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Los retos del mercado laboral: paro de jóvenes y larga duración, bajos salarios y tiempo parcial indeseado

precariedad copia

Laura Olías / Raúl Sánchez

15 de febrero de 2026 22:11 h

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A golpe de récords de trabajadores, el empleo en España está sorprendiendo por su empuje, a la cabeza de Europa y motor del crecimiento económico nacional, y por su resiliencia ante las últimas crisis, como la pandemia y la inflacionista. Además, con una reducción del trabajo temporal a mínimos históricos. Pero entre tantas luces, también hay sombras y retos pendientes de nuestro mercado laboral que abocan a muchas personas a la precariedad de salarios y jornadas insuficientes, y también al paro, sobre todo a jóvenes y a personas de edades avanzadas.

“Creamos más empleo de lo que se reduce el paro”, destaca Jesús Cruz Villalón, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Sevilla. España logró en el cierre del año que la tasa de paro cayera por debajo del 10%, un hito que solo se ha logrado en dos ocasiones en los últimos 40 años y que aun así nos sitúa como el segundo país de la Unión Europea con más trabajadores en desempleo. Solo por detrás de Finlandia (10,2%) y muy lejos de la media de la UE (5,9%).



La reducción del paro es más lenta por algunos buenos motivos, apunta el catedrático Cruz Villalón. El primero, porque España está aumentando mucho los trabajadores extranjeros. “Y vamos a necesitar muchos más en el futuro” dado el envejecimiento de la población, recuerda el especialista. Además, por un agrandamiento del mercado laboral, gracias al incremento de la población dispuesta a trabajar. “Personas que cuando hay más oportunidades de empleo se activan. Es un desempleo oculto que ahora aflora y eso es bueno”, considera Cruz Villalón.

Elevado paro juvenil y de larga duración entre los mayores

Sin embargo, también hay importantes deberes pendientes para reducir el paro desde hace décadas. “El empleo de los jóvenes está mejorando, pero hay todavía altas tasas de paro”, destaca Raymond Torres, economista de Funcas, que señala que hay que “mejorar la transición del sistema educativo al laboral”, tanto en la formación profesional como en el sistema universitario, para que haya “más conexión entre el perfil pedagógico y la inserción al mercado laboral” de los jóvenes.

Cuando desglosamos la tasa de paro general por edades y sexos, se observa que los datos más elevados de desempleo se concentran entre los jóvenes, con incluso porcentajes que alcanzan el 32% entre los hombres entre 16 y 19 años, según la Encuesta de Población Activa (EPA) de cierre de 2025.



Carlos Arcas, director de The Adecco Group Institute, añade un nuevo reto a la inserción laboral de los jóvenes: “La Inteligencia Artificial”. “Antes una persona joven con estudios y ganas empezaba a trabajar casi en cualquier empresa. Ahora muchos trabajos de titulación y ganas los hace la Inteligencia Artificial. Esto ya está generando brechas de empleo y exclusiones laborales, es un tema en el que tenemos que trabajar”, sostiene.

La Organización Internacional del Trabajo (OIT) precisamente señaló los riesgos de la IA para la inserción laboral de los jóvenes en su último informe anual de Tendencias del empleo, como han comenzado a advertir algunos estudios. Por ejemplo, uno de 2025 de investigadores de la Universidad de Stanford, que apunta ya sobre la existencia de algunos efectos preliminares de la IA en el mercado laboral de EEUU, con una reducción de los puestos de trabajo más junior frente a los de trabajadores con más antigüedad y experiencia.

Los datos de desempleo son más altos en general que los de 2006, en mínimos de paro antes de la crisis financiera, y sobre todo entre los hombres y también en las edades más avanzadas, un grupo cada vez más protagonista del desempleo en España en términos absolutos.

En número de personas, la EPA contabilizó 2.477.100 personas desempleadas a cierre del año pasado. De ellas, el 30% tiene más de 50 años. En 2006, el dato era del 13,5%.

Si cruzamos los datos por edad y por duración de tiempo en paro, se observa cómo los jóvenes protagonizan el paro de corta duración, pero las personas de edades más avanzadas tienen una enorme presencia entre el llamado paro de larga duración, a partir del año.



Y más aún en el paro de muy larga duración, de más de dos años de búsqueda de empleo, que alcanza a 521.000 personas. De ellas, casi el 41% son mayores de 51 años.

No es que el paro de larga duración no se esté reduciendo, sí lo está haciendo desde la recuperación post crisis financiera, como refleja el siguiente gráfico, pero sigue siendo elevado.



Desde el Ministerio de Trabajo señalan también a las empresas, que expulsan por inercia a los trabajadores de edades más avanzadas como políticas para abaratar costes y no siempre atendiendo a criterios de productividad y talento. “Seguramente muchas de ellas están en lo mejor de su actividad laboral y son más productivos que nunca”, sostiene el secretario de Estado de Trabajo, Joaquín Pérez Rey, sobre los mayores de 52 años.

“Hay colectivos vulnerables cuyas opciones de reinserción laboral son realmente bajas y esto se ha acentuado con la revolución digital. Estos perfiles necesitan una recualificación profunda, algo que no se soluciona con cursos breves o unas indicaciones de orientación laboral”, sostiene la economista Lucía Gorjón, de la Fundación Iseak. Coincide Raymond Torres, que demanda una mejora en “la recolocación de parados” por parte de las oficinas públicas de empleo, que sean capaces de “buscar vacantes en el tejido productivo local”.

“Sería importante aprovechar este momento de expansión económica y la existencia de un sistema de último recurso como el IMV (Ingreso Mínimo Vital) para que estas personas volvieran a participar en la educación formal y pudieran reconstruir su perfil profesional hacia profesiones con demanda de empleo presente y futura”, añade Gorjón.

El debate de los puestos vacantes sin cubrir

El economista de Funcas también considera que “ahora es un buen momento” para mejorar las llamadas políticas activas de empleo, frente a las épocas de crisis u otras menos boyantes en empleo, ya que hay puestos disponibles y algunos sectores “muy dinámicos, como la construcción”, que están advirtiendo de la falta de mano de obra.

Unas vacantes sin cubrir en las que pone el acento también The Adecco Group Institute y que están situadas en casi 153.000 puestos de trabajo, según el INE. En las empresas consideran en cambio que el dato es más elevado, pero que la estadística oficial no está siendo capaz de medirlo. Además, las patronales insisten en el reto de las ausencias por el gran aumento de las bajas médicas de los trabajadores, que los sindicatos piden abordar desde un enfoque de salud y no economicista.

En el debate sobre las vacantes, y los puestos sin cubrir pese al elevado paro, en el gabinete económico de CCOO señalan también que, frente a los discursos habituales de falta de formación, hay también una carencia de oportunidades en ciertos tejidos productivos, en los que España exporta trabajadores cualificados a otros países, con mejores condiciones salariales, desde puestos de enfermería a tecnológicos.

“A futuro el problema de tensiones en la mano de obra lo vamos a ver donde las empresas no ofrezcan trabajo atractivo, unas buenas condiciones”, analizan los economistas del gabinete económico del sindicato, Luis Zarapuz, Natalia Arias y Álvaro Gaertner. Así como fruto de “cuellos de botella por la vivienda”, algo que ya se está produciendo en lugares con precios muy elevados, como Baleares. “Sin políticas de vivienda tendremos tasas de paro aún más altas”, urgieron hace unos días los líderes de los sindicatos mayoritarios, Unai Sordo (CCOO) y Pepe Álvarez (UGT).

Salarios bajos que no dan para vivir

Otra de las sombras que oscurece los avances del mercado laboral son los bajos salarios, que sienten los trabajadores cada mes en sus bolsillos y frustran en muchos casos sus oportunidades vitales. Aunque están aumentando en los últimos años, cuando se tiene en cuenta la inflación, se observa que están “estancados en los últimos 25 años” en su poder de compra, destaca la economista Natalia Arias.



Han mejorado mucho su situación los salarios más bajos, que son los que más perdieron durante la pasada crisis, por lo que partían de una posición muy desfavorable y en algunos casos siguen siendo insuficientes. Especialmente, ante el gran aumento de precio de bienes básicos, como la alimentación y la vivienda.

“En España, los salarios son relativamente bajos”, reconoce el economista Raymond Torres, que apunta que aunque “tiene que ver con la productividad”, que en nuestro país es más reducida que en Europa, “pero no solo es por eso”, añade el especialista de Funcas, que recuerda que España exporta trabajadores cualificados a otros países donde consiguen mejores salarios. “También tiene que ver con que tenemos muchas empresas pequeñas, que no crecen, un reto estructural que viene de lejos”, sostiene Torres.

Con las fuertes subidas del salario mínimo de los últimos años, del 61% desde 2018, hay cada vez más trabajadores alrededor de este suelo salarial en España, en un contexto en el que el sector privado y los convenios colectivos no han subido tanto las remuneraciones a partir de este indicador.



Para impulsar al alza los sueldos entre el SMI y el salario medio, los sindicatos CCOO y UGT proponen que los próximos años este colectivo concentre las mayores subidas. Plantean aumentos del 4% anual en general y de hasta el 7% para estos salarios más bajos, a la espera de que se inicien las conversaciones con la patronal para tratar de alcanzar otro gran acuerdo de negociación colectiva (AENC).

El catedrático Jesús Cruz Villalón llama la atención sobre una cierta “cultura en las empresas, pero también en la negociación colectiva” que aboca casi inevitablemente a los jóvenes a cobrar bajos salarios, “incluso si son muy cualificados”. Algo que considera que está influido por ciertos prejuicios sobre que las familias pueden ayudar a estos trabajadores y que en muchos casos viven en la casa familiar. “Puede que sí y en otras ocasiones no, hay que poner esto en el debate”, sostiene el especialista.

La cara B de los bajos salarios son hogares en los que en ocasiones es muy complicado llegar a fin de mes. Según los últimos datos, el 42% de los trabajadores dice cuadrar las cuentas con “dificultad”. O incluso se viven situaciones de pobreza pese a tener un empleo. España es de los países de la UE con más pobreza laboral, del 11%, solo por detrás de Bulgaria y Luxemburgo. La media está en el 8%.



La economista Lucía Gorjón señala las personas trabajadoras que no logran salir de la pobreza lo hacen principalmente por los dos motivos: “La parcialidad involuntaria y, especialmente, la temporalidad”. Es decir, por una baja intensidad del empleo, pocas horas o días de trabajo. “Gracias a las sucesivas subidas del salario mínimo interprofesional, actualmente una persona que trabaja todo el año a jornada completa logra superar (con bastante margen) el umbral de riesgo de pobreza”, recuerda la investigadora de ISEAK.

El economista de Funcas también añade como factor empobrecedor clave de los trabajadores “la vivienda”. El Consejo Económico y Social (CES) alertó en su última memoria anual que su elevado precio se está “tragando” los avances salariales y económicos en España.

Un tiempo parcial feminizado, muchas veces involuntario

Tras el importante descenso del trabajo temporal, todos los especialistas consultados apuntan a los contratos a tiempo parcial como uno de los principales focos de precariedad del mercado de trabajo. Contratos de tiempo reducido que ocupan a algo más de tres millones de personas en España, de las que su gran mayoría (73%) son mujeres.

“Hay que tener en cuenta la parcialidad involuntaria. Frente a la creencia extendida de que la parcialidad la realizan las mujeres para conciliar su vida familiar y laboral, los datos muestran que, sí es cierto que la parcialidad recae fundamentalmente sobre las mujeres, pero casi un millón trabajan a jornada parcial porque no pueden encontrar empleo a jornada completa (frente a 380.000 que lo hacen para cuidar de personas dependientes)”, subraya Lucía Gorjón.



Además de la parcialidad involuntaria, las mujeres tienen muchos más contratos reducidos para cuidar que los hombres (380.000 frente a 31.700), por lo que desde los sindicatos reclaman medidas públicas de cuidados y de educación, como la gratuidad de las escuelas de 0 a 3 años, para combatir esta desigualdad que lastra los ingresos de las mujeres.

“La jornada explica más de la mitad de la brecha salarial” entre hombres y mujeres, subraya Natalia Arias, que destaca que la parcialidad está más extendida en los sectores feminizados, donde trabajan más las mujeres.



“Cuando las empresas necesitan flexibilidad, cargan en el más vulnerable, que es el tiempo parcial frente al trabajador de tiempo completo”, sostiene Jesús Cruz Villalón. El catedrático recuerda que las horas complementarias (por encima de las contempladas en el contrato) no se retribuyen igual que las extraordinarias y su regulación es más permisiva, lo que hace que muchas compañías utilicen estos contratos como parche para ajustar horarios.

Carlos Arcas reconoce cierta “cultura” empresarial de uso de la parcialidad cuando no está del todo justificada. “Si una empresa necesita ocho horas, tiene que hacer así los contratos. Lo que no podemos es jugar a incrementar horas complementarias por ahorrar costes o para mantener una arquitectura contractual que no se adapta a las necesidades de la empresa”, valora el director de The Adecco Group Institute.

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