El último paquete de Christo y Jeanne-Claude: el Arco del Triunfo de París

El artista Christo muestra un boceto de cómo imaginaba su obra, que no verá concluida

Christo y Jeanne-Claude han multiplicado por ocho su precio en el mercado del arte en cuestión de meses. El fallecimiento del artista búlgaro —11 años después que su compañera de vida— el último día de mayo de 2020 y el anuncio del empaquetamiento póstumo del icono más célebre de la ciudad del París, el Arco del Triunfo, han hecho posible que el dinero de los coleccionistas vea un beneficio en su trabajo efímero, conceptual y público. Tres cuestiones que detesta la inversión en arte. 

Todo cambió el pasado febrero. Sotheby’s sacó a la venta la colección de arte particular de la pareja de artistas en 373 lotes. Aparecieron piezas de Andy Warhol, Yves Klein, Lucio Fontana o Marcel Duchamp. La casa de subastas estimó que obtendría 4,2 millones de euros por el conjunto, menos de la mitad de lo que lograron reunir después de dos días de venta. La crecida más llamativa la protagonizó el propio Christo: alguien pagó 1,7 millones de euros por uno de los dibujos preparatorios que realizó de las 1.760 sombrillas amarillas de seis metros de altura y casi nueve de diámetro que colocó en un valle de California (EEUU). Sotheby’s había calculado que no pasarían de los 300.000 euros por él y fue ocho veces superior a la estimación de los expertos. 

La instalación de las sombrillas ocurrió al tiempo en tierras estadounidenses y japonesas. En el valle de Ibaraki abrió 1.340 de color azul. Todo estaba preparado para que las más de 3.000 se desplegaran al unísono en ambos países y quedaran abiertas durante 18 días. Sotheby’s pensó que nadie pagaría más de 300.000 euros por el dibujo preparatorio de las azules y se vendió por 1,2 millones de euros. 

Un arte de plástico 

El próximo día 17 Sotheby’s París volverá a la carga con la venta de 25 piezas sobre sus últimos trabajos. No serán las imágenes que dan testimonio a seis décadas dibujando un sueño que no pudo cumplir en vida. El día 18, después de que su taller remate el proceso que empezó Christo, se presentará el Arco del Triunfo empaquetado con 25.000 metros cuadrados de tejido polipropileno reciclable azul plateado y atado con 3.000 metros de cuerda roja. Todo visitante que pase a ver el 'nuevo' arco construido en 1836 por orden de Napoleón Bonaparte para perpetuar la memoria de las victorias de los ejércitos franceses, tras vencer a las fuerzas ruso-austríacas en la batalla de Austerlitz (1805), será obsequiado con muestras gratuitas de la tela con la que se ha ocultado el hito. Un pedazo de plástico, un icono para adorar. 

El último 'paquete' de Christo y Jeanne-Claude debía haberse atado en 2020, al tiempo que el Centre Pompidou parisino inauguraba la retrospectiva Christo y Jeanne-Claude. Paris! El coronavirus lo aplazó todo. Ahora una de las cámaras que miran a la plaza Charles de Gaulle y enfocan a uno de los monumentos más célebres de todo el mundo, retransmite desde el pasado 15 de julio el montaje en directo. Las estructuras de acero que protegen los relieves y dan la forma esperada por los artistas estaban listas al acabar agosto. 

Entre los días 12 y el 17, telas y cuerdas ya estarán preparadas para la inauguración de la obra que morirá en 16 días, y vivirá hasta el tres de octubre. La pareja de artistas había empezado a soñar con esta intervención en 1962 y en su última entrevista cuenta que entonces no obtuvo el permiso de las autoridades. Christo ha hecho de los tediosos trámites burocráticos una obra de arte. Para cubrir el Pont Neuf de París (en 1985) estuvo diez años. Para el Reichstag de Berlín (en 1995), 25 años porque fue rechazado hasta en tres ocasiones. "¡No es paciencia! ¡Jeanne Claude siempre dijo que era pasión!", explicó en la charla concedida al Centre Pompidou a finales de marzo de 2020, unos meses antes de la apertura de su gran exposición retrospectiva. 

Gastos pagados

En la conversación reconoció un hecho que no le había pasado nunca: la autorización para empaquetar el Arco del Triunfo le fue concedida de repente. Después de seis décadas. Apenas tuvo un año y medio para preparar la producción del montaje y lo más importante: "Para crear las obras cuya venta permitiría la intervención", dijo. El presupuesto de la acción asciende a 14 millones de euros y no los van a pagar los franceses. 

Cuando París anunció que Christo ocultaría el Arco del Triunfo, Sotheby’s se asoció con la empresa del artista para organizar la venta que debía ofrecer al mercado los bocetos preparatorios de sus últimas creaciones. The Final Christo pondrá a la venta 25 de esos dibujos tan metódicos y realistas sobre sus sueños. Pero no del Arco del Triunfo. Los precios oscilan de 150.000 euros a 2,5 millones de euros. Según Simon Shaw, vicepresidente de Sotheby’s, el empaquetamiento del icono parisino "será el evento artístico del año".  

Christo explicó que todos los bocetos que había realizado en el paseo sobre la obra ya los había vendido para financiar otros proyectos. Siempre actuaron de la misma manera para mantener la libertad y la independencia. No quisieron patrocinios, subvenciones ni trabajo voluntario. Dependía de las administraciones para recibir la autorización, pero no dinero. Prefirió el mercado: "En la década de los años ochenta incluso hice una edición de collage muy elaborada con tela. Luego pensamos que el proyecto del Arco del Triunfo nunca vería la luz. Honestamente, ¡es extraño cómo de repente todo se hizo realidad!", indicó. 

El maestro del pastel y el crayón que empaqueta monumentos no dibujaba para proyectos que ya estaban en curso. Siempre los hacía antes y reflejaban la evolución de la idea. Por eso cuando le concedieron el permiso no tenía, como él mismo reconocía, obras del arco para vender y sufragar la acción. "Para mantener esa libertad absoluta no podemos estar obligados por nadie", ha dicho el artista en más de una ocasión, consciente de que cuando la política paga un monumento lo hace con la intención de que ocupe la calle eternamente. 

La imposición del pasado

Quiere el poder hacerse visible para el resto de las generaciones y perpetuar sus homenajes sobre las comunidades venideras. Son elementos impuestos para no moverse y convertir al ciudadano en un público cautivo del mensaje interesado. Esta presencia es la que cuestionaron Christo y Jeanne-Claude. Ofrecieron una alternativa al pasado que impone un orden ideológico al presente: por unos días transformaban los sitios y monumentos en arte efímero, con un telón que esconde muchas preguntas. 

¿Quién determina el diseño del espacio público? ¿Quién decide a quiénes se homenajea? ¿Con qué fines se le rinde memoria a los personajes o acontecimientos señalados? ¿Cómo evolucionan los significados de los monumentos y edificios, cómo leemos en el presente estos hitos nacidos en el pasado? ¿Tienen garantizada la inviolabilidad en la vía pública? ¿Es posible imaginar el Arco de la Victoria de Moncloa, encargado por Francisco Franco para homenajearse, cubierto de una lona negra fúnebre que denuncie su existencia?

La tarea de ambos artistas también desvelaba la fragilidad de los monumentos en los que actuaron (y de tantos otros): podrían desaparecer en cualquier momento. Al taparlos, uno podría leer el gesto como la restauración contemporánea de un icono heredado. El empaquetamiento —que no envoltorio, como explicó una y otra vez el artista— no alteraba el lugar en el que actuaban aunque lo transformaban por completo. El Arco del Triunfo parisino tendrá una nueva piel, que vibrará con el viento que se cuele por la tela plástica y entonces se descubrirá cómo una construcción rígida e inalterable es vulnerable y oscilante.

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Publicado el
3 de septiembre de 2021 - 22:48 h

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