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Homenajean en la localidad zamorana de Fuentesaúco al primer miñón alavés fallecido en acto de servicio, en 1800

El homaneja al miñón fallecido en acto de servicio en 1800

Rubén Pereda

Vitoria —

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Durante más de 200 años, la losa número 12 de la iglesia de la localidad zamorana de Fuentesaúco albergó una incógnita. ¿A quién pertenecía el cuerpo que bajo ella yacía? Ahora, 224 años después, las pesquisas del investigador Jorge Cabanellas han sacado a la luz la historia del morador de esa lápida, Domingo de Amézaga, un miñón alavés que en junio del año 1800 se trasladó hasta la localidad zamorana para hacer frente a una banda de salteadores y acabó asesinado y convertido en el primer agente del cuerpo foral fallecido en acto de servicio. El Ayuntamiento del municipio, con la participación de la asociación cultural local La Reguera, le ha rendido homenaje este lunes en un acto en el que también ha participado el vicelehendakari y consejero de Seguridad en funciones del Gobierno vasco, Josu Erkoreka.

El de Miñones es un cuerpo policial peculiar. Fundado en 1793, es la Policía más antigua de toda España, más incluso que la Guarda Civil. En la actualidad, aunque subsumidos como sección de la Ertzaintza, sus agentes siguen patrullando las carreteras de Álava y multando, además de desempeñar otras funciones como la vigilancia de los edificios de la Diputación, incluida la Hacienda foral en la campaña del IRPF o los museos, o las Juntas Generales, el Parlamento provincial. Ahora, gracias a la investigación de Jorge Cabanellas, agente del cuerpo, ha permitido aflorar la historia de Domingo de Amézaga, miembro del cuerpo que en 1800 formó parte de un grupo de agentes que fue requerido en la localidad zamorana de Fuentesaúco para plantar cara a una banda de salteadores fuertemente armada y fue asesinado.

Como se desprende de la investigación de Cabanellas y está rememorando estos días la asociación cultural La Reguera, la petición de ayuda ante la actividad de los bandoleros en la zona de Fuentesaúco la emitió la Cancillería de Valladolid y llegó a la Diputación de Álava. Se conformó un grupo de ocho miñones alaveses y cuatro policías vallisoletanos. Era, según ha rescatado Cabanellas, “un grupo de policías fiables y honrados solicitados por los jueces castellanos para hacer frente a una de las bandas de salteadores más importantes de España, que se paseaba sin obstáculo alguno por las provincias de Zamora, Valladolid, Ávila y Salamanca”. Integrada por unas tres decenas de criminales, la banda estaba encabezada por figuras que se hacían conocer por los apodos de 'el Periquillo' o 'el Chafandín'.

Tras aprehender a uno de los criminales e incautarle algunas de las joyas robadas, los agentes se hospedaron en una fonda de la localidad. Allí fueron víctimas de una emboscada lanzada por el resto de criminales que integraban la banda. Domingo de Amézaga, a quien le impactó un disparo en la cabeza, fallecería dos jornadas después pese al trato recibido en el hospital local. Cabanellas, autor de una 'Historia de los Miñones de Álava', identifica a Amézaga como el primer policía fallecido en acto de servicio de la historia moderna de España. Dejó viuda e hijos. “Trasladarse a más de trescientos kilómetros de tu domicilio para defender a otras familias cuando dejas a la tuya atrás es algo que merece corresponder con honores”, señalan desde La Reguera, que ha participado en el homenaje de este lunes.

A Amézaga se le enterró con honores en la iglesia de Santa María, pero el discurrir del tiempo lo sumió en el olvido. Este lunes, en un acto alejado del duelo y orientado al homenaje, se ha dicho un responso acompañado de ofrenda floral para agradecer la labor del agente caído en acto de servicio. Al pueblo ha llegado también un grupo de miñones ya jubilados, que han lucido el uniforme de gala. Coincidiendo con las fiestas patronales de la localidad, toda la comitiva ha participado en la procesión de la Virgen de la Antigua, que ha partido de la iglesia en la que reposan precisamente desde hace 224 años los restos de Amézaga. En el homenaje, se le ha bailado un 'aurresku' al fallecido, al que también se le ha hecho una ofrenda floral.

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