Donostia rescata la idea de cobrar una tasa turística pero el Gobierno vasco le cierra la puerta

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En medio de las fiestas de Donostia y en temporada alta de llegada de viajeros, el alcalde de la ciudad más turística de Euskadi, Eneko Goia (PNV), ha rescatado a modo de globo-sonda la posibilidad de articular una tasa a los visitantes, una medida ya vigente en algunas comunidades autónomas de España y en grandes destinos internacionales y que implica el pago de una cantidad adicional por persona y noche. “A vuelta de verano habrá que volver a tocar la puerta”, señaló en la Cadena Ser. Pero la iniciativa no ha durado más de 48 horas. El PSE-EE, socio del PNV a nivel local y que lidera con el consejero Javier Hurtado el área de Turismo, Comercio y Consumo del Gobierno vasco, no está dispuesto a abrir esa misma puerta en este momento.

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Goia alega que antes de la llegada de la COVID-19 había un debate en marcha y entiende que Euskadi debería retomarlo. Defiende, además, que sea el Ejecutivo vasco el que ponga las bases y Donostia la que recaude la tasa. “El ámbito competencial parece claro que es el autonómico. Defiendo que una vez creada, la recaudación la perciban los municipios, porque el impacto mayor actúa sobre los servicios del municipio. De hecho, la actividad turística no beneficia especialmente al municipio. Mayoritariamente genera IVA, IRPF o Sociedades y todo eso va a la caja común sin tener en cuenta si un municipio tiene muchos turistas o pocos. Pero sí genera gastos y necesidades en un municipio que hay que atender”, argumenta el regidor donostiarra.

El alcalde expone cuál es la situación concreta de Donostia. La limpieza o la seguridad se ven incrementadas en determinados períodos del año y hay zonas, particularmente la Parte Vieja, que están “saturadas”, según su diagnóstico. Goia admite que no lo está únicamente por el turismo, aunque sí agrava la situación en un barrio que califica de “angosto”. “El problema de la Parte Vieja es evidente. Hay actividades ligadas al turismo que se desarrollan intensivamente y hay que establecer un límite. Hay que seguir preservando la identidad y características de la Parte Vieja con limitación de actividades hosteleras y terciarias”, explicó en esa misma entrevista, en la que adelantó que a finales de mes la ciudad contará con un nuevo plan turístico con algunas medidas como la limitación a un porcentaje de los pisos turístico por cada comunidad de vecinos o el tope para actividades terciarias en las zonas calificadas como saturadas. De buscar captar más visitantes se pasará a priorizar la “calidad” y la convivencia con la ciudad. “Es un cambio clarísimo”, según Goia, que asegura haber consensuado la 'hoja de ruta' con el sector y con la ciudadanía.

El regidor, en todo caso, insiste en que Donostia “no es Barcelona o Palma de Mallorca”, lamenta los conatos de turismofobia -señala particularmente a la izquierda abertzale por alentarlos- y cree que medios de comunicación internacionales (se ha entrevistado con cabeceras de Rusia, Suiza, Países Bajos, Alemania o Reino Unido estos días) magnifican el problema. “El Ayuntamiento lleva manos a la obra mucho tiempo”, enfatiza.

Pero la posibilidad de implantar una tasa turística ha abierto una vía de agua en la coalición que gobierna en Donostia. La portavoz del grupo del PSE-EE y candidata en las elecciones de 2023, Marisol Garmendia, ha querido remarcar que el turismo “genera un buen número de puestos de trabajo” y que sí “tiene una importante repercusión en la economía local”. Según su análisis, Donostia vive un repunte del turismo porque “está saliendo de un largo túnel de dos años provocados por la pandemia y en los que la economía donostiarra se ha resentido especialmente”. Han sido “dos años con récords en la tasa de paro de la ciudad y que han cerrado comercios y generado repercusiones negativas al conjunto del sector de servicios y, con ello, a los miles de puestos de trabajo que genera”, ha explicado.

Para Garmendia, este globo-sonda se ha convertido en una posible cortina de humo o “chivo expiatorio” para tapar el “caos circulatorio” que vive la ciudad. Contrarios claramente al impuesto, el PSE-EE cree que la medida “parece una obsesión del PNV de Donostia ya que en otros municipios de Gipuzkoa donde este partido gobierna, o incluso en otros territorios, no quiere ni hablar de imponer una tasa que grave a quien decida pernoctar en la ciudad”, sostiene la representante socialista, que pide a Goia planes hacia un modelo “sostenible y de calidad”.

Desde uno de los iconos turísticos de Euskadi, Salinas de Añana (Álava) el consejero Hurtado también ha despejado el debate: “Hoy no es prioritaria ni pensamos aplicarla”. El titular de Turismo ha subrayado que en 2019 se abrió un debate interinstitucional en Euskadi en el que un gravamen de estas características “mayoritariamente fue rechazado”. Es más, ha incidido en que ni el PNV ni el PSE-EE contemplaban este tema en sus programas electorales y que tampoco figura en el acuerdo de coalición. Asimismo, si llegara en forma de tributo foral en virtud del Concierto Económico de Gipuzkoa tocaría analizar su encaje, aunque al Ejecutivo no le consta ningún movimiento de esta naturaleza más allá de unas declaraciones en una entrevista por parte de Goia. “No se va a implantar en esta legislatura”, ha recalcado Hurtado, que entiende que los esfuerzos han de estar puestos en la recuperación de la crisis de la pandemia, algo que parece que se logrará en 2022 respecto a 2019.

Tanto el Parlamento como las Cámaras forales de Bizkaia y de la propia Gipuzkoa han rechazado una medida semejante en el pasado. También muy recientemente el propio pleno local. Promovió el debate Elkarrekin Podemos-IU este lunes, antes de que estallara la polémica. Su grupo en Donostia defendió la tasa porque “es imprescindible una reflexión sobre los límites de los recursos naturales y los modelos de acumulación del sistema actual”. La formación defiende igualmente un “plan de decrecimiento turístico en la ciudad”. “El efecto que el turismo provoca sobre la vida en la ciudad es enorme y ejemplo claro de ello es el incremento en los precios de la vivienda, de productos básicos, la mayor generación de residuos, el incremento de la movilidad, o la destrucción del medio natural a través de proyectos planificados para desarrollar actividades que tienen una relación directa con el turismo y en consecuencia, en la situación de emergencia climática”, señaló la edil Haizea Garay. EH Bildu también ha terciado en el debate criticando a Goia por defender intereses privados con el actual modelo turístico. “No es en absoluto sostenible y cada vez más voces se alzan en la ciudad pidiendo un cambio de rumbo”, plantea la coalición. El PP, entretanto, se opone a la tasa con rotundidad: “Hay que decir no a las políticas confiscatorias”.

Las polémicas sobre el turismo en Donostia son recurrentes. En 2017 hubo ya protestas contra la masificación, este mismo año se ha criticado que el antiguo cinematógrafo Bellas Artes vaya a reconvertirse en hotel Hilton. Este periódico publicó un informe que reflejaba que el 40% de todos los pisos turísticos conocidos en Euskadi estaban en esta ciudad, a lo que se añade una oferta 'pirata' que ni el alcalde niega. Este verano se han sucedido las quejas por la proliferación de autocaravanas.

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