La memoria de las radios libres
Hubo un tiempo en que no existía internet, el streaming no se conocía y las redes sociales ni se intuían. Y sin embargo la comunicación saltaba fronteras, entraba gratuitamente en los salones de nuestras casas, eludía comités de censura, tribunales militares, prohibiciones que restringían la libertad. Estamos hablando de la radio, ese medio que revolucionó la comunicación en las primeras décadas del siglo XX, que fue el antecedente de la televisión y que sigue siendo tan importante hoy en día en las diversas formas en las que pervive marcadas por los nuevos tiempos. En los convulsos años 30, con un receptor relativamente económico y bastante fácil de conseguir, era posible captar programas internacionales gracias a las ondas de radio. Por cierto, las emisiones en Onda Media no viven ahora su mejor momento: RNE ha dejado de emitir con esta tecnología tradicional a favor de la radio digital en DAB+. España se suma así a otros 26 países europeos que han aplicado el apagón analógico.
Las aún más antiguas ondas cortas y largas con una calidad muy precaria para la recepción musical, pero que permitían una emisión de larga distancia sin necesidad de repetidores y una comunicación aceptable de las palabras, convirtieron la radio en un arma social internacional que los distintos gobiernos e imperios no perdieron la oportunidad de utilizar. Nace así por ejemplo en 1932 el BBC World Service –primero Empire Service– con las rejillas en español que se producían en la Bush House y que llegó a emitir en 45 idiomas. La BBC se convirtió pronto en un refugio para los exiliados españoles en Londres: el escritor Arturo Barea llegó a locutar 900 programas, e hizo una gira por Sudamérica como estrella de la radio. Los micrófonos de La Voz de Londres dieron la palabra a intelectuales como Salvador de Madariaga, Luis Cernuda o del catedrático y filósofo José Castillejo. Por cierto que hace algún tiempo tuve el honor de recibir una beca de estudios que aún lleva el nombre de Castillejo. Hoy en día, BBC World emite aún por ondas, pero también por streaming con una audiencia global de 450 millones vía televisión, radio y online.
La BBC en español se oía aquí, claro, de tapadillo, en un país sometido por los fascistas, donde la represión y los fusilamientos campaban a sus anchas, donde la moral la imponían la Santa Madre Iglesia y la Sección Femenina de la Falange. Respecto a los medios de comunicación los diarios y revistas que sobrevivieron lo hicieron bajo un férreo yugo de control. Radio Nacional de España hacía propaganda declarada del régimen y difundía los ideales del nuevo orden basado en el silencio que imponían los tribunales militares. El fundador de RNE, nunca hay que olvidarlo, fue el general Millán Astray –también fundador de la legión– que obligaba a los periodistas a saludar militarmente cuando entraba en la redacción: eso sí que es tener la escala de mando bien clara.
La emisión de la BBC en español no era la única Radio Libre que podía recibirse de puertas para adentro, en el espacio privado de los salones de las viviendas, eso sí, con el volumen bajo, no fueran a oírlo los vecinos delatores. También estaban Radio París, o Radio Praga. La primera dependía de la pública RTF, y después de la victoria de los aliados empezaron a emitir desde Toulouse –refugio de republicanos españoles– con las colaboraciones del Padre Olaso –Alberto de Onaindía, clérigo vasco que escapó de los fusilamientos ordenados por los franquistas de los sacerdotes disidentes y que enviaba sus sermones desde Londres donde también colaboraba con la BBC–. Salvador de Madariaga también enviaba sus discursos desde Oxford, donde vivía. En una época tan atrasada respecto a las comunicaciones, llama la atención lo fácil que a veces era internacionalizar los mensajes y los mensajeros. En Radio París triunfó como locutora la legendaria Adelita del Campo, bailarina, artista y activista republicana. Cruzó la frontera con Francia en el 39, estuvo en los campos de concentración, en la Resistencia, y se convirtió en la voz del exilio. Su abultado e importante archivo, por cierto, está en la Biblioteca de San Miguel de los Reyes de Valencia.
Radio Praga Internacional nació en 1936, y en sus ondas acogió también a exiliadas como la escritora y comunista catalana Teresa Pàmies, que trabajó durante diez años en su servicio en español mientras Praga era la capital de Checoslovaquia. Después de 90 años emitiendo –ahora por internet– corren malos tiempos para los checos: el gobierno ha anunciado, informa el experto en radio Gorka Zumeta, reducciones en el presupuesto e incluso la desaparición del servicio.
Para el final, he dejado el recuerdo a la más mítica y legendaria de las radios libres. Radio España Independiente, conocida como Radio Pirenaica aunque nunca emitió desde los Pirineos, se inició en Moscú, bajo el patrocinio del PCE y la dirección inicial de Dolores Ibárruri, “Pasionaria”. Los avatares de la historia llevaron su sede a Bucarest, en Rumanía, donde fueron la voz de la libertad para España más de 20 años. Su último programa fue en 1977, precisamente la retransmisión de la primera sesión de las nuevas Cortes democráticas. Recientemente pude visitar el palacete donde se ubicaron, muy cerca de la fastuosa residencia del presidente Nicolae Ceausescu. No está abierto al público, y no es fácil acceder. Entrar en el antiguo estudio de radio es como un túnel del tiempo: ahora la pecera de cristal está llena de trastos y libros polvorientos, pero desde ese espacio, a cinco mil quilómetros de distancia, se hablaba para una España que recibía las emisiones como un mensaje de esperanza para los que casi lo habían perdido todo.
El papel y evolución de estas radios libres se ha narrado en diversos libros y reportajes: pero en formato podcast no lo suficiente. El programa de divulgación histórica En Guardia de 3cat dirigido por el periodista Enric Calpena, ha contado la peripecia radiofónica de Victoria Pujolar, la veu de la Pirenaica. Fue la primera locutora en catalán de la radio clandestina y vale la pena oír su historia de valentía y resistencia. Por cierto, que envidia de programa el de Catalunya Ràdio: mil programas llevan emitidos, a lo largo de 22 temporadas. Eso sí que es resiliencia, y compromiso con la memoria.
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