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Gran velada de la Royal Philharmonic sin piano
El concierto que dio el domingo 29 la Royal Philharmonic Orchestra de Londres en el Palau de la Música de Valencia empezó con malos presagios. En contra de la costumbre, media hora antes del inicio, que estaba previsto a las siete de la tarde, no se abrieron las puertas de la sala. Tampoco se dio acceso a las escaleras ni a los ascensores. Pasaban los minutos y el público empezó a impacientarse, especialmente las personas con problemas de movilidad que hacían colas en los ascensores. Una parte de ellas optó por utilizar la rampa que da acceso al primer piso. El grupo, entre el que había dos personas en silla de ruedas, llegó hasta el final de la rampa, donde el personal de sala le bloqueó la entrada. Pasado un buen rato se abrieron puertas y el personal pidió a los que hacían cola en la rampa que volvieran a bajarla para pasar el control de entradas, lo que provocó la rebelión del grupo, la mayor parte del cual pasó sin hacerlo.
Ya en la sala abarrotada de público, con unos diez minutos de retraso sobre la hora prevista de inicio, una voz femenina anunció por megafonía que una avería del ascensor de pianos que comunica el piso inferior con el escenario había impedido subir el instrumento de gran cola que debía tocar el pianista japonés Mao Fujita. Este músico, de 26 años de edad, con una gran carrera internacional, tenía previsto interpretar la parte solista del Concierto para piano en la menor del noruego Edvard Grieg. Era la segunda obra del programa, en lugar de la cual la orquesta tocaría, del mismo autor, la Suite nº 1 de Peer Gynt, escrita en 1888, a partir de la música incidental que compuso para la obra teatral homónima de Henrik Ibsen. La noticia de que no habría concierto de piano fue acogida con rumores de protesta. Por fortuna, Mao Fujita tiene previstas dos actuaciones más esta temporada en Valencia, una de ellas en el ciclo de cámara y otra en abril con la Deutschekammerphilharmonie Bremen y Paavo Järvi como director.
Es lamentable que, después de cuatro años de cierre por obras del Palau de la Música, en los que la Orquestra de València fue obligada a un indigno vagar por salas prestadas, se dejaran sin resolver problemas endémicos como el del ascensor de pianos. Esta maquinaria, que el lunes volvía a funcionar según fuentes del Palau, es la misma que se instaló en 1987, año de inauguración del edificio y no ha dejado de dar problemas desde entonces.
Salió al escenario Vasily Petrenko (San Petersburgo, 1976), quien es titular de la Royal Philharmonic desde 2021 y director asociado de la Sinfónica de Castilla y León. Dirigió con elegancia y sensibilidad la obra que abría el programa: Ciel d’hiver, segundo movimiento de la suite Orion, obra de la compositora finlandesa Kaija Saariaho, fallecida en 2023 a los 70 años. Esta suite, de 2002, representa la constelación de Orión y Ciel d’hiver pretende describir musicalmente la sensación de un lluvioso día de invierno. Un piano de cuerdas verticales integrado en la orquesta fue utilizado en lugar del gran cola que se habría empleado en condiciones normales. El público aplaudió la interpretación sin gran entusiasmo.
El ambiente cambió con la Primera suite de Peer Gynt, en cuyos cuatro movimientos la orquesta hizo una exhibición de su maestría y capacidad expresiva. La mañana ofreció un muy bello sonido de las flautas y una cuerda impresionante en conjunción y afinación. La emotiva Muerte de Ase mostró la capacidad de la cuerda en las dinámicas, con delicados momentos de pianissimo. Tras La danza de Antitra, sonó intenso En la cueva del rey de la montaña, cuyo rápido final fue una exhibición de precisión y dominio técnico. Los asistentes aplaudieron con calor, aunque la primera parte supo a poco, pues duró una media hora.
El plato fuerte era la Sinfonía número 2 en re mayor del finlandés Jean Sibelius, compuesta a partir de 1901, poco después de su célebre poema sinfónico Finlandia, y estrenada en Helsinki en 1902, con dirección del autor. De carácter romántico y nacionalista, la sinfonía se considera un símbolo de la rebelión finlandesa contra el dominio ruso, que se inició en 1808 y concluyó en 1917, cuando la Revolución soviética.
Orquesta y director ofrecieron una versión realmente antológica de la sinfonía. La cuerda había sido ampliada sobre la primera parte, y presentaba una muy nutrida plantilla con 8 contrabajos y 16 primeros violines. Ya las notas repetidas del principio, que sirven de preludio a la alegre melodía que cantan oboes y clarinetes, sonaron gloriosas. En el inicio del Andante, ma rubato, brillaron especialmente los fagotes en la exposición del tema, marcado funebre en la partitura. Petrenko dirigió con elegancia y control de los planos sonoros. Impresionó especialmente el crescendo que conduce al apoteósico tutti final, con el luminoso aire triunfal que prestan los metales. El público aplaudió con intensidad y Petrenko hizo girar a la orquesta para saludar a los situados en el coro y las tribunas de fondo. Sin abandonar el escenario, ofreció una Danza húngara número 6 de Brahms en la que, con una gestualidad festiva, extremó los contrastes de tempo. Director y orquesta fueron muy aplaudidos por unos asistentes que parecían haber olvidado los contratiempos del inicio.
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