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La polémica solución para las balsas de fosfoyesos junto a un barrio de Huelva: “Enterrarlas no evita el problema”

Las balsas de fosfoyesos, con las viviendas de Huelva al norte y la ría al sur.

En la Nochevieja de 2010 la empresa Fertiberia dejó de verter residuos junto a la ría de Huelva por imperativo legal. Pero atrás habían quedado más de 40 años de vertidos y un daño aparentemente irreparable. Desde entonces, las balsas siguen sin restaurar a unos 500 metros en algunos casos de la barriada onubense de Pérez Cubillas. Y en las Marismas de Mendaña, situada al suroeste de Rivera del Nicoba, y al este de Arroyo de la Jara, y junto al brazo de río y mar que forman el Tinto, el Odiel y Atlántico. Una zona que ha ido perdiendo riqueza natural, fauna y flora, según los ecologistas, con los años de vertidos.

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Este martes, la decisión de los técnicos del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN) de dar el visto bueno al proyecto presentado por la empresa Fertiberia para la restauración de las balsas de fosfoyesos apiladas en la marisma ha sentado como un jarro de agua fría en una parte de la ciudad donde hace más de 50 años se encuentran apiladas toneladas de basura tóxica al lado de las casas de su zona más al sur.

Los técnicos han respondido así al requerimiento realizado por la Audiencia Nacional el pasado mes de febrero, y ha remitido al Ministerio para la Transición Ecológica el informe sobre el 'Estudio de verificación radiológica de los apilamientos de fosfoyesos de Fertiberia S.A.', que valida el método propuesto por la empresa y descarta que dejar ahí el residuo “suponga un riesgo para la población”.

A la espera de que este miércoles se tomara la decisión definitiva, el portavoz de Mesa de la Ría, agrupación con representación municipal, que reclama la recuperación para la ciudad de los terrenos ocupados por las industrias químicas, Rafael Gavilán, era tajante: “Si se confirma, iremos a los tribunales”. La empresa, por su parte, ha declinado hacer valoraciones a la espera de que se produzca la reunión y el informe definitivos.

Dos de sus cuatro sectores

Es cierto que, como recuerda Gavilán, a lo que se refiere el CSN es a las zonas “2” y “3”, ya que la número 1 pertenece al puerto de Huelva y la 4 es “la más conflictiva” y de momento no hay pronunciamiento sobre ella, porque acoge los residuos, entre otros, del accidente de Acerinox.

“El CSN se ha pronunciado sobre la zona que, radiológicamente, es la menos conflictiva, pero desgraciadamente pensamos que le van a dar el visto bueno”, explica, con la premisa de que “ellos valoran que pueden taparlo con un metro de tierra, porque piensan que se puede reducir el riesgo, aunque en realidad ellos solo valoran el riesgo radiológico, puede que lo vean adecuado, pero para nosotros dista mucho de una restauración medioambiental”.

Porque, como explica el mismo portavoz, la Justicia condenó a Fertiberia a restaurar las balsas, no a enterrarlas, de modo que “no solo hay que valorar la salud de las personas. La única solución posible es devolver la zona a su estado original de marismas”.

Con todo, se está a la espera de que la Junta de Andalucía emita la Autorización Ambiental Integrada (AII), y “si es favorable, tenemos clarísimo que iremos a la Justicia”, al estar en contra, entre otras cosas, de que se haya dividido por partes las zonas a restaurar, y no se haya presentado una petición global para las 720 hectáreas de residuos químicos. “No se puede segregar en partes, porque individualmente pueden no ser perjudiciales, pero que hay valorarlo en su conjunto”, sentencia.

Las aguas de las marismas

Rafael Pérez López, profesor titular en el Departamento de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Huelva, tiene una visión más amplia, sobre todo por los estadios que ha realizado en torno a la filtración de agua en la base de las balsas, que terminan llegando al mar.

Frente a la tesis de Fertiberia de que si se tapan las balsas se acabó el problema, porque no le llegaría el agua de lluvia, este experto tiene claro que, por encima de la lluvia, “el agua le llega por acopio, por la acción de las mareas”.

La empresa sostiene en su proyecto que bastaría con eliminar el agua envasada sobre la balsa y cubrir los fosfoyesos, pero “el principal sistema que lava la contaminación en la balsa es el agua del estuario, que a través del subsuelo por unos canales mareales, entra, lava la contaminación y ese agua cargada de contaminantes vuelve a la ría”.

“Tapar no sería suficiente, porque el aporte de agua es del estuario”, explica, para entender que eso lo sabe la empresa basándose en que este asunto se estudió en la Mesa de Expertos creada en su día por el Ayuntamiento de Huelva, cuyo dictamen parece haber ignorado Fertiberia. Para Rafael Pérez López, todo está resumido en una frase: “Creemos que es casi inviable impedir la entrada del agua del estuario”.

Otra cuestión es la estabilidad física, porque está demostrado en otros estudios que la balsa es inestable, que el suelo que soporta lo es, y si se rompe “todo irá al estuario”.

Casi 60 años, y sin solución

Pero merece la pena recordar la historia de estos vertidos. En 1965 se instalaba en el Polo Químico de Huelva la empresa Fosfórico Español (FESA), dedicada a la producción de ácido fosfórico y sulfúrico. 

Unión de Explosivos Riotinto (ERT Abonos) y Ercros fueron algunos de sus propietarios, hasta que la compró Fertiberia, que se dedicó a la fabricación de ácido fosfórico. Su trabajo conllevaba la producción de un subproducto, el fosfoyeso, que procede de la fabricación de fertilizantes con contenidos variables de fosfato de hierro y otros puntuales de fosfatos de cobre.

En los años 1967 y 1968, el Gobierno de Franco le otorgó dos concesiones administrativas para ocupar una parcela en el margen derecho del río Tinto para colocar depósitos de decantación para el vertido de estos residuos químicos.

En 1995, se inicia un proceso judicial tras la presentación por parte de Fertiberia del proyecto de reordenación de vertido de yesos, tras poner en marcha la Junta de Andalucía el Plan Corrector de Vertidos Industriales de la entonces Consejería de Medio Ambiente.

Hicieron falta 12 años para que la Audiencia Nacional condenase a Fertiberia a dejar de verter, lo que fue ratificado por el Tribunal Supremo. Y hasta 2010 la empresa no dejó de verter residuos y fue por imperativo legal, es decir, porque un juzgado les obligó. Aquello fue el final de los vertidos pero no de las balsas.

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