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"El eje central de los presupuestos debe ser la equidad y la justicia social"

La Doctora en Economía y feminista Yolanda Jubeto apuesta por desterrar el capitalismo de la sociedad actual como solución para acabar con las desigualdades de género.

Advierte avances en el ámbito educativo pero alerta del peligro de "influencias externas- en referencia a los medios audiovisuales- que contribuyen a perpetuar el modelo patriarcal aún vigente".

"Con mayor participación ciudadana no existirían las corruptelas actuales porque habría una verdadera rendición de cuentas".

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Yolanda Juveto antes de la conferencia organizada por SETEM Hego Haizea.

Yolanda Juveto antes de la conferencia organizada por SETEM Hego Haizea.

La organización SETEM Hego Haizea ha presentado su oferta formativa sobre cooperación al desarrollo 2014-2015 y lo ha hecho de la mano de grandes expertos sobre decrecimiento, feminismo y consumo responsable, como Carlos Taibo y Yolanda Yubeto. Ambos han ofrecido una conferencia conjunta en la que ponen en cuestión el modelo de desarrollo capitalista y de crecimiento económico. La Doctora en economía apuesta por desterrar el capitalismo de la sociedad actual como solución para acabar con las desigualdades de género por unos presupuestos cuyo eje central sea "la equidad y la justicia social".

Pese a los logros, el día a día pone de manifiesto las desigualdades de género vigentes en la sociedad actual. Pero usted va más allá y habla de sometimiento, una visión que algunos sectores califican como algo exagerada. ¿Lo cree así?

No si analizamos los discursos hegemónicos y los modelos de feminidad y de masculinidad que nos transmiten constantemente.  Igual es muy simple decir que es el hombre quien ejerce ese sometimiento pero sí responde a un modelo masculino muy dominante, que quiere una mujer sumisa. Los cuerpos de las mujeres son muy utilizados para el sometimiento a esa imagen idealizada. En la moda se ve muchísimo. En la adolescencia, que es cuando estamos buscando nuestras referencias, lo que vemos es que los modelos que nos imponen no buscan reforzar una autoimagen, la autoestima de una mujer fuerte y empoderada sino sumisa, infantilizada y excesivamente delgada. Hay una tendencia a valorar a mujeres sumisas y cuando se apuesta por otro modelo, se nos muestra como todo lo contario, como mujeres muy dominantes. Siempre está presente la dominación, algo muy masculino. Son estereotipos que no responden a la realidad y sí al imaginario colectivo sobre qué es el poder, la sumisión, la dominación…

Las diferencias por género se siguen aún inoculando desde la infancia. ¿Cómo valora la actuación del modelo educativo en este sentido?

Desde el sector educativo formal se están dando muchos pasos. Hay avances en coeducación, en intentar que los modelos vayan cambiando. Pero la educación formal juega un papel muy pequeño en la educación infantil. Realmente las referencias se aprenden fuera de la escuela, en los juegos, en los dibujos animados, en las películas... en las que hay una serie de referencias a la infancia y a la juventud que dejan que la escuela tenga un poder muy limitado. También hemos de reconocer que las familias son todavía muy patriarcales pero en aquellas que apuestan por cambiar hacia modelos más democratizadores se encuentran con hijos que muchas veces adoptan los comportamientos que aprenden fuera. El poder de estos ámbitos más íntimos, que antes era tan fuerte, tan regulador, está siendo cuestionado y desplazado por muchas otras influencias externas que contribuyen a perpetuar el modelo patriarcal.

Usted señala al capitalismo como instrumento de fomento del patriarcado. Entiende entonces que no cabe otra solución para lograr la plena igualdad que un cambio de modelo económico. Pero esa transformación es para muchos una utopía. ¿Lo irrealizable para otros es posible para Yolanda Jubeto?

Vivimos en un mundo de competencia voraz y eso no ayuda a crear estructuras sociales alternativas pero están construyendo. Hay gente que está reaccionando aunque esos movimientos están muy invisibilizados, no se tienen en cuentan pero están funcionando. Solo hay que fijarse en todas la redes de economía alternativa, solidaria que resisten con sus múltiples dificultades. Hay mucha gente que busca más allá otra forma de consumir, de producir, las finanzas éticas... hay una batería de iniciativas que son indicios de que las cosas están cambiando y de que crece una conciencia colectiva de que el cambio es imprescindible para que podamos vivir mejor. El capitalismo se basa en la desigualdad, genera múltiples desigualdades y al capitalismo le interesa muchísimo que haya muchísimos trabajos, que estén muy mal remunerados y que haya una parte que esté totalmente invisibilizada, mal pagada. En esto le ha ayudado mucho el trabajo doméstico no remunerado. Hoy en día es verdad que la precariedad laboral y de la vida no afecta solo a las mujeres pero les afecta especialmente, no solo por la pobreza, por las condiciones laborales, dobles jornadas … el capitalismo se aprovecha de ello claramente. La crisis nos puede abrir los ojos o lo contrario, puede que nos venza el miedo también. Los fascismos también surgen en momentos de crisis y de repliegue porque también no han hecho ser una sociedad muy fragmentada y que confiemos muy poco en lo comunitario porque se nos alimenta continuamente en la desconfianza en los otros. El resto del mundo parece que es siempre un enemigo potencial, pero como he dicho, lo alternativo al modelo imperante se abre camino.

"La cultura de participación que se debe cambiar, democratizar y abrir. A muchas mujeres no les interesan los espacios de participación muy competitivos, muy egocéntricos"

Usted propone un presupuesto con enfoque de género. ¿Hasta qué punto? ¿Debe ser el feminismo eje central del diseño presupuestario?

Eje central de los presupuestos debe ser la equidad y la justicia social y redistribución. El enfoque feminista busca que esa equidad se dé entre las mujeres y los hombres que somos el 49% y el 51% y con toda nuestra diversidad, con todos los cruces de clase etnia…El feminismo complejiza esas relaciones. Sí, debe ser uno de los grandes ejes de la política pública y por lo tanto de los presupuestos y de su análisis. El desagregar entre mujeres y hombres de diferentes clases, edades, orígenes enriquece muchísimo en conocimiento de a quién beneficia y a quién no la política.

Pese a la paridad, la participación real de la mujer en el ámbito político es escasa. ¿A qué lo achaca?

A las múltiples tareas que tiene las mujeres que no son consideradas, que son invisibilizadas pero que le ocupan muchísimo el tiempo. Las mujeres en general no tienen el mismo tiempo libre que los hombres. Tienen muchísimos más obstáculos para participar. Lo hacen en entornos más cercanos que los grandes por los tiempos. Y la cultura de participación que se debe cambiar, democratizar y abrir. A muchas mujeres no les interesan los espacios de participación muy competitivos, muy egocéntricos. Si queremos ir hacia una democracia más participativa hay que poner los medios para que las mujeres y los hombres puedan participar y en el reparto de los tiempos y de los trabajos tenderemos que adoptar medidas.

¿En que ganaría la sociedad si la ciudadanía fuera más participativa en política?

No existirían las corruptelas que existen ahora porque habría una verdadera rendición de cuentas. Seríamos más conscientes de que deberíamos ser sujetos de actuación. Una parte muy importante para desarrollar las capacidades personales pasa por la participación en el ámbito público. Aporta satisfacción poder tener voz en las decisiones que se toman en tu entorno y en tu realidad, que te vayas formando y te sientas protagonista del devenir político. Muchas personas lo demandan y las que aún no lo han hecho es por el hastío que les provoca la situación política, por esa desafección hacia la política con mayúsculas pero habría que reivindicar la política con minúsculas para la gestión de lo común y de lo público.

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