Adiós a Rafa, el tabernero de la calle Pizarro

Fotografía de Rafael junto a mensajes de recuerdo en El Rincon de Falin

Un ramo de flores, varios carteles y fotos adornan desde hace unos días la persiana del Rincón de Falin, el único bar de la calle Pizarro. "Lloramos porque alguien tan adorable no debería tener una vida tan corta", indica uno de los folios pegados a la persiana, al que está unido un clavel. "Te echaremos de menos Rafa", añade otra cartulina coloreada por niños, a su lado.

Este altar improvisado recuerda a Rafael Álvarez Salgado, fallecido hace una semana de un ataque al corazón, ese que la mayoría de sus clientes destacan que era muy grande, con el que se ganó el cariño de los que le rodeaban. "Era una gran persona, siempre te sacaba una sonrisa, tenía un humor especial", recuerda de él Roberto, un trabajador de la misma calle en la que estaba abierto el bar.

Rafael abrió el Rincon de Falin en el año 2012, poniéndolo el apodo con el que sus amigos le conocían. Lo hizo después de abandonar un trabajo cómodo en la portería del edificio contiguo. Era un local sin pretensiones, alejado de los postureos que tanto abundan en Malasaña. Esa era una de sus características más valoradas, además del sabor de su tortilla de patata: "Era de las pocas tabernas de rollo clásico que quedaban en el barrio, en las que tomarte un café por 1,40€ o comer por cinco euros", relata Rafael García, administrador de lotería en la cercana calle Pez, donde su tocayo compraba los décimos que luego repartía en el bar. "Siempre me pedía que acabara en 22", recuerda.

No solo eran los precios, El Rincon de Falin tenía como principal valor a su dueño, de quien algunos clientes han dejado reseñas en internet durante los últimos días: "Tranquilidad, sentido del humor y siempre una mano cuando la necesitas sin importar quién seas y sin pedir nada a cambio. Son el tipo de personas que cambian el mundo", dice un tal Alfredo. "Nos acordaremos siempre del cariño con que nos atendías", añade Julia en otra reseña.

Allegados y familia (deja mujer y dos hijos) despidieron a Rafa el pasado domingo por la tarde, en un sencillo acto. Hoy, los ramos de flores, los carteles y las llamas de las velas siguen recordando la memoria de este malasañero, el último tabernero de la calle Pizarro.

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