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Sanidad crea una cátedra valenciana para combatir los sesgos de género en diagnósticos e investigaciones

La secretaria autonómica de Salud Pública, Ofelia Gimeno.

Laura Martínez

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Los sesgos de género son perjudiciales para la salud. Lo son por las consecuencias físicas y mentales que acarrean, pero especialmente por cómo alteran su detección, invisibilizan o confunden los diagnósticos. Desde los años noventa multitud de profesionales llevan a cabo investigaciones sobre las diferencias sexuales en determinadas enfermedades, sobre cómo los roles asociados a lo masculino y lo femenino impactan en la salud y la calidad de vida de las personas, y más recientemente, estudios sobre cómo se producen y reproducen los sesgos de género en la atención médica.

El ejemplo paradigmático es el de la sintomatología del infarto de miocardio: es conocido que el signo de alerta es un dolor punzante en el brazo izquierdo y en el pecho, pero en las mujeres el aviso se traslada a la boca del estómago, con dolor abdominal a menudo acompañado por náuseas y vómitos. La diferencia en los síntomas previos es una de las causas por las que las mujeres tienen menos diagnósticos en enfermedades cardíacas que los hombres, apuntan algunos expertos. Como con el ataque al corazón, sucede en otras patologías.

Para analizar cómo, cuándo, dónde y por qué se dan estas diferencias y cómo revertirlas, la Conselleria de Sanidad de la Generalitat Valenciana trabaja con la Universitat de Valencia en la creación de una cátedra sobre sesgos de género en salud. La cátedra, impulsada por la secretaria autonómica de Salud Pública, Ofelia Gimeno, junto al departamento de Historia de la Medicina de la UV, cuenta con 30.000 euros de presupuesto para arrancar este año. La empresa nace en cumplimiento de la ley de Sanidad autonómica, que indica que se deben superar las desigualdades en salud, del mismo modo que el V Plan de Salud autonómico, fruto de un proceso participativo, insiste en esta cuestión. “Hay que fomentar la aplicación de la perspectiva de género en el día a día. Es nuestra hoja de ruta”, apunta Gimeno en conversación con elDiario.es. “Los problemas que afectan especialmente a las mujeres han estado más invisibilizados, incluso en los estudios de Medicina”, donde “el hombre se toma como prototipo”, recalca la secretaria autonómica.

La cátedra abordará las diferencias en los diagnósticos en atención primaria y especializada, pero también la brecha de género en las investigaciones; cómo se producen esos sesgos, cómo afecta la composición de los equipos, y así hasta llegar al origen del problema. Según los datos estadísticos oficiales, en el campo de investigación hay menos mujeres que hombres; igual que en las publicaciones académicas, dónde hay más investigadores que investigadoras liderando los grupos de trabajo. Esto, según las primeras pesquisas de otros grupos de trabajo, afecta a los resultados: los equipos más diversos abarcan más miradas, pueden reparar en problemas que otros no tienen en cuenta.

Del mismo modo que los sesgos llevan a un infradiagnóstico de enfermedades cardíacas en las mujeres, también provocan el efecto contrario en otras patologías, especialmente aquellas relacionadas con la salud mental. “Tradicionalmente, lo que se ha denominado histeria de las mujeres se ha tratado con antidepresivos y medicamentos que actúan sobre el sistema nervioso para tratar enfermedades que no se habían diagnosticado bien”, lamenta Gimeno, que señala que “hay una sobremedicación de las mujeres con hipnóticos” y se ha detectado un mayor porcentaje de mujeres que reciben medicamentos -con receta- que pueden generar adicciones. “El derecho de las mujeres a disfrutar de vidas sanas debe ser el mismo que el de los hombres, y actualmente no lo es”, denuncia Gimeno.

Por ejemplo, explica, “hay mujeres que acuden a consulta requiriendo una asistencia médica porque tienen un dolor, que puede ser asociado al periodo menstrual, y son diagnosticadas de estrés; hay enfermedades que se infradiagnostican en las mujeres porque no se identifican bien sus síntomas -las cardíacas- y otras que se abordan como una enfermedad psicosomática”. Además, la presión de los cuidados retrasa algunos diagnósticos. “Desde que nacemos somos cuidadoras: de las muñecas, de nuestros hermanos, después de nuestros maridos, padres, hijos. Tardamos más en pedir asistencia médica y hay procesos que se retrasan por la automedicación”, apunta la secretaria autonómica. El problema sucede por defecto y por exceso: un grupo de investigación Atenea de la Fundación Fisabio analiza por qué la probabilidad de que una mujer sufra una práctica médica desaconsejada es ocho veces superior a la de un hombre y qué efectos tiene este sobrediagnóstico.

Entre las funciones de la cátedra, que liderarán los profesores Juan Carlos Valderrama y Ruth Lucas, está contribuir al empoderamiento de la mujer en las áreas de investigación en ciencias de la salud, trabajar en los sesgos de género, visibilizarlos y formar al personal sanitario en incorporar la perspectiva de género en el día a día. La secretaria autonómica baraja realizar una guía de buenas prácticas para evitar los sesgos de genero tanto en personal investigador como en el sanitario e impulsar premios a la investigación que aborde la perspectiva de género en salud.

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