El espíritu veneciano del Ospedale della Pietà
El director y violagambista catalán Jordi Savall (Igualada, 1941) tiene una dilatada carrera musical a sus espaldas en la interpretación con instrumentos originales. Estudió con August Wenzinger en la Schola Cantorum Basiliensis, donde también fue profesor. Es fundador de Hespèrion XX, La Capella Reial de Catalunya y Le Concert des Nacions. El pasado mes de noviembre debutó como director invitado de la Filarmónica de Berlín, con un programa que incluía obras de Rameau y Gluck, que se cerraba con la Sinfonía Júpiter de Mozart.
Savall ha vuelto ahora al Palau de la Música, donde ha actuado en numerosas ocasiones, con su nuevo conjunto instrumental, Les Musiciennes du Concert des Nacions. Se trata de un nuevo conjunto, fundado en 2023, con intérpretes femeninas de ocho países, inspirado el Ospedale della Pietà de Venecia. Era un convento veneciano fundado en 1346, que acogía a huérfanas y chicas abandonadas. Allí también estudiaban música, y Antonio Vivaldi, que fue profesor entre 1703 y 1715, estrenó algunas de sus obras con la orquesta y el coro de la institución.
Les Musiciennes du Concert des Nations, 21 instrumentistas en total, estaban acompañadas por un coro de 20 voces femeninas (10 sopranos y otras tantas mezzosopranos-contraltos) de la Capella Reial de Catalunya. El programa incluía dos obras instrumentales y dos más para coro, solistas y orquesta, ofrecidas de forma alternada. El concierto, que duró algo más de hora y media, se ejecutó sin pausa, en la moda, que va ganando adeptos, de eliminar el tradicional descanso.
Abría la sesión el Concerto per la Solennità di San Lorenzo, obra de gran brillantez, con timbales, dos trompetas, dos oboes y fagot, además de las cuerdas y el bajo continuo. La violín solista, Lina Tur Bonet, hizo gala de un gran dominio técnico e interpretó cadencias originales de Vivaldi, según explicó el propio Savall en una breve intervención al final del concierto y antes del bis que ofreció al final.
La primera obra coral fue el Magnificat, de carácter más intimista que el brillante Gloria que cerraría el programa. Tanto el coro como las solistas vocales cantaron en todo momento sin partitura, acompañando el canto con una mesurada gestualidad. Ese movimiento en las dos secciones del coro, dispuestas en diagonal a ambos lados de la orquesta, producía un agradable efecto visual. Las solistas vocales eran miembros del coro y se desplazaban para interpretar los solos.
A continuación, el segundo concierto de la colección La Stravaganza, para violín, cuerda y continuo. En esta obra Tur Bonet logró un sonido de gran belleza, más ancho e intenso que el que tuvo en la que abría el programa. Fue la única pieza en la que Marie van Rhijn cambió el órgano positivo por el clave para hacer el bajo cifrado, que siempre estuvo complementado por el sonido de la tiorba o a vihuela a cargo de Albane Imbs.
Cerraba el programa el célebre Gloria, ejecutado con pasión por coro y orquesta. Todas las solistas vocales estuvieron excelentes, con momentos sublimes, como en el Qui sedes ad dexteram Patris. A sus 84 años, Savall mantiene una buena forma física y ofreció versiones contrastadas, con un fraseo en la tradición historicista. El público que casi llenaba el Palau aplaudió con intensidad un programa interpretado por mujeres con solo dos hombres, Savall y el maestro de coro, Lluís Vilamajó. Un emotivo recuerdo de Vivaldi y la Venecia de principios del XVIII.
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