampliación norte del puerto, propiedad de MSC y actualmente en construcción, se inaugure, la china Cosco gestiona la mayor terminal de contenedores y ya ha pedido una prórroga de la misma hasta 2070. Una fecha nada desdeñable porque, para entonces, si se cumplen las previsiones del Partido Comunista Chino (PCCh), China será la primera potencia mundial.

El Puerto de València ha sido fundamental para que Geely y Gotion desembarquen en Almussafes y Sagunt. Es el puerto de España con más conexiones con el gigante asiático y clave en la cadena de suministro global de las grandes fábricas de automóviles europeas repartidas por toda España. Pero no el único. La guerra arancelaria global iniciada por EEUU —fue Trump, pero Biden no la paró— ha arrastrado a la Unión Europea a protegerse de igual manera, respondiendo a los estadounidenses, pero también a China, sobre todo a su industria automovilística y de baterías, a la que la Unión Europea considera dopada de manera desleal con ayudas públicas. Solución: aliarse con Ford y Volkswagen para fabricar en València y poder así exportar coches y celdas sin aranceles en el suculento mercado común.

La posición de España como país «neutral» en la competición sin fin entre China y EEUU y el bajo coste de la energía y de la fuerza laboral, en comparación con la mayoría de países de la UE, también han convertido el Mediterráneo en un enclave más que atractivo para esas inversiones millonarias.

Gotion ha comprado por más de 1.000 millones el 49% de la gigafactoría de baterías de Volkswagen en Sagunt y permitirá que la industria de fabricación de celdas para baterías arranque con una potencia de 30 GWh, cuando la idea de los alemanes era empezar poco a poco con 20 GWh. Los productos elaborados en la fábrica valenciana, que necesitan de gran cantidad de materias primas que entrarán por el puerto, se destinarán prioritariamente a satisfacer la demanda de Volkswagen en Europa. Estas celdas made in Europe, con capital chino, no supondrán ningún recargo arancelario para los vehículos finales.

Además, Gotion es el principal rival de CATL, mayor productor mundial de baterías y la compañía china que ya construye una gigafactoría a medias con Stellantis en Figueruelas (Zaragoza).

El pasado 26 de julio se materializó el acuerdo entre Ford y Geely para compartir la factoría de Almussafes, una fábrica que llegó a superar los 450.000 vehículos en 2004 y que en la actualidad solo tenía asegurada la fabricación de dos modelos eléctricos. La alianza sino-estadounidense pretende ensamblar 300.000 coches en 2029. En la joint venture forjada en Almussafes, Ford poseerá el 66% y Geely el 34%. El acuerdo garantiza los puestos de trabajo y las condiciones laborales de sus 4.296 operarios y, a su vez, mantendrá viva la industria auxiliar, que supera los 15.000. El propio Trump se ha quejado por este acuerdo entre la multinacional estadounidense y su mayor enemigo geopolítico.

El mundo está cambiando y València es un ejemplo. China ha llegado para quedarse.

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