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Casi 26.000 vascos aseguran que han sufrido hambre por la penuria económica

La duración de la crisis hunde a más de 105.000 ciudadanos en la pobreza severa.

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La profundidad de la crisis está llevando al borde de la resistencia a miles de vascos. En muchos casos, esa resistencia ya ha sido vencida. Es el caso de los 25.800 vascos que han asegurado que durante el año pasado sintieron hambre en algunos momentos. Según la  Encuesta de Necesidades Sociales 2014 elaborada por el Gobierno vasco, 162.811 vacos sufrieron problemas de alimentación graves o muy graves. Y de estos, 25.834 sintieron la “sensación de hambre”. Es el caso más extremo de la pobreza, cuando los recursos con los que cuenta una familia no le dan para comer.

Los estudios de pobreza se nutren de una serie de indicadores para poder determinar el alcance la misma, sobre todo de los ciudadanos que sufren una privación material severa. Entre esos indicadores figuran los retrasos en el pago de gastos relacionados con la vivienda principal (hipoteca o alquiler, recibos de gas, comunidad...) en los últimos 12 meses; permitirse mantener la vivienda con temperatura adecuada; no poder ir de vacaciones al menos una semana al año; permitirse una comida de carne, pollo o pescado al menos cada dos días; la capacidad para afrontar gastos imprevistos; disponer de lavadora en el hogar; disponer de teléfono y automóvil.

Cuando no se pueden afrontar cuatro o más indicadores de estos, se considera que una persona se encuentra en una situación de pobreza severa. En la actualidad, más de 105.201 vascos (en 4,8% del total de la población de Euskadi) se encuentran en esta situación, según la reciente Encuesta de la Red Europea de Lucha contra la Pobreza y la Exclusión Social. Una cifra que ha crecido en más de 31.000 desde el año 2009, es decir, durante los años centrales de la crisis.

Un porcentaje muy elevado de la población, según la Encuesta de la Red Europea, sufre restricciones importantes en algunos de estos ítems. Por ejemplo, una de cada cuatro personas no tiene capacidad para afrontar gastos imprevistos, lo cual, dada la inestabilidad del mercado de trabajo, mantiene al conjunto de ellas que aún no ha caído en la pobreza y o exclusión social en su misma antesala. Además, cerca de 500.000 vascos no pueden permitirse ir de vacaciones al menos una semana al año.

Los autores del trabajo destacan que la privación material severa es una de las posiciones más graves en la escala de vulnerabilidad, pues alude a la imposibilidad de acceder a bienes considerados básicos para la sociedad en la que se vive. “Y cuanto más se avanza en esa escala, más difícil resulta salir de ella”.

Aumento de la desigualdad

El aumento de la desigualdad que se ha registrado en los años de crisis tiene un claro reflejo en la reducción de la clase media. Aunque no existe un consenso claro sobre cómo definir operativamente a esta clase social, una opción aceptable por los expertos es utilizar criterios de renta. Una manera de aproximarse al tamaño de la clase media es utilizar las estadísticas de declaraciones del Impuesto sobre la Renta, proporcionado por la Agencia Tributaria.

Por ejemplo, entre 2008 y 2012 se ha reducido en España en casi medio millón el número de declaraciones cuya cuota resultante del IRPF oscila entre 12.000 y 21.000 euros, lo que significa una reducción de casi el 8%. Algunos expertos consideran como clase media al grupo compuesto por personas que ganan entre 12.000 y 60.000 euros. En este caso, la reducción es de 638.000 declaraciones.

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