La impronta valenciana de Ernest Lluch

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“Successiva i fidel presència m’alça

remors que van i venen perllongant-te;

tornes a la gatzara primerenca

plasmant antigues claredats diàfanes”

Matilde Llòria. “Cançó per un absent”, València-1960

Los de mi sentir cada 21 de noviembre desde el año 2000, recogidos y hacia dentro, sentimos la ausencia de Ernest Lluch. De él decía Joan Fuster que fue esperanza abierta a encabezar la política valenciana, junto a su colega de liderazgo político en la arena democrática, Alfons Cucó. El autor de “El Valencianisme polític” se contrarió cuando Ernest, cerró su página en el proyecto valenciano y volvió a Catalunya, para participar en las elecciones de 1977 en la lista por Gerona.

Sapere aude

“Sapere aude”-atrévete a pensar- fue su lema. Lluch fue  mentor de las autonomías—“Nuestro nacionalismo -decía- consiste, básicamente en poder dejar de ser nacionalistas”- cuando sólo eran un proyecto que escocía. Partidario de dejar el “estado frío” de las componendas de UCD, para instalar definitivamente el “estado cálido” de respeto a los sentimientos y las sensibilidades. Instauró la sanidad para todos y después lo despidieron. La sección valenciana de la Fundació Ernest Lluch, que tuvo su sede en el Castell d’Alaquàs, siguió su estela: conmigo, Vicent Soler, Salvador Almenar, José María del Rivero, Ferrán Montesa, Clementina Ródenas, Vicent Llombart. ¿Qué ocurrió para que se cerrara la etapa de siete fecundos años entre 1970 y 1977, cuando Ernest Lluch descubrió el País Valenciano, expulsado de la Universidad de Barcelona? Escribió artículos en el semanario económico “València Fruits”. Coincidió con el presidente de Banco de València, Joaquim Reig i Rodríguez que sufragó la publicación junto con el editor Adolf Pizcueta , “L’Estructura Econòmica del País Valencià” en la que participó. Fue asesor de la “Gran Enciclopedia de la Región Valenciana” -12 volúmenes- que supervisó Joan Fuster, con rigor y criterio. La obra de temática valenciana con mayor tirada vendida en la historia de la edición valenciana. Siempre de la mano de su amigo, el periodista Vicent Ventura i Beltrán. El “padre prior” del valencianismo político, vocación que le adjudicaba Fuster, con ironía.

Geografías

La organización terrorista ETA segó su vida por discurrir. Siguieron la consigna de la sinrazón: había que evitar que esa cabeza –la de Ernest- siguiera funcionando. Este asesinato además de cruel fue estúpido. Asesinar a quien sintió su vida como un torbellino, ante el que no le flaqueaban las piernas y acorralarlo en la plaza número, 4 de su garaje, para dejarlo tendido en el suelo junto a sus papeles de trabajo académico, es una aberración intelectual. Ernest también tenía adversarios y enemigos. Su biógrafo Joan Esculies, reparte su vida por cuatro “geografías”: Catalunya-Barcelona; País Valenciano; el norte( San Sebastián, Santander, Zaragoza) y la cuarta, Madrid, capital de España. De todas ellas la valenciana es la más compleja, inexplicada, incomprendida e ignorada.

Claridad

 En los documentales por el vigésimo aniversario de su muerte en Televisión Española y en TV3 se sigue manoseando el significado de su trayectoria. Sólo he visto un trazo grueso de esclarecimiento, como con el que iluminan sus cuadros los impresionistas, en la intervención del periodista Juan J. Pérez Benlloch. Hace alusión a la maniobra política de Ernest que desembocó en el alineamiento del Partido Socialista del País Valenciano, con el PSOE que fundara Pablo Iglesias. Alfons Cucó, que le dio nombre a su libro “La via valenciana”, aceptó el envite y en un arrebato posibilista cofundó el PSPV, sin Lluch. Enfrentados ambos a Joan Fuster, el intelectual de Sueca y al periodista, Vicent Ventura, eficaz motor de la movida valencianista y líder del primer Partit Socialista Valencià (PSV). Embrión del partido Unitat del Poble Valencià(UPV) y más tarde del Bloc Nacionalista Valencià –liderado por Pere Mayor-, socio fundador del actual Compromís cogobernante en la Generalitat y en el Ajuntament de València.

Valencianets

La larga mano de Ernest Lluch tiene dos extensiones políticas. Una que envuelve al PSC, por el que se decantó. Partido que nunca ha sido igual después de su asesinato en noviembre de 2000. La segunda, abarca el entorno progresista valenciano desde su aterrizaje en la Facultad de Económicas recién inaugurada. Proseguido en sus periplos hacia la cafetería San Patricio, junto al Ayuntamiento de València y las inevitables estaciones en la librería Dávila, para conseguir las últimas ediciones y los libros prohibidos por la dictadura franquista. La tertulia de San Patricio se abría a diario, junto a la barra, sin hora ni citas. No era excepcional la presencia de un espectador, de la brigada político-social, oculto tras su periódico, al que Vicent Ventura reconocía y saludaba, por sus frecuentes visitas forzosas a la jefatura de policía.

Proyecto de país

Ernest Lluch tenía sus afinidades en el País Valenciano. Sintió la tentación de afincarse y comprometerse con el proyecto de superar lo que él llamó la “anomalía histórica” valenciana y sus derivaciones en el factor diferencial. Su piso de la calle General Prim, 14, en Ruzafa, era un taller en ebullición que dirigía Lluch con su creciente jersey y la media barba que le caracterizaba. Se trataba de reinventar el País Valenciano aprovechando la coincidencia del fin de la dictadura franquista, el advenimiento de la democracia, el inevitable ingreso en la Comunidad Europea y el relanzamiento de un modelo económico basado en la diversificación y la vocación exportadora. El proyecto requería la previa labor de reconciliación interna de los colectivos sociológicos, económicos, sectoriales, políticos, culturales y polifacéticos. Seguida de la comprensión integral centro-periferia. Lo que significa la sinergia, sin retranca, entre València versus Alicante y Castelló.

País o reino

Se ha visto el error de llamar “comunidad” -¿sobrevenida, religiosa, recompuesta?— al territorio que debía ser país o reino, por concepción y por historia. El Reino de València, de no llamarse país, tenía a su favor la grandeza de reinar en todas las comarcas y las poblaciones por igual. Tal como recogían sus Fueros y la organización municipal de un territorio abierto y participativo. Fue Fernando Abril Martorell –sabía lo que hacía- quien impuso a Emilio Attard y a Manuel Broseta, la impersonal denominación de Comunitat Valenciana. Apaciguadas las almas del territorio, hacia afuera se requiere establecer las relaciones externas, primero con las zonas limítrofes: Castilla -la Mancha (Cuenca y Albacete), Aragón( Teruel), Catalunya e Islas Baleares.“Un pont de mar blava”, cantaba Llach, de la mediterranidad que alcanza a Murcia.

Unión Ibérica

Misión restauradora: recuperar la relación con los centros neurálgicos en España: Andalucía, Madrid, Barcelona, País Vasco, Andorra. También los tangenciales: Galicia, Portugal, Toledo, Asturias, Cantabria, Gibraltar. El proceso valenciano de integración en la Unión ibérica, que llegó a ilusionar a Joan Maragall y a Miguel de Unamuno, era una vieja aspiración de los liberales, susceptible de conformar la Federación Ibérica de los estados compuestos. De ahí al horizonte ambicioso de replantear y consolidar las relaciones internacionales con los principales países que constituyen los mercados preferenciales para la economía valenciana: los 27 países miembros de la Unión Europea, el Reino Unido (Escocia, Gales, Inglaterra e Irlanda del Norte),Norteamérica: EE.UU(los 50 estados de la Unión) más Canadá, países asiáticos, Centro y Suramérica, Oceanía: Australia, Nueva Zelanda o el continente africano, tan próximo y tan distante.

Cola de león

Una tarea apasionante que Lluch avistó y la sintió complementaria de la realidad y de la voluntad de ser de los catalanes. Ernest , hombre ambicioso, comprobó que nunca se aceptaría que un catalán, que ejercía, estuviera al frente de las instituciones valencianas ni en cargos de representación política. Y la tensión intelectual y afectiva se fundió con el dilema y la necesidad de resolver si el PSC formaba parte del PSOE,  inicialmente con grupo parlamentario propio, o se optaba por la brava independencia orgánica. La urgencia le llevó a ser cola de león, por encima de la tentación de arriesgarse a quedar en cabeza de ratón. Idéntica solución aconsejó al PSPV, en ciernes, y de ahí el proceloso mundo del federalismo socialista (Pasqual Maragall), llevado a término en el seno de un partido centralista- españolista con vocación de gobernar el estado, por definición, como el Partido Socialista Obrero Español -PSOE.

Estigmas

La contradicción fundacional y la mala conciencia persiguen al PSOE. De este modo se traza una línea de origen a consecuencia, entre “La via valenciana” de Lluch y el Espíritu de Morella de Ximo Puig. La paternidad del concepto “via valenciana” es del nacionalista Alfons Cucó, en su persecución del hecho diferencial y la práctica electoral de los grandes números y las mayorías, piedra angular en la Constitución Española del 78-. El Espíritu de Morella, que inspira al Consell actual, se caracteriza por el posibilismo, el pactismo, el buenismo y la cesión, para rehuir conflictos. Hasta que detrás sólo queda la desfiguración y el precipicio presupuestario para una sociedad confusa con tics conservadores. Convencida de que hay que romper el nudo gordiano de la financiación autonómica para que el País Valenciano progrese. A los valencianos se les aboca al afán colectivo de ser reivindicativos y progresistas. Sapere aude.

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Publicado el
25 de noviembre de 2020 - 11:32 h

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