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Cuatro focos en Gipuzkoa muestran el regreso de la COVID-19 a las residencias vascas

Residencia de San Andrés, en Eibar

La Diputación de Gipuzkoa ha informado este lunes de la existencia de cuatro focos de COVID-19, por el momento de pequeña dimensión, en otras tantas residencias del territorio. Hacía más de un mes que no había positivos en centros guipuzcoanos y Álava y Bizkaia tampoco habían actualizado sus datos desde hace semanas. Es, por lo tanto, el regreso del virus al lugar donde más vidas se ha cobrado desde que se inició la pandemia, 1.099 según las estimaciones de este periódico, y se enmarca en la gran subida de los contagios en Euskadi, que tiene una tasa de incidencia que llega ya a 471 casos por cada 100.000 habitantes en 14 días y que en Gipuzkoa supera los 800.

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Los brotes han aparecido en la Cruz Roja de Donostia (tres positivos, los primeros en todas las olas), en Caser Anaka de Irún (dos casos después de un año sin contagios), en San Andrés de Eibar (que tuvo ocho fallecidos en un brote muy fuerte en la primera ola) y en San José de la Montaña de Donostia (que tampoco había tenido nunca infectados). Los siete han sido derivados a centros de referencia para aislamientos, puntos intermedios entre la atención en el centro y en el hospital para procurar un correcto aislamiento.

Los últimos casos de COVID-19 en Gipuzkoa se recuperaron hace ya más de un mes. Eran internos de Txara II de Donostia y de Betharram de Hondarribia. En el resto de Euskadi, salvo un brote con 61 contagiados en Rodríguez Andoin V de Portugalete (50 internos y 11 empleados), la situación había estado controlada desde que el pasado 6 de octubre se levantó la emergencia sanitaria que ahora podría volver a tener que declararse al dispararse los positivos y crecer la presión hospitalaria.

Desde la vuelta del verano, en las residencias ya se está ofreciendo una tercera ronda de vacunación para los internos. Según los datos de Osakidetza -referidos a toda la población y no solamente a los usuarios de estos centros-, el 87,5% de los mayores de 90 años tienen ya el refuerzo y también el 80,3% de los octogenarios. El porcentaje baja al 51,9% de los septuagenarios. La campaña de vacunación ha supuesto un efecto reductor tanto de los brotes como, sobre todo, de la letalidad. Varios centros tuvieron más de una veintena de fallecidos en las primeras olas de la pandemia.

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