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El impacto de la COVID-19: ¿Un antes y un después en la conciencia medioambiental?

Valle de Ordesa.

Miguel Barluenga

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No se ha llevado a cabo, de momento, ningún estudio que de manera explícita relacione el proceso de cambio climático con la aparición o expansión de la COVID-19 desde comienzos de año. Sin embargo, las medidas tomadas para evitar la expansión de la pandemia han podido tener como efecto la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero y contaminantes, según señalan algunos estadios del ámbito científico y académico, lo que no ha bastado para que disminuya su concentración de forma global en la atmósfera terrestre.

De manera indirecta sí que se han detectado elementos de conexión entre ambas emergencias según un estudio del Departamento de Seguridad Nacional del Gobierno de España. El deterioro de hábitats naturales provocado por el calentamiento global afecta a la distribución de especies y altera sus condiciones de vida, con repercusión en la actividad animal y humana en amplias zonas del mundo, lo que puede provocar situaciones de contacto entre personas y animales poco frecuentes en tiempos recientes.

Por otro lado, el cambio climático podría favorecer la expansión del virus, o de sus vectores, debido a su posible preferencia por ambientes húmedos y cálidos, que facilitarían la aparición de determinadas especies en nuevas áreas donde pueden llevar enfermedades antes desconocidas o desaparecidas. Según la Agencia Europea del Medio Ambiente (AEMA), en las ciudades españolas, las concentraciones de los principales contaminantes han sido entre marzo y mayo sobre todo muy inferiores a las existentes en las mismas fechas de 2019.

El efecto de las medidas contra la expansión del coronavirus no se ha dejado notar en la situación de la capa de ozono; al contrario, ha alcanzado un nivel sin precedentes en gran parte del Ártico a causa de la presencia continuada de sustancias que agotan la capa de ozono en la atmósfera y un invierno muy frío en la estratosfera.

El informe ‘Perspectiva Mundial sobre la Diversidad Biológica 5 (GBO-5)’ de las Naciones Unidas expone evidencias exhaustivas de la creciente crisis de la biodiversidad y las acciones necesarias para proteger la naturaleza, los ecosistemas y sus contribuciones a las personas. La publicación presenta soluciones factibles para alcanzar nuevos objetivos de conservación en 2030, describe las transiciones necesarias en el uso de la tierra, los sistemas alimentarios, la agricultura, la pesca, las ciudades, la acción climática y el agua dulce y expone el camino para lograr la visión compartida de “vivir en armonía con la naturaleza” para 2050.

Protección de la naturaleza

“La pandemia de la COVID-19 ha promovido mayor comprensión pública sobre nuestra relación con la naturaleza y del hecho de que el bienestar humano está amenazado por la pérdida de especies y la degradación de ecosistemas. Para proteger con éxito la naturaleza y a nosotros mismos, el conocimiento sobre los problemas y las soluciones debe llegar a personas en todos los niveles, desde los ciudadanos hasta los líderes, para inspirar la acción”, señaló Elizabeth Maruma Mrema, secretaria ejecutiva de la Convención de las Naciones Unidas sobre Diversidad Biológica.

Otro texto, de la asociación Medicos Mundi, considera acreditado que entre las causas de esta pandemia está “el cambio del uso de la tierra con la temida deforestación, la agricultura y la ganadería intensiva. Estos factores provocan la pérdida de la biodiversidad, y acercan a la gente a una mayor interacción con la vida salvaje. Este último coronavirus nos hace ver como nunca que los animales puede servir de huésped intermedio en la trasmisión de patógenos hacia los humanos”.

El hecho “constatable” de que se empobrezcan, simplifique y destruyan ecosistemas cuya función es amortiguar el binomio frío-calor y protegernos de la zoonosis, entre otras funciones, “es un motivo de seria preocupación. Pero la vinculación entre cambio climático y salud todavía no ha calado ni en la población ni en sus gobernantes como debiera”.

“Tras esta crisis sanitaria tendremos que resetearnos y hacer frente de nuevo a todos aquellos aspectos que afectan al medio ambiente, incluyendo algunos nuevos como es el incremento masivo de residuos sanitarios -mascarillas, guantes y demás materiales desechables-, y su eliminación (ya se están encontrando mascarillas en el mar Mediterráneo) y reciclaje en un futuro inmediato”, dicen desde Medicos Mundi. Otra de las consecuencias de esta crisis, al menos en el corto plazo es el incremento del uso del coche privado por el miedo al contagio, lo que derivará en aumento de CO2 y de la contaminación atmosférica.

La emergencia creada por el COVID-19 ha impuesto la cancelación o el retraso de numerosas citas internacionales previstas para impulsar el cumplimiento de las agendas medioambientales globales. Destaca el aplazamiento de la Conferencia de Naciones Unidas para el Cambio Climático, el COP26, prevista para noviembre en Glasgow y que se celebrará en 2021.

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