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Los bulos hunden al zumo de naranja: “Los foodfluencers polarizantes lo sitúan más próximo a una golosina que a un alimento saludable”

De izq. a drcha. Carlos Artilles, consejero delegado de Zuvamesa; Inmaculada Sanfeliu, pta. del CGC y Juan De los Ángeles, consultor en Innovación y tendencias de Zink.

Raquel Lavara

València —
19 de mayo de 2026 17:53 h

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El Comité de Gestión de Cítricos y Zuvamesa se unen para llevar a cabo una campaña en defensa del zumo de naranja 100% exprimido frente a la creciente desinformación alimentaria. “Nada más que zumo. Nada menos que zumo”, es una iniciativa desarrollada por Zumos Valencianos del Mediterráneo (Zuvamesa), Agriconsa, Anecoop y el Comité de Gestión de Cítricos con el apoyo de la Generalitat y en esta ocasión, con la participación de la Universidad Complutense de Madrid.

A lo largo de la jornada se ha presentado el informe Efectos de la (des)información en los hábitos de alimentación actuales. El caso del zumo de naranja, y han contado con la presencia de la directora general de Producción Agrícola y Ganadera, M.ª Àngels Ramón-Llin quien ha insistido en que “no se trata solo de defender un producto, sino de defender la verdad, la salud pública, el empleo rural y una cadena de valor estratégica para la Comunitat Valenciana”.

En este informe pionero sobre desinformación alimentaria, se aborda el papel que constituye internet como principal fuente de consulta de información respecto a prácticamente cualquier tema, pero en concreto sobre la salud, afectando a la percepción que tenemos sobre ciertos alimentos e incluso modificando nuestros hábitos de consumo.

En los últimos años, ha habido una democratización de la información, hay más acceso a conocimientos sobre salud y nutrición que nunca, pero esto –como ocurre con frecuencia en internet– tiene dos caras: una más positiva y otra más negativa. Esto se debe a que la viralidad de los contenidos no depende de la rigurosidad o la calidad del contenido, sino que responde más bien a una lógica de espectacularización.

En un entorno digital marcado por una competencia constante por captar la atención del usuario, los titulares simplistas y sensacionalistas tienen como único objetivo captar la atención del lector. En esta batalla, el algoritmo premia la emoción y no el rigor científico, lo que genera un entorno de ruido en el que la información veraz y contrastada se pierde en una marea de desinformación y bulos. El resultado es una tremenda dificultad para el usuario a la hora de distinguir los datos veraces de los erróneos, lo que genera una sensación de incredulidad y desconfianza constante ante cualquier información.

A lo largo de la jornada se ha destacado el papel que juegan los llamados “foodfluencers polarizantes” en la construcción del discurso sobre la alimentación en redes sociales. Estos perfiles se caracterizan por priorizar el impacto y la viralidad por encima del rigor informativo, utilizando con frecuencia mensajes simplificados, provocadores o incluso alarmistas para captar la atención del público. Por supuesto, no todo es ruido, en el ecosistema de influencers alimentarios existen voces con formación científica que utilizan las plataformas para contrarrestar la desinformación, pero estos perfiles suelen tener un alcance menor.

El problema es que todo esto no se agota en el entorno virtual, sino que trasciende a la pantalla e influye en los hábitos de consumo de la población. De esta forma un sector tan importante como es el sector citrícola –principal subsector agrícola de la Comunidad Valenciana– se ve profundamente afectado a nivel internacional, por los bulos que circulan en redes sociales sobre el zumo de naranja, equiparándolo incluso con las bebidas enérgeticas: “el zumo de naranja ha sido descrito casi como agua con azúcar o más próximo a una golosina que a un alimento saludable”.

España es el 6º productor mundial de cítricos y se posiciona el 1º en su comercialización. De esta forma, la industria del zumo constituye un papel fundamental puesto que entre el 15% y 20% de la producción cítrica no puede venderse en fresco y el zumo permite dar salida a esa producción. El Comité alerta de un descenso de hasta un 30% en el consumo del zumo de naranja 100% exprimido debido a los efectos de los bulos difundidos en torno a este producto.

Además, el sector citrícola desempeña una importante función medioambiental basada en los principios de la economía circular, ya que de la naranja se aprovecha prácticamente todo su contenido. No solo se utiliza la pulpa para el consumo y el zumo para la industria alimentaria, sino también la corteza y la cáscara, que pueden deshidratarse y destinarse a otros usos industriales. De este modo, se reduce el desperdicio y se maximiza el aprovechamiento del recurso.

Ramón-Llin también ha subrayado que el zumo “no pretende sustituir el consumo de fruta entera, aunque sí formar parte y complementar una alimentación equilibrada dentro de una dieta saludable”. Asimismo, señalan la importancia de recordar que, por normativa, el zumo de naranja 100% natural no puede contener azúcares añadidos. Este aspecto resulta clave para combatir la confusión frecuente entre este tipo de producto y otras bebidas azucaradas, ya que en muchos debates públicos se tiende a equiparar ambos sin tener en cuenta sus diferencias legales y nutricionales. La legislación alimentaria europea establece claramente esta distinción.

Frente a la presencia de afirmaciones no respaldadas por datos científicos, la confusión sistemática en torno al concepto del azúcar y, en definitiva, una tendencia generalizada a simplificar y descontextualizar la evidencia científica, –especialmente en lo relativo al papel del zumo de naranja 100% exprimido– la iniciativa “Nada más que zumo. Nada menos que zumo” nos ofrece una serie de recomendaciones, entre las que destacan: la importancia de entender el marco normativo, desconfiar de los titulares alarmistas y consumir fuentes plurales.

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