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Piezas, rapero: “Lo que genera mi música no le va a cambiar la vida a mi hija, pero estar presente, sí”

El artista murciano Piezas en concierto

Aldo Conway

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Quien inventase la expresión de que no hay profeta en su tierra nunca puso un pie en la Región de Murcia, que no en vano es la Comunidad Autónoma más religiosa de toda España y, para bien o para mal no se deja un santo por venerar. Y es casi una adoración luterana: no hace falta una bula papal para santificar a un vecino, encumbrar a un tenista o hagiografiar a un cantante. El orgullo que siente esta Región por sí misma es tan intenso como las contradicciones que arrastra, ya que las mismas facilidades se dan para la canonización que para la crucifixión. Es un sitio pequeño que se siente enorme cuando se está lejos y se piensa en volver. Y si de volver se trata, al menos musicalmente hablando, quien regresa a su tierra es el rapero Piezas con un álbum doble, 'Dual', debajo del brazo.

Piezas [sic] vino al mundo por el error de un fascista. Eso lo cuenta como el que te enseña una cicatriz en la pierna, como si uno pudiera venir de otra cosa; no es una frase para epatar. Es una genealogía. Lo que pasa es que eso no es lo importante, lo importante es que aquí seguimos gracias a errores así. Que hay gente viva -gente buena, incluso- porque alguien, un día, no supo ser todo lo hijo de puta que quería. Estar aquí ya es bastante. Y han pasado seis años desde su último trabajo de larga duración, 'Panorámica', publicado en 2019.

El artista saltó a la fama cuando se consagró campeón de la Red Bull Batalla de los Gallos en 2008. La contundencia de su rapeo y la precisión quirúrgica con la que escribe lo consolidó muy rápido como uno de los mejores de su generación. No podría imaginarse un panorama más prometedor para una carrera musical de éxito, pero la vida no entiende de méritos. A los veinte se trasladó a Sabadell, donde ha ido de trabajo precario en trabajo precario hasta que llegó la pandemia y comenzó a crear contenido en Twitch y YouTube, que se ha convertido en su trabajo principal.

Piezas narra con ambivalencia -y a partes iguales- la costumbre y el fracaso. Narra sin solemnidad lo que duele y lo que pesa. Su estilo, recargado de imágenes precisas y frases extensas que rozan lo confesional, se funde con las bases de Jayder, su productor de siempre y uno de los pilares del sonido Hip Hop murciano. El rapero de Espinardo firma un regreso madurado y resignificado con aromas a redención, con la impronta del que ha hecho las paces con su propia historia; firma un regreso que, durante mucho tiempo, debió ser un epitafio. 'Dual' es el nombre del álbum, pero también lo es la forma en que se presenta; es un trabajo doble que cincela en piedra las dos caras del hombre que lo ha escrito. Un disco doble, sí, pero también un autorretrato en dos tiempos: lo que fue y lo que queda.

Quizá la pregunta más importante de todas sea, después de lo que ha llovido, cómo estás.

Contento porque por fin puede ver la luz este trabajo que nos ha costado tanto y que empezaba a ser ya una piedra en el zapato. Feliz de estar en una etapa de mi vida diferente, mucho más tranquila, mucho más estable en todos los sentidos y con muchas ganas de salir a la carretera y empezar a tocar.

Has dicho en alguna ocasión que hay que saber cuándo parar y que no te ves dentro de veinte años haciendo esto. ¿Sigues teniendo esa mentalidad?

Cuando comenzamos la trilogía, mi hija era muy pequeña. Trabajaba de lunes a viernes, y los fines de semana la música implica hacer conciertos. Sentí que estaba sacrificando algo que no iba a volver, que es el tiempo de calidad con mi hija y con mi familia, a cambio de lo que era prácticamente un mero extra salarial sin el que podría vivir perfectamente. Todo se me hizo bola; no veía resultados y me influyó mucho en el ánimo también, así que me propuse hacer esta trilogía [que empezó con Panorámica] y cerrar el ciclo como artista, al menos en el sentido de girar por ahí y de estar todo el día pensando en proyectos. Durante todo ese proceso, la vida me cambió por completo y me dio la oportunidad de dedicarme a las cosas que me gustan. Eso también genera muchas más ganas de seguir haciendo música, por lo que sí, mi mentalidad ha cambiado. Es cierto que no me veo con 50 ó 60 años rapeando, porque es muy difícil envejecer bien en este género.

¿Por qué se jubilan los raperos mientras artistas de otros géneros trabajan toda su vida?

[El rap] es una música muy política y de mucha implicación social. Creo que lo peligroso es contradecirte; a veces la vida te pone ante decisiones que no representan a tus principios. No es mi caso: no es que yo tenga miedo a acabar siendo un Felipe González de turno, porque no va a pasar nunca, pero me da algo de yuyu tener una trayectoria o una carrera que simbolice algo y que luego, por cosas de la vida o cosas de la industria acabe siendo totalmente ajeno a eso. No me gustaría llegar a ese punto y, en mi caso, el día que baile en una cuerda peligrosa diré adiós.

Decidiste frenar tu carrera casi antes de despegar para cuidar de tu familia. No es lo habitual, ni en un hombre ni en un rapero. ¿Qué te llevó a hacerlo?

En el momento de mi partida a Barcelona yo ya estaba renunciando a mi “felicidad” porque a mí me han educado así: iba a ser padre, no encontraba la estabilidad en Murcia y me tuve que ir a otra ciudad que ni me llama ni me interesa, pero es ahí donde conseguí encontrar el bienestar para mi familia. Lo primero es lo primero. Y es complicado contrarrestar tus responsabilidades con tu pasión, porque no sabes hasta qué punto, cuando llevas a cabo un proyecto, lo haces porque quieres darle la mejor vida a los tuyos o porque es algo narcisista decir que no vas a renunciar a tus sueños. Tenía en la balanza el factor de que a ellas mi música no les va a cambiar la vida. Pero a lo mejor, estando presente para mi hija sí.

¿Cómo ha sido tu vida laboral fuera de la música?

El primer año en Barcelona estuve en un supermercado. Para ser exactos, en la subcontrata de la subcontrata de una empresa de trabajo temporal. Allí cargaba cajas de fruta a 4 euros la hora. Después estuve dos años y medio en una empresa de logística con un jefe moroso que me acabó debiendo cinco meses y medio de sueldo. Luego, por suerte, di con otra empresa de transportes en la que estuve cinco años, hasta que lo dejé voluntariamente para dedicarme al tema de la creación de contenido.

De que te roben la nómina a compartir ecosistema con elXokas. ¿No sientes que en este salto hay algo profundamente roto en el sistema? ¿Cómo conviven tus valores con un sistema que aplaude justo lo contrario de lo que tú representas?

Con Xokas me pasó hace poco que vi un vídeo en el que decía de mí que como rapero y como freestyler muy bien, pero que como persona era un imbécil que se había portado muy mal con él. Solo porque cuando se hartó de decir gilipolleces sobre los impuestos y sobre no sé qué más le dije: 'Mira, hermano, déjame de seguir que me pareces un idiota', y ya está. Lo conocí en persona y me cayó bien, pero no puedo con esos discursos facilones para críos de veinte años. No puedo con esos discursos de nuevo rico y con esas formas de poner en duda el sistema y todo lo que nos sostiene y pensar que estás por encima de eso. Es gente que se ha beneficiado toda su vida del Estado y que ahora [se echan las manos a la cabeza cuando] les viene una renta grande. A mí me han llegado estos últimos años unas trimestrales descomunales y solo tenía que repetirme: 'Sé consecuente'.

Eres de los pocos raperos que todavía tienen una posición política pública, ¿de dónde viene?

Viene, en gran parte, de mi historia familiar. Mi abuelo fue teniente en la Guerra Civil y pasó casi una década encarcelado por ello. Volvió a casa por un error administrativo, cuando ya lo daban por muerto, y gracias a eso acabó naciendo mi madre. Él nunca delató a nadie, nunca abrió la boca. Eso ha estado presente en mi casa desde siempre. A eso se suma que crecí en una familia de clase obrera y que la música que he escuchado toda mi vida ha estado cargada de conciencia política. Por eso siempre he tenido claro de dónde vengo y en qué creo. Incluso si mañana fuera multimillonario, seguiría teniendo las mismas convicciones porque nunca me he beneficiado del sistema desde una posición de privilegio.

¿Y cómo convivía aquella precariedad con ser un rapero famoso?

He vivido situaciones muy particulares con eso. He llegado a recurrir a seguidores para encontrar trabajo; a escribirles por Instagram o por Twitter y decirles: 'Hermano, ¿estás trabajando en algún lado? ¿Me das la dirección de tu empresa que vaya a echar un CV?'. He perdido la vergüenza por completo. Sobre todo cuando coincidía con alguien en algún trabajo temporal que me conocía y me preguntaba que qué hacía yo ahí. Pues lo mismo que tú. No todos los artistas viven de lo que genera su música. Soy padre y necesito una estabilidad económica. Un mes puedo hacer dos bolos y sacar cuatro mil pavos y que ese mes me vaya de puta madre, pero luego te pasas otros cuatro sin dar un bolo. ¿Qué le digo a mi casero? ¿Y a mi hija? Lo he llevado bien porque ha sido mi realidad desde siempre, y creo ha sido eso lo que me ha ayudado a llevarlo bien cuando ha dejado de serlo. Cuando empecé en Internet, podía generar en un mes lo que en mi empleo habitual en seis. Menos mal que me ha pillado de mayor, también te digo, porque si esto me llega a pasar con veinte años me hubiera comprado un coche de mierda muy caro.

¿Qué te habría gustado aprender a los veinte años?

Voy a decir algo un poco banal y es que me hubiera gustado cuidar más mi salud física y mental y haber sido un poco menos rapstar. Pero sobre todo, hablar y escuchar a mi entorno como lo hago ahora; siempre lo he hecho, especialmente a mis padres, pero creo que debería de haberlos escuchado con más atención, especialmente a mi hermana mayor. O más responsable en algunos puntos de mi vida.

Hoy ser coherente sale caro. Hemos conocido hace poco la cantidad de festivales que están en manos de fondos proisraelíes y hay muy pocos grandes nombres que se bajen del cartel. ¿Tú te subirías?

Si depende de mí y depende de renunciar a dinero, lo haría sin pensarlo. Creo que hay conflictos más injustos que otros, y en el caso de Palestina posiblemente estamos ante el más injusto de la historia. Me parece una muy mala lectura de la situación ir a estos festivales. Además, hay un montón de artistas que seguramente no gozan de tan buena salud musical como los cabezas de cartel y que sí están renunciando a un curro, que a lo mejor es el único que pillan en todo el año. Si me viese en la situación, me negaría a actuar.

Dices que llevas diez años planeando una mudanza [a Murcia]. ¿En qué ha quedado?

La MDLR que tengo por hija me lo impide [se ríe], porque está en segundo de la ESO. Estudia en catalán también, además, y no puedo sacarla en mitad de todo eso para traerla a Murcia. Estoy esperando a que acabe para ver si me puedo permitir venirme. Llevo ahorrando muchos años y creo que tarde o temprano conseguiré volver a esta ciudad infernal de calor asqueroso.

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