Crónica de una oposición destructiva
Una pensionista me preguntaba con inquietud esta mañana: “¿Tendré que devolver lo cobrado de más en enero?”. Le respondí que esperemos que la norma se apruebe por separado, como el año pasado. Pero ese “esperemos” supone la materialización del fracaso político. Porque mientras PP, VOX y Junts bloquean la revalorización de las pensiones, millones de personas quedan suspendidas en la incertidumbre. No es casual. Es sistemático.
La lista de rechazos de la extrema derecha y de la derecha extrema constituye un auténtico manual de cómo votar en contra de los intereses de la ciudadanía. Se opusieron a la reforma laboral, ese texto que está poniendo freno a la precariedad en el empleo. Se negaron a proteger el poder adquisitivo de nuestros mayores mediante la reforma y revalorización de las pensiones. Mantienen su rechazo frontal a elevar el salario mínimo interprofesional, para condenar a quienes tienen sueldos más bajos a la supervivencia. Y bloquean la reducción de la jornada de trabajo, esa conquista histórica que nos devolvería lo más valioso: tiempo de vida.
Cuando las tragedias golpearon, tampoco estuvieron. Las víctimas de la dana, de los incendios, del accidente ferroviario de Adamuz, todas recibieron su negativa a las ayudas. La prohibición de desahuciar a familias vulnerables que no pueden pagar el alquiler, una norma de mínima humanidad, fue igualmente rechazada. Y lo mismo sucedió con el bono energético ampliado y la protección frente al corte de suministro eléctrico, condenando a la exclusión energética a miles de hogares. Cada vez que la solidaridad exige sus votos, sufragan en contra.
Lo peligroso es que justifican estos bloqueos enarbolando la bandera del miedo, sea a la migración, a la ocupación o a la igualdad. Su única coherencia es la oposición destructiva, que hacen desde sus sillones en Madrid, lejos de las cocinas donde se calcula cómo ahorrarse unos céntimos, lejos de los hogares que reciben facturas de luz impagables o cartas de desahucios, lejos de una realidad sufriente mientras desde sus escaños ejercitan su derecho al ‘no’.
Este bloqueo perpetuo erosiona la democracia y normaliza la idea de que es legítimo sacrificar derechos de la ciudadanía por estrategia partidista. El objetivo no es el bien común, es debilitar al adversario político. Ahora bien, desde la honestidad, tengo que censurar también la pésima estrategia legislativa de los decretos ómnibus que mezclan medidas dispares. El chantaje del “o todo o nada” no suele funcionar. El fondo de estas normas es indiscutiblemente beneficioso para la mayoría social. Pero la forma importa, porque ofrece coartadas a quienes buscan excusas para votar en contra sin asumir el coste político de su oposición.
Habrá que mejorar los métodos. Pero entretanto, mantengamos la memoria intacta. Hay partidos que votan sistemáticamente a favor de la gente y otros en contra. Y cuando llegue el momento de elegir, recordemos quién estuvo y quién brilló por su ausencia.
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