Las claves informativas de la semana en la Comunitat Valenciana.
La ministra al rescate
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La líder socialista apuesta por salvar el pacto lingüístico valenciano
Morant aporta desde el Gobierno el apoyo a la Acadèmia Valenciana de la Llengua que socava Mazón
La agenda de la ministra de Ciencia, Innovación y Universidades, Diana Morant, prevé para el viernes en que se publica esta newsletter inaugurar a primera hora en Villena el segundo Foro Municipalista sobre el Corredor Mediterráneo que organiza elDiario.es y, a media mañana, en la sede de Sant Miquel dels Reis, asistir al acto de apertura de curso de la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL). Morant ya presidió el acto de inicio del curso 2024-2025 de la institución, hace justo un año, pero esta vez adquiere un significado especial su presencia, ya que la ministra y secretaria general de los socialistas valencianos ha salido al rescate del organismo estatutario.
Lo anunció hace unas semanas durante un desayuno informativo del Forum Europa: “Frente a un Partido Popular que lo ataca, el Gobierno de España y los socialistas vamos a proteger el valenciano con hechos”. Y lo confirmó el Consejo de Ministros del pasado 7 de octubre, que aprobó un decreto que destina 198.000 euros a la AVL entre otras entidades relacionadas con la investigación, la cultura y el conocimiento.
Tras enumerar agresiones al valenciano por parte del Consell que preside Carlos Mazón, rendido a las exigencias de Vox, como rechazar que se use en el Senado y oponerse a que pueda usarse en el Congreso y en el Parlamento Europeo; intentar excluir la ciudad de Alicante de las zonas consideradas valencianohablantes; “perseguir el valenciano en la enseñanza, retirando recursos y dividiendo a la comunidad educativa”, y asfixiar económicamente a la Acadèmia Valenciana de la Llengua, la ministra y líder del PSPV-PSOE anunció la subvención directa de cerca de 200.000 euros a la institución normativa “para garantizar su funcionamiento en lo que queda de año dando continuidad a proyectos fundamentales de investigación, publicación normativa y modernización tecnológica”. Y añadió: “Quiero dejarlo claro, es el primer paso de un compromiso firme. A partir del año que viene la subvención será de 330.000 euros anuales”.
En el marco de la anomalía en que se ha convertido esta legislatura, con un presidente de la Generalitat tan disolvente como Carlos Mazón, capaz de arremeter de la mano de la ultraderecha contra conquistas civiles de la importancia del pacto lingüístico, consiste en algo más que un gesto a favor de la conciliación en materia identitaria tan delicada el movimiento que ha llevado a cabo Diana Morant, cuyo partido se implicó en su momento, no sin reticencias de significados sectores, junto a representantes del mundo de la universidad, la cultura y el valencianismo, en el proceso que dio lugar a la creación de la Acadèmia Valenciana de la Llengua a finales del siglo pasado, y en su reconocimiento como institución de la Generalitat en el Estatut d'Autonomia mediante la reforma del año 2006.
La AVL, tal como ha recordado su presidenta, Verònica Cantó, “fue el resultado de un pacto para sustraer el valenciano del debate partidista”, con Eduardo Zaplana como jefe del Consell. Y el intento de revertirlo es “un brindis al sol”, dado que se requieren mayorías cualificadas de tres quintos en las Corts Valencianes. Es triste que haya que recordar estos extremos a Mazón, quien, no contento con asumir la exigencia de Vox de recortar los fondos destinados a la institución encargada de velar por el valenciano, anunció en el reciente debate de política general la intención de reformarla y cambiarle el nombre para alentar el sececionismo lingüístico.
Un asunto, el del secesionismo lingüístico, del que nunca ha acabado de desprenderse el PP indígena, pese a que el asunto está muy claro: le llamamos valenciano, pero no es un idioma diferente del que en otros territorios se denomina catalán. Ya en la ley de creación de la AVL de 1998 se señala que “el valenciano, idioma histórico y propio de la Comunidad Valenciana, forma parte del sistema lingüístico que los correspondientes Estatutos de autonomía de los territorios hispánicos de la antigua Corona de Aragón, reconocen como lengua propia”. Y recordaba en este diario el periodista Sergi Castillo, autor de un libro y de una tesis doctoral sobre la creación y desarrollo de la Acadèmia, que en 2006, cuando la institución fue incluida en el Estatut, con Francisco Camps como presidente de la Generalitat, ya se había aprobado el dictamen (que había vuelto a levantar malestar en ciertos sectores del PP) en el que se reconocía, como siempre ha sido una obviedad en ámbitos científicos y culturales, que la “lengua propia e histórica de los valencianos, desde el punto de vista de la filología, es también la que comparten las comunidades autónomas de Cataluña y de las Islas Baleares y el Principado de Andorra. Así mismo, es la lengua histórica y propia de otros territorios de la antigua Corona de Aragón (la franja oriental aragonesa, la ciudad sarda de l'Alguer y el departamento francés de los Pirineos Orientales)”.
Apuntaba Castillo que “Mazón trata de reabrir heridas sobre el valenciano cerradas gracias a gente del PP”. Tal vez porque la lengua propia del país constituye, para él y el equipo que ha instalado en la Generalitat, a diferencia de lo que ocurría con aquellos dirigentes de la derecha que se implicaron en el pacto lingüístico, un mero elemento folclórico, cuando no un estorbo. No hay lealtad lingüística alguna en el presidente ni en su conseller de Educación, José Antonio Rovira, ni siquiera un respeto que supere el cálculo manipulador a corto plazo. Este verano, más de 300 escritores firmaron un manifiesto en apoyo de la AVL ante las “agresiones” al valenciano, en el que acusaban al Consell de Mazón de arrinconar la lengua. Los escritores alertaban contra declaraciones y medidas políticas que fomentan la percepción del valenciano como una lengua “problemática”, lo cual acelera su abandono social.
Esta misma semana, el escritor Ferran Torrent ha hecho pública su renuncia al Premi de les Lletres Valencianes que le otorgó la Generalitat el año pasado. En su carta de renuncia, el novelista indicaba que al recibirlo de manos de Carlos Mazón, “todavía quería creer que aquel reconocimiento formaba parte de cierta normalidad política y cultural que, a pesar de los avatares, podía mantener viva una dignidad institucional”. Torrent, cuya casa sufrió los efectos de la inundación de la dana del 29 de octubre de 2024, le recrimina a Mazón en su misiva: “El diploma que usted me libró se lo llevó la barrancada. Y, quizás, aquel presagio fue suficiente: probablemente, ya sabía el agua desatada que el premio era papel mojado”.
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