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¿Podrán estudiar en la universidad los hijos de los obreros?

Estudiantes y sindicatos alertan de que la reforma para que las universidades puedan reducir los grados y ampliar los másteres conduce al encarecimiento de la enseñanza superior y hacia su elitismo.

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El Real Decreto para que las universidades puedan reducir los grados universitarios de cuatro a tres años, ampliando los másteres de uno a dos años ha puesto en pie de guerra a la comunidad universitaria. Los rectores, como primera medida, ya han solicitado una moratoria para que la medida no entré en vigor el próximo curso. Estudiantes y sindicatos alertan de que detrás del decreto se esconde un encarecimiento de la enseñanza superior y el progresivo camino hacia el elitismo universitario. Por eso surge la pregunta: ¿Podrán estudiar en la universidad los hijos de los obreros?

El actual sistema universitario se estructura en cuatro años de estudios de grado, más un año de máster. Es lo que se conoce como 4+1. El Real Decreto aprobado por el Gobierno central busca la transformación de ese sistema en otro: 3+2. Es decir, tres años de estudio de grado y dos de máster. La primera consecuencia es evidente, según el sindicato STEE-EILAS. “El encarecimiento de las carreras. El coste de un crédito de máster es sensiblemente superior al del crédito de los grados, puede ser hasta tres veces más caro. Más dificultades para que las clases menos favorecidas puedan acceder a estudios universitarios”.

Pablo García de Vicuña, responsable de la Federación de Enseñanza de CC OO Euskadi, cree que la pretensión del Gobierno evidencia su intención de recortar el gasto público que las administraciones dedican a la enseñanza superior. “Nos encaminamos hacia una universidad de élite, con lo que eso conlleva. Y académicamente es otra vuelta de tuerca intentando meter con calzador en tres años lo que ahora se da en cuatro”, advierte.

La reducción de los grados de cuatro a tres años convertirá los grados actuales aún más si cabe en una enseñanza de “carácter básico y generalista”, recalca STEE-EILAS, lo que impedirá “acceder a puestos de trabajo cualificados y especializados”. Eso significa que para adquirir la cualificación “especializada” que abra las puertas al ya de por si complicado y competitivo mercado laboral será necesario “duplicar la duración y el coste actual por medio de dos másteres en lugar de uno”.

Para Jon Bellido, estudiante de Historia y representante del sindicato Ikasle Ekintza, la “contrarreforma universitaria 3+2 perjudica económica y académicamente a los hijos de las trabajadores que queremos estudiar de manera digna. De aplicarse en la UPV seríamos testigos de un nuevo encarecimiento de los precios públicos de las universidades, ya que además de devaluarse los contenidos de las carreras, estas se encarecerán por la necesidad de los estudiantes de llevar a cabo dichos másteres”.

La “contrarreforma” solo busca “favorecer a los sectores y empresas privadas dentro del ámbito de la educación pública”, según Bellido. “No podemos permitir que la financiación pública dependa exclusivamente de los resultados económicos, no podemos permitir que sus beneficios valgan más que nuestra educación.  Este no es más que un nuevo proceso que se inició con Bolonia y que lo único que conlleva es la mercantilización del sistema de enseñanza y condenar al estudiantado a la precariedad”. 

Asier Rufo Gaztelumendi, vicepresidente del sindicato Denok Bat, estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas, coincide en que con el nuevo sistema se encarecería el poder especializarse. “El Estado ahorraría dinero público a costa de que los estudiantes y las familias tengan que abonar matrículas más caras, cerrando puertas y poniendo piedras en el camino para las personas más necesitadas.

Modelo reciente

Para el estudiante de Ciencias Políticas y secretario Político de Gazte Komunistak en Álava, Aritz Rodríguez Galán, el Real Decreto supone un “nuevo ataque al estudiantado. Este parece naturalizar las medidas que llegan desde el Gobierno. Por eso, teniendo como precedente más cercano el del incremento de las tasas universitarias, tendremos que tomar nota para que, en esta ocasión, esta medida no pase desapercibida”.

Jon Ander Olalde, estudiante de cuarto de periodismo en Leioa, abunda en la “precarización” que se va a imponer entre los estudiantes de aplicarse la medida. “Si en cuatro años los profesores se exprimen la cabeza para poder meter materia suficiente para una correcta formación y aun así no es suficiente, en tres años ni te cuento. Por otra parte, incrementan la obligatoriedad del máster para poder ser aceptado en un futuro en un puesto de trabajo relacionado con los estudios. En un estado de crisis económica en la que las clases populares son las más castigadas, está claro quiénes son los que van a poder costearse esos dos años de másteres y quiénes se quedarán por el camino. Yo como estudiante universitario y como hijo de obreros, me niego tajantemente a aceptar estas medidas”.

Además, los expertos puntualizan que el modelo actual ha sido implantado demasiado recientemente como para cambiarlo ahora, que no ha habido margen para evaluar los pros y contras del sistema universitario Bolonia. “Las primeras generaciones de Bolonia apenas han acabado sus estudios y todavía quedan alumnos y alumnas del anterior plan de universidades. No se ha evaluado el resultado del sistema 4+1, y la propia Conferencia de Rectores denuncia que no se han hecho estudios previos y los indicadores que tenemos lo desaconsejan”, recalca STEE-EILAS.

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