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La exclusión social afecta más a las mujeres, aunque sea menos visible

Algo más de 120.000 mujeres en Euskadi se encuentran con graves problemas para residir de una manera digna en viviendas

Las mujeres sin hogar optan en su mayoría por mantener relaciones de pareja "insatisfactorias" para residir en una vivienda y no acabar en la calle o el albergue

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Más de 300.000 vascos viven en el umbral de la pobreza.

Más de 300.000 vascos viven en el umbral de la pobreza.

Aunque la cara más visible de la exclusión social corresponda a los ‘sin techo’, en su inmensa mayoría hombres, las mujeres que se encuentran en situaciones extremas y próximas a la marginación son más que los hombres. Un novedoso estudio del Centro de Documentación y Estudios de la Fundación Eguía-Careaga (SiiS), por encargo del Instituto Vasco de la Mujer-Emakunde, ha analizado el fenómeno de la exclusión residencial grave en Euskadi desde un enfoque de género. Pero también desde un punto de vista más amplio, que incluye tanto a las personas sin techo o sin vivienda, como a aquellas que viven en una vivienda insegura o inadecuada y que, estando afectadas por la exclusión residencial, no pueden considerarse propiamente personas sin hogar.

Hasta ahora, estudios como la Encuesta a Personas Sin Hogar de Eustat y los recuentos nocturnos de personas en situación de exclusión residencial grave, promovidos por diversos municipios y entidades, no han arrojado suficiente luz sobre la discriminación múltiple que sufren las mujeres en cuanto a la falta de una vivienda digna.

Ahora, el informe de Emakunde cifra en 120.000 el número de mujeres que tienen problemas de alojamiento. La directora de Emakunde, Izaskun Landaida, cree que el dato demuestra que la exclusión social, aunque menos visible, “afecta en mayor medida a las mujeres”. “Aunque las situaciones más extremas de la exclusión residencial afectan mayoritariamente a los hombres, se ha tendido a minimizar o subestimar la situación de las mujeres con estos problemas”, ha puntualizado el director del SiiS, Joseba Zalakain. Entre las causas que han contribuido a subestimar el número de mujeres afectadas por estas situaciones, están las definiciones "reduccionistas" que asocian a las personas 'sin techo' a las situaciones de pernocta en calle o albergues, en las que las mujeres representan una "clara minoría".

¿Y cómo se desglosa esa cifra? Alrededor de 402 hombres son los que duermen en la calle de una manera habitual frente a 41 mujeres. “Las mujeres en esta situación optan en su mayoría por dormir en casas de familiares o amistades, por mantener relaciones de pareja ‘insatisfactorias’ o por intercambiar compañía o cuidados como tal de residir en una vivienda y no terminar en la calle”, apunta Zalakain. Además, la menor presencia de las mujeres en las calles se debe a que sufren más agresiones físicas o sexuales. Por otra parte, son mayoría los hombres (1.044) que viven en alojamientos temporales, en albergues o en otros recursos sociales, frente a 426 mujeres.

Entre las mujeres es superior el peso relativo de las situaciones vinculadas al alojamiento en una vivienda insegura (34.439), es decir, que viven bajo amenaza de desahucio, en régimen de tenencia inseguro -acogida por familiares o amistades, subarrendamiento, ocupación ilegal- o bajo amenaza de violencia por parte de la pareja o de la familia

Otras 85.000 residen en viviendas inadecuadas como chabolas y alojamientos muy precarios. En total, casi un 10% por ciento de la población vasca, unas 234.000 personas (hombres y mujeres) están afectadas por la exclusión residencial grave. Además, disponen de más recursos sociales específicos para madres en situación de exclusión social, mayor apoyo familiar aunque "con contrapartidas que pueden coartar su autonomía", y tienen menos reparos a la hora de solicitar ayudas institucionales.

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