Feijóo, enseña el Tinder
Quiere la jueza de Catarroja que Alberto Núñez Feijóo enseñe los guasaps que se intercambió con Mazón el día de la DANA. ¿Quién se habrá creído? En los medios que están en el «quien puede hacer que haga», el pobre Feijóo ya ha confesado que no tiene nada que ver, que a él Mazón le informó de todo en todo momento, en el momento en que le informó de todo, y el que diga lo contrario se ha quedado en la parte contratante de la primera parte. Desde el fatídico 29 de octubre de 2024, él y todo el PP han dado cientos de explicaciones. Algunos cenizos, que ven siempre la botella medio vacía, les afean que sean contradictorias, pero es porque están más manipulados que las víctimas, que ya es decir, porque las víctimas no son tan listas como sus votantes. Lo que han hecho es dar una explicación, casi personalizada, para cada uno. Habría que aprender de los populares. No hay que creérselas todas, solo la que más gusta. Ni a los del Yak-42 se lo pusieron tan fácil. A ellos las explicaciones, y los restos, se los dieron a trozos y no salió mal: hay que ser muy ingenuo para pensar que hubo un solo militar en España que cambió el sentido de su voto por la gestión de la tragedia. Aquí y ahora, el PP juega a lo mismo.
Pero lo que ahora nos ocupa —pero no nos okupa, porque no es un mena— es qué hay en los mensajes que se intercambiaron Feijóo y Mazón el día de marras. Descartado que se mandaran una fotopolla (que tampoco pasaría nada, pues no importa el tamaño sino la intención), queda ver los mensajes que Feijóo no ha querido enviar a la jueza, y eso que se los ha pedido de buen rollo. Pero él está por encima del bien y del mal. Será un mal trago, pero cuando eres consciente del pastizal que se gastan los gobiernos de tu cuerda en comprar medios de comunicación se te pasa. Ya se encargarán ellos de comerse el marrón por ti. Y el marrón no es lo único que te comen por cuatro euros, seamos sinceros.
Algunos, metafóricamente, te la comen gratis. Es el aroma a cambio de ciclo. El que quiera saborearlo que se pase por el MuVIM. No hace falta que entre, el hedor llega a la avenida Guillem de Castro. Después de una vergonzosa exposición sobre el santo cáliz —que en Nuevo Centro, es verdad, no hubiera desentonado— llega ahora la censura al ninot del artista Ximo Esteve en el que sale Mazón con cara de hacerse el longaniza el día de la DANA. Lo que diga la prensa, la gente se lo pasa por la entrepierna; pero un ninot hace daño. Por eso lo han mandado al Museu de l’Artista Faller.
Pero volvamos a los wasaps. El gallego siempre se mostró presto a colaborar, hasta que la jueza le llamó para que el verbo se hiciera carne. Desde entonces, todo excusas. Primero solo entregó la mitad de los mensajes —eso parece, nadie ha visto el móvil, así que esperen sorpresas— y dijo que el resto estaban en su móvil, que no podía entregarlos porque los había perdido, y cuando empezó a arder Troya, mandó una nueva tanda de sus conversaciones con Mazón. Seguro que si le piden el Tinder no se lo piensa tanto, esas charlas en las que el president le tenía informado al minuto, pero en diferido, son la prueba de que ha ido mintiendo al mismo ritmo que la cifra de muertos ha alcanzado los 300.
Una cosa ha quedado ya clara, y no va a quedar en simple nota a pie de página en esta historia de esta infamia: cuando ya se sabía que había algún fallecido, y no había que ser particularmente listo para imaginar que eran los primeros, Feijóo tuvo claras las prioridades: «lleva la iniciativa de la comunicación». Lógica su preocupación, por otra parte. Mazón ya había hablado con tres ministerios, incluso con Perro Xánxez, y el jefe de la oposición estuvo muy listo al prever a quién había que endosarle la tragedia que aún estaba en ciernes.
Queda mucho por saber, pero esa «iniciativa de la comunicación» va a pesar como una losa. ¿Es ese el motivo por el que no se pidió la emergencia nacional? Hasta ahora, la excusa era que en «los días posteriores descubrimos que nos quisieron dejar solos por estrategia política» y que «el presidente de mi partido me lo aconsejó, y tenía razón». Si esa fue la razón por la que pasó de agradecer a Sánchez su colaboración a asegurar que el Gobierno no hizo nada (sí que hizo, aunque nunca lo suficiente), se podría pensar que, quizás, alguien vio la tragedia como una guerra de relatos y no como una catástrofe.
El colofón de esta historia es que Feijóo, que quiere colaborar mucho y muy bien con la investigación, declarará por Zoom. Mucho reírse del ‘galgo de Paiporta’, pero a Sánchez le dieron con un madero en la espalda. Él no huye de Catarroja porque no se atreve a ir. Dentro del relato, hay en el PP quién cree que verle entrar en el juzgado podría malinterpretarse. ¡Malinterpretarse que colabore con la justicia! ¡Malinterpretarse que cumpla su palabra! Por alguna extraña razón, piensan estas eminencias, ver al presidente del PP a las puertas de un juzgado puede llevar a algunos a pensar que está imputado. Un lapsus freudiano de manual. Quizás habría que preguntarse por qué.
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