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DESALAMBRE

ENTREVISTA | Hilal Elver

"El sector privado debe ser regulado porque el sistema alimentario está históricamente en sus manos"

Entrevista a Hilal Elver, relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, que ha visitado España para participar en la primera cumbre mundial de parlamentarios contra el hambre 

"En Europa se habla del derecho a la alimentación para otros, pero no para nosotros, porque consideramos que no tenemos un problema", opina

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Hilal Elver, relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación.

Hilal Elver, relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación. Imagen cedida

Hilal Elver responde con firmeza, huyendo de recovecos. "Hay que hablar para la gente", defiende con una sonrisa durante una entrevista con eldiario.es. Desde 2014, es  relatora especial de Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, un puesto que ocupa tras una larga trayectoria como profesora e investigadora universitaria en Turquía y Estados Unidos. 

Elver ha visitado España con motivo de la primera cumbre mundial de parlamentarios contra el hambre y la malnutrición, que se ha celebrado esta semana en Madrid. En el encuentro han participado 160 representantes de más de 80 países que han intercambiado experiencias para conocer cómo están trabajando los parlamentos de para acabar con el hambre y otros problemas de malnutrición como el sobrepeso y la obesidad en diversos puntos del planeta. 

"Los parlamentarios son fundamentales a la hora de regular el derecho humano a la alimentación y otras leyes sobre seguridad alimentaria, pero necesitamos saber cómo van a implementarlo cuando vuelvan a sus países", sostiene Elver. Es su preocupación: que cada vez más países reconozcan este derecho en sus leyes y que lo hagan cumplir con políticas que beneficien los intereses de la población frente a los del sector privado. Porque, según defendió ante los parlamentarios, el hambre, que ha aumentado hasta niveles de hace una década, debe combatirse desde la defensa d el derecho a la alimentación, no desde la "caridad" ni de la "beneficiencia".

"El derecho a la alimentación es el derecho humano más violado a nivel mundial y quizás el menos visible", ha defendido varias veces. ¿Por qué?

Porque el derecho a la alimentación no se entiende muy bien. Tampoco está muy implementado, especialmente en los países occidentales, porque, en estos, los derechos sociales, económicos y culturales no están tan consolidados como los derechos políticos. Consideran que la seguridad alimentaria es una política del gobierno, no un derecho humano tan importante como otros derechos civiles, por lo que no se puede dar a los ciudadanos un derecho a la justicia. Suele ser un derecho violado porque no lo consideran un verdadero derecho humano, a pesar de las convenciones internacionales como el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales.

Es necesario explicárselo a los Gobiernos y a los ciudadanos, porque la ciudadanía tampoco sabe a veces que tiene este derecho. Esta es la razón por la que el derecho de la alimentación no solo es violado en todas partes, sino que tampoco está implementado. Solo 28 países tienen regulado este derecho en sus constituciones. Pero no es suficiente con que esté incluido en las constituciones, debe institucionalizarse, debe trabajarse en un buen sistema de Justicia y de tribunales que nos permita considerar que el derecho está vigente.

Los líderes se comprometieron a erradicar el hambre para 2030, pero la lucha  contra la desnutrición ha retrocedido una década, con cifras que aumentaron hasta los 821 millones de personas en 2017. ¿Qué está fallando?

Son datos muy alarmantes. El año pasado ya vimos un incremento en lugar del descenso, porque el hambre en el mundo estaba disminuyendo de forma lenta pero consistente. Ahora, hemos visto el cambio de tendencia. Incluir el derecho a la alimentación en las constituciones o entender el derecho humano a la alimentación no significa que vayas a eliminar el hambre y la desnutrición. Para hacerlo, tienes que tener buenas políticas.

Pero la globalización económica y otras políticas están fallando en el desarrollo de la población rural, al no proteger las pequeñas explotaciones agrícolas, con unos alimentos que cuestan más que en la agricultura industrial, en lugar de beneficiar la producción y el consumo locales. Todo esto crea problemas importantes a la hora de eliminar el hambre. Necesitas políticas nacionales y globales para ello, lo que no parece posible. Si todavía hay consenso será posible, pero en mi opinión, no lo es.

Ha criticado la tendencia a beneficiar los intereses del sector privado, las políticas que solo apoyan la agricultura industrial, los monocultivos... ¿Qué relación tiene con esta vulneración del derecho a la alimentación?

Las violaciones del derecho a la alimentación no vienen por lo general de la acción de los Gobiernos, sino del sector privado. El papel de los Gobiernos es regular el sector privado para evitar este tipo de vulneraciones. Los Gobiernos deben respetar los derechos humanos y, a la misma vez, deben proteger el derecho a la alimentación. Y para ello, el sector privado debe ser supervisado y regulado porque el sistema alimentario está históricamente en sus manos. Incluso las pequeñas explotaciones agrícolas son sector privado, están produciendo y están vendiendo alimentos. Los Gobiernos no nos dan comida, no la producen. Así que el papel del sector privado es extremadamente importante.

El interés del sector privado, especialmente de la agricultura industrial, que ha tenido un crecimiento muy rápido, no está realmente contribuyendo de forma directa a la seguridad alimentaria de la gente.

¿A qué se refiere? 

La mayoría de la producción no consiste en cultivar alimentos, sino más bien de, por ejemplo, cultivar campos de soja o maíz que son para alimentar a los animales. Esto está compitiendo con la producción destinada a que la gente coma. Por esto critico que el orden económico actual crea más hambre y más desnutrición a nivel global, en todas partes.

En los países en vía de desarrollo, por ejemplo, este acaparamiento de tierras es un problema muy importante, especialmente después de la crisis mundial de los precios de los alimentos de 2008. Hay países que sufren inseguridad alimentaria y algunas corporaciones han visto que el sector alimentario y agrícola es cada vez más importante y han desplazado sus intereses, lo que hace mucho más difícil para la gente poder ganarse la vida. 

Otra razón del repunte mundial del hambre es que las zonas en conflicto son muy vulnerables en la producción de alimentos, especialmente en África subsahariana, donde hay varios países en conflicto que están sufriendo una inseguridad alimentaria extrema, incluso hambrunas. En estos casos, la comunidad internacional debería superar el conflicto primero. Otro factor importante, por supuesto, son los fenómenos meteorológicos extremos como las inundaciones o las sequías, muy conectados con la producción de alimentos. Se juntan muchos factores y esto explica que los datos aumenten. 

El desperdicio de cereales impacta especialmente sobre el suelo y el agua. / ONU: Fred Noy

El desperdicio de cereales impacta especialmente sobre el suelo y el agua. / ONU: Fred Noy

¿Qué papel ha jugado la especulación financiera con los precios de alimentos básicos como el trigo en todo este retroceso?

La financiarización [aumento de la importancia del capital financiero] del sector de la alimentación es muy nueva, de los últimos veinte años quizás. Esto hace que haya tipos de alimentos que son, en lugar de un bien común, bienes económicos y parte del orden económico. Esto no debería ser así, porque, especialmente los alimentos que afectan directamente al sustento de la gente, deberían ser excluidos del mercado financiero.

Pero los recursos son limitados, sobre todo la tierra y el agua, por lo que hay un interés lucrativo en ellos. La financiarización en el sistema alimentario es peligrosa porque compite con la producción local. Si hubiera una gran abundancia de tierras o agua, no deberíamos preocuparnos por el impacto en la biodiversidad o en la contaminación por el uso de los pesticidas. El equilibrio de los dos sistemas productivos es importante: la agricultura industrial por un lado, y por otro la producción local orientada a la producción de alimentos, por ejemplo, la agroecología. 

Ha mencionado el uso de pesticidas. La agroindustria difunde la idea de que son necesarios para satisfacer la demanda alimentaria de la población mundial. ¿Es esto cierto?

Es un mito. Las compañías químicas, que no son más de seis y ahora incluso menos porque se están fusionando unas con otras, introducen estos argumentos y mitos en todas partes, diciendo que los pesticidas son importantes porque sin ellos no podemos producir comida y alimentar al mundo, lo que no es cierto. Básicamente, porque los pesticidas permiten que la producción sea más rápida pero no que sea más prolongada en el tiempo.

Si queremos una agricultura sostenible, que es muy importante para el desarrollo sostenible, tenemos que tener cuidado con el uso excesivo de pesticidas. Los primeros años tuvo mucho éxito, pero luego la tierra se volvió menos fértil. En China, por ejemplo, entre el 20 y el 25% de la tierra no se va a poder utilizar nunca más por el uso excesivo de los pesticidas, según informes del propio Gobierno.

Tiene que haber, de nuevo, un equilibrio en el uso de estos productos. Hay pesticidas muy peligrosos para la salud humana que se siguen utilizando en países en vías de desarrollo. Es un problema muy serio, necesitamos más regulación a nivel mundial.

Los trabajadores agrícolas  se encuentran entre los más hambrientos del mundo. ¿Por qué?

Es una paradoja. Los trabajadores de la agricultura producen nuestra comida pero sufren inseguridad alimentaria. Una parte muy importante del sector agrícola está en la población rural. Hablamos de 1.300 millones de personas, donde también hay pequeños agricultores. Entre ellos también incluimos los agricultores de subsistencia que producen para ellos y su comunidad, porque son ellos los que trabajan en su tierra, no son empresas que contratan a otras personas. Todas estas personas, que son la mayoría, sufren inseguridad alimentaria: no tienen suficiente dinero, no ganan más de dos dólares al día. Realmente debemos protegerlos.

El sector agrícola también es muy peligroso por el uso de pesticidas y las largas jornadas laborales. El ingreso de los trabajadores no llega al mínimo, no se les paga lo suficiente, sobre todo a los inmigrantes sin papeles, que trabajan de forma mayoritaria en el sector agricultura.

También es crítica con las empresas que fomentan el consumo de alimentos ultraprocesados. La obesidad ha alcanzado "proporciones epidémicas" y no para de crecer, ha alertado la ONU. ¿Es el hambre de los países ricos?

La obesidad se está volviendo universal. Está creciendo rápidamente en Oriente Medio y África. En estas zonas, es básicamente un problema de la clase media. Cuando te fijas en el hambre extrema o la malnutrición, no están estas personas, pero en algunas partes de las ciudad ves obesidad. En los países en desarrollo se está comiendo más comida basura, están dejando a un lado el sistema alimentario tradicional y acudiendo más a la comida de supermercado.

Sin embargo, en los países desarrollados es diferente, la obesidad es un problema de pobres. No ves gente obesa en EEUU y Europa si viven una vida de clase media, urbana, con poder adquisitivo para consumir comida mejor. En EEUU, el 60% tiene sobrepeso o son obesos porque el sistema alimentario es muy poco saludable, con azúcar, sal y grasas excesivas. Y este sistema está llegando a todos lados por la "supermercadización" de nuestro sistema alimentario. En los países occidentales, si eres rico estás bien. Si eres pobre, eres propenso a la obesidad. 

El otro día vi aquí, en Madrid, un producto para niños que tenía un 50% de azúcar. Esto se está vendiendo en Europa. Regular el etiquetado es importante, pero ¿qué más pueden hacer las autoridades? Es de interés público. Es muy difícil para los parlamentarios tomar decisiones porque hay un lobby muy fuerte. En EEUU no pudieron hacerlo, porque el lobby de los supermercados y del azúcar es extremadamente poderoso. Es otro de los problemas en nuestras democracias.

¿Qué pueden hacer los Gobiernos para avanzar entonces en el derecho a la alimentación? ¿Hay algún ejemplo?

Los países de Latinoamérica han llegado más lejos que el resto en el derecho a la alimentación. Brasil fue líder durante el periodo de Lula. Se pusieron en marcha políticas increíbles como 'Bolsa Familia' [programa de bienestar social], los programas de alimentación en los colegios, abrieron restaurantes locales que consumían alimentos de los productores locales... Pero todo esto está desapareciendo. Con la elección del nuevo presidente, no creo que él continúe con estas políticas sociales, aunque espero equivocarme.

Acabo de volver Argentina, y hay un problema muy serio de aumento de precios de los alimentos. Veremos cómo lidian los países latinoamericanos con esto. La cumbre ha sido útil porque han participado muchos países africanos, y la cooperación sur-sur es una buena forma de abordar los problemas de seguridad alimentaria, con buenas políticas. Con las cifras alarmantes que nos devuelven a 2008, quizás los países se lo tomen más en serio.

Ha dicho que la gran mayoría de los países no regulan el derecho a la alimentación. España tampoco lo incluye. 

No hay derecho a la alimentación en Europea. En la Convención Europea de Derechos Humanos, que es fantástica, no se recoge. Tampoco en ninguna de las constituciones. ¿Qué hacen los países como Francia, Alemania o incluso España? Tratan el derecho a la alimentación fuera del país, con el ministro de Cooperación, en lugar de hacerlo dentro de sus fronteras. Los ministros de Agricultura nunca abordan el derecho a la alimentación. Esta cumbre la ha presidido el ministro de Exteriores, por ejemplo.

En Europa, cuando el derecho a la alimentación es para otros, está bien. Pero no ocurre lo mismo dentro de los países, porque consideran que no tienen un problema. España tiene un problema serio en el medio rural, pero hablamos de África. Hablamos del derecho a la alimentación para otros, pero no para nosotros.

Naciones Unidas ha alertado en los últimos días, una vez más, de que Yemen está en la antesala de la hambruna. ¿Cuál es la situación del país?

La hambruna, por desgracia, es una condición política. Está llegando a Yemen, donde 14 millones de personas sufren inseguridad alimentaria y los niños están muriendo. La siguiente generación puede desaparecer por los efectos del hambre en los menores. Pero en Yemen hay un juego político. Es una guerra de poder donde están luchando potencias con un poder mayor, como Arabia Saudí o Irán.

Estos poderosos actores políticos evitan que se declare la hambruna, en mi opinión. El papel de Arabia Saudí, por ejemplo, estaba bastante oculto hasta su implicación reciente en el asesinato de un periodista famoso [Jamal Khashoggi] y de repente vemos lo que los saudíes están haciendo en Yemen, que son crímenes contra la humanidad. Es un asunto político muy serio.

El año pasado, Naciones Unidas acabó declarando la hambruna en Sudán del sur. ¿Ha mejorado la situación?

No, está exactamente igual. Después de que se declarara la hambruna ha ido ligeramente mejor, porque se han hecho esfuerzos enormes para responder. Y los datos están siendo un poco mejores. Es importante para Naciones Unidas declarar la hambruna para atraer la atención de la comunidad internacional a estas zonas.

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