Pepe Galera, director de la compañía Deconné: "Para subir la diversidad al escenario tienes que amarla fuera”

El director Pepe Galera

Pepe Galera -36 años- dejó los estudios de Ciencias de la Actividad Física y el Deporte por Arte Dramático. Al terminar interpretación en la ESAD de Murcia se instaló en París, en concreto, en la escuela de Philippe Gaulier. Necesitaba “descubrir si verdaderamente amaba el teatro”. A su vuelta, junto a su actual pareja Rocío Bernal -actriz y directora-, formaron la compañía Deconné. Su primera creación, ’Greetings. Desde los pantanos’, ganó el CreaMurcia 2012. Ahí comienza la historia de esta joven compañía que el próximo jueves 1 de octubre estrena, ‘La perspectiva del suricato’, en el Teatro Romea, un espectáculo producido en colaboración con los teatros municipales.

 El vínculo de Pepe Galera con la diversidad y la inclusión social se remonta a la infancia. Su padre, director del colegio de educación especial Pérez Urruti en Cabezo de Torres, lo llevaba a las fiestas fin de curso. Mas tarde llegó el voluntariado en Astrapace y el trabajo en la fundación Jesús Abandonado. Con personas en situación de exclusión social levantó la exitosa, ‘Postales para un niño’, ganadora del I Certamen Nacional de Artes Escénicas de los Teatros Luchana.

 ‘La perspectiva del Suricato’ es un canto a la diversidad con o sin diagnóstico. Una crítica al concepto de normalidad. Y ante todo, una gran apuesta artística en un momento complicado para los profesionales de las artes en vivo.

 ¿Cuándo te inicias en el trabajo con la diversidad?

Mi padre ha sido durante veinte años director del colegio de educación especial, Pérez Urruti, de pequeño, iba a las fiestas del colegio. Con 18 años colaboré en el programa ‘Respiro familiar’ de Astrapace. Nos hacíamos cargo de personas con discapacidad durante fines de semana y festivos para aliviar el peso de las familias con dependientes a su cargo.

 La primera vez que trabajé con un grupo de personas con Síndrome de Down fue como monitor de ocio y tiempo libre en los Alcázares, en 2004. A partir de ahí me impliqué con otras asociaciones y talleres de trabajo con la diversidad.

Una madre con un niño escolarizado en un centro de educación especial publicó una opinión en un medio local, en 2006, que tituló: “Pepe Galera: Trabajo bien hecho”, y donde se lee: “Mientras Pepe ha tenido a mi hijo en sus manos, yo he estado tranquila, sabía que todo iría bien”.

Esa carta está dirigida a mi padre -Pepe Galera- y se publicó al jubilarse. Es muy bonita. Mi padre ha sido una de las personas pioneras en educación especial en la Región.

Mi vinculo con la diversidad, aún con la influencia de mi padre, no ha sido forzado. No soy educador social, mediador ni sicólogo aunque me he formado mucho estos años. Todo ha aparecido poco a poco hasta que lo fusioné con el teatro.

¿Qué es un suricato?

Es un mamífero pequeño muy matriarcal y en sus comunidades todos cuidan de todos. Es muy solidario y tiene un complejo sistema de comunicación y de reconocimiento entre ellos. Es un animal excepcional y me gusta pensar que todos somos un poco suricatos.

En ‘La perspectiva del suricato’, seis personas se encuentran sobre el escenario por primera vez. No se conocen, pero se reconocen: todos son raros. Comienza una convivencia que da lugar a la construcción de una comunidad.

El 1 de octubre estrenáis, después de dos aplazamientos, ‘La perspectiva del suricato’, ¿Cuál es tu estado de ánimo?

Es un proyecto muy importante para la compañía, una gran apuesta. Queremos ser generadores de algo. Además, en este momento de parálisis y poco estímulo externo tenemos que ser autogeneradores. Este proyecto suponía constituirnos como empresa pero en marzo lo paralizamos todo y a día de hoy es totalmente inviable.

Esta pandemia ha revelado nuestra fragilidad. Es como un movimiento de placas, todo se mueve y algo nuevo va a nacer pero no tenemos ni idea de qué. Tengo tanto miedo por lo que puede suceder a partir del 2 de octubre que estoy centrado exclusivamente en el estreno. Las programaciones están entre atrasadas y bloqueadas hasta junio de 2021. Nuestra expectativa de venta es retomar la función dentro de un año. Y si pienso eso, caigo en depresión ya.

¿Cómo llevaste el teatro a la fundación Jesús Abandonado?

Comencé como voluntario y después como trabajador hace 5 años. Me llamó Ana Caballero, coordinadora de voluntariado en la Fundación, y me preguntó: “¿Crees que el teatro puede proporcionar herramientas a las personas con las que trabajamos?" Mi respuesta fue inmediata: Por supuesto.

La acogida fue fenomenal. Al principio, tenía vértigo de trabajar con personas mayores en situación de exclusión social a las que les proponía jugar y pasarlo bien. El primer trabajo que hicimos fue ‘Confesiones’, una obra de microteatro donde se contaban mediante un cuento porqué habían llegado a la Fundación. Dijeron tantas verdades en ese trabajo, que el departamento de sicología y de trabajadores sociales me preguntaron: “¿cómo es posible que hagan esto delante de la gente y no en la mesa de trabajo?”.

El trabajo artístico con personas en situación de exclusión social, ¿te ocasiona algún tipo de conflicto?

Sí, cada cierto tiempo. El teatro proporciona herramientas a cualquier persona pero es efímero. Hacemos un trabajo importante durante años, montamos obras de forma profesional dentro y fuera de Murcia y de pronto, todo desvanece, se esfuma. ¿Dónde queda ese colchón, ese vínculo?… Nuestro trabajo no deja de ser un acompañamiento respetuoso. Cada persona decide cuándo y cómo utilizar las herramientas en el día a día y si quiere hacerlo. Esto es lo más complicado de asumir para mí.

Las propuestas teatrales que trabajan con y desde la diversidad son muy heterogéneas, ¿qué pensamientos y propósitos sustentan vuestros trabajos escénicos?

En la escuela de Philippe Gaulier aprendí que la humanidad y la sensibilidad son esenciales en el trabajo actoral. Hasta ese momento entendía el espectáculo teatral de manera muy técnica y sacrificada. Este enfoque me asfixiaba. Me fui a Paris dos años para comprobar si verdaderamente amaba el teatro porque me sentía en una jaula. Todo eran marcas y estructura.

De vuelta a Murcia fusioné la técnica adquirida con la celebración de la equivocación, con el juego. Teatro y humanidad es lo mismo. En ‘La perspectiva del suricato’ nos aproximamos al término “normalidad” y replanteamos su verdadero significado. Un canto a la diferencia. Una arenga a cambiar la perspectiva sobre nuestro yo más raro y oculto.

¿El teatro inclusivo cae en lo políticamente correcto?

Soy tremendamente torpe con la corrección política. Un concepto tienes miles palabras que lo representan. Dentro del mundo de la diversidad o realidad deconstruida no me sé mover. Se pone mucho énfasis en el peso de cada actor en escena cuando se trabaja con la diversidad. Pero el arte no se puede medir con los mismos parámetros que todo lo relacionado con la inclusión, lo social o el lenguaje.

Hay una crispación muy fuerte con este tema en reuniones sectoriales. En algunas he tenido que disculparme por el vocabulario empleado y he optado por no hablar.

Es un tema controvertido.

Javier Ruano es uno de los actores que participa en el espectáculo y es ciego. En ocasiones, se han referido a él como una persona con unas capacidades diferentes y una realidad alterada, no como ciego, cosa que ha molestado al propio Javier. En el espectáculo tratamos este tema específicamente, cómo bajar los conceptos a nivel persona.

Rocío y yo siempre decimos que tenemos tres actores con discapacidad diagnosticada y otros cinco, incluidos nosotros, sin diagnosticar. Para subir la diversidad al escenario tienes que amarla fuera. Hay que nombrar y poner en valor el mundo diverso pero esto no debe condicionar el trabajo artístico, ni el léxico.

Rocío Bernal es tu pareja, codirectora y cofundadora de Deconné, ¿cómo os organizáis?

Nos une el amor como pareja y el amor por el teatro. Rocío es altamente sensitiva y expresiva y yo soy más de pensar en estructura y objetivos. Ella se ha encargado de la dramaturgia del espectáculo y yo de la producción, de establecer las fases del proyecto o las residencias. Todo lo relativo al equipo técnico lo llevamos entre los dos. Intentar desligar esto, ahora mismo, es imposible. Para que te hagas una idea, en casa puedes escuchar: “pásame el trozo de queso que estoy pensando que este actor se mueva por aquí”. Nos miramos y decimos: estamos fatal. Esto es posible a la gran fortaleza que tenemos como pareja. Somos un poco suricatos.

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Publicado el
26 de septiembre de 2020 - 08:51 h

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