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El flamante Hospital de la Cerdaña enfrentado al ridículo burocrático

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El nuevo Hospital de la Cerdaña acaba de recibir el 20 de abril el premio bianual del Comité Europeo de las Regiones al mejor proyecto transfronterizo. Sin embargo su director general ha tenido que subrayar durante el acto de entrega en Bruselas que las dificultades administrativas de coordinación entre ambos Estados se mantienen desde la inauguración en 2014. La simple existencia de este moderno equipamiento compartido por los cerdanos de ambos lados de la raya es un desafío de la lógica territorial por encima de la administrativa. A pesar del carácter pionero, se ha hablado poquísimo en los medios de comunicación de su funcionamiento después de dos años de actividad. Quizás porque aquella lógica abrumadora del servicio público sigue topando en el día a día con todas les complicaciones administrativas, por ejemplo en el caso de nacimientos y defunciones de cerdanos franceses en este centro situado en territorio administrativamente español, en el término municipal de Puigcerdà.

La mitad de la Cerdaña pertenece a Francia desde el Tratado de los Pirineos de 1659. Otro tratado bastante más inteligente se firmó en 2010 por el gobierno tripartito de la Generalitat de Catalunya y el gobierno de París para la construcción conjunta del primer hospital transfronterizo de Europa, con un presupuesto igualmente compartido de 39 millones de euros, de los que la Unión Europea aportó 19. Cuenta con 200 médicos y personal auxiliar de ambos países para atender a 36.000 habitantes de los dos lados (36 municipios del norte y 17 del sur), que en plena temporada de esquí y segundas residencias alcanzan los 150.000.

El nuevo edificio se empezó a construir en 2009 y quedó terminado en 2011, come estaba previsto. No obstante permaneció cerrado, inerte y esperpéntico, a la espera del último tramo de inversión en el equipamiento interior, hasta la inauguración de setiembre del 2014. La iniciativa se vio alterada en su imagen de calidad por un retraso presupuestario de tres años, símbolo de ineficacia en la gestión pública. La inoperancia política se mantiene hoy, dos años después, en lo referente a coordinación legislativa.

Para los habitantes de la Baja Cerdaña el nuevo equipamiento sustituye al viejo hospital de Puigcerdà. En cambio para los de la Alta Cerdaña les evita tener trasladarse como antes a Prada de Conflent o a Perpiñán. Durante el primer mes de actividad, atendió 1.064 casos en urgencias, 2.261 consultas externas, 826 pruebas ambulatorias, 169 altas hospitalarias, 25 intervenciones quirúrgicas convencionales, 16 de cirugía mayor ambulatoria y 18 nacimientos (5 de nacionalidad francesa).

Después de aquel arranque, la experiencia se ha visto recubierta por un velo de discreción que contradice su carácter pionero. El reciente premio europeo ha servido para que el director general del hospital subraye los acuerdos pendientes en materia de simplificación de trámites y solicite “que la Unión Europea estimule a los respectivos gobiernos estatales para que agilicen las soluciones”.

La lógica territorial –la lógica tout court— debe enfrentarse con demasiada frecuencia al ridículo burocrático, todavía hoy.

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