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El Código Ético de Ciudadanos impedía recibir regalos cuando Rivera vivía en el apartamento de Sarasola que no aclara quién pagaba

Rivera, un dirigente que siempre ha hecho bandera de la transparencia en la vida política

Carmen Moraga

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Si hay algo de lo que más ha presumido Ciudadanos es el 10 en Transparencia que otorgó al partido en 2017 la organización Transparencia Internacional. “La mejor nota posible en la evaluación”, se jactó entonces el partido de Albert Rivera que desde su aterrizaje en 2015 en la política nacional ha hecho de la regeneración democrática y de la transparencia sus dos principales banderas.

Pero mientras presumía de ese galardón, el presidente de Ciudadanos y diputado por Madrid ocultaba que desde hacía varios meses vivía en un piso de 300 metros cuadrados propiedad del empresario madrileño Kike Sarasola, a cuyos negocios afectaban las leyes que se impulsaban en el Congreso y en la Asamblea de Madrid. El Código Ético del partido prohíbe expresamente recibir regalos por un valor superior a 75 euros. Todavía hoy Rivera no ha aclarado si pagaba por ese alojamiento.

Además de la Carta Ética que deben firmar todos los aspirantes a ocupar algún cargo público, el partido aprobó en su IV Asamblea General un Código Ético que obliga a todos los cargos públicos y orgánicos “a mantener una perfecta honradez y probidad en su conducta”. “Deberán velar siempre por el interés público y el servicio a los ciudadanos, y abstenerse de realizar cualquier conducta que pueda dañar la imagen u honorabilidad de la organización política”, señala su primer punto.

Meses después, en mayo del 2017, el partido también se comprometió a impulsar un “protocolo de actuación” ante la polémica generada por la presencia varios políticos en el palco de invitados del Santiago Bernabéu, entre ellos cuatro dirigentes de Ciudadanos (José Manuel Villegas, Fernando de Páramo, Ignacio Aguado y César Zafra), durante el encuentro entre el Real Madrid y el Atlético en la semifinal de la Champions. Rivera defendió su presencia porque “no fueron a hacer negociete”.

Pese a ello, el partido encargó a la secretaría de Relaciones Institucionales, Marta Rivera -hoy consejera de Cultura de la Comunidad de Madrid-, la redacción de ese protocolo que debería aprobar el Comité Ejecutivo y que, según anunciaron, iba poner “el listón muy alto”.

En febrero de 2019 Ciudadanos, siendo aún Rivera diputado, actualizó ese Código Ético y de Conducta del partido “con el objetivo de alcanzar los más altos niveles de integridad y comportamiento ético de todas las personas que lo constituyen”. Para ello se procedió a la creación de un Canal Ético y de un Gabinete de Cumplimiento. Fue entonces cuando se ampliaron las exigencias y en el apartado de “Compromisos Generales” se concretaba, en cuanto a la recepción de “obsequios y regalos”: “Se prohíbe expresamente a los cargos públicos u orgánicos de Ciudadanos la aceptación de cualquier regalo u obsequio, en efectivo o en especie, atención, hospitalidad, favor o servicio, cuyo valor supere los 75€ si procede de personas, físicas o jurídicas, vinculadas directa o indirectamente con la actividad pública o política del cargo”.

“En cambio, añadían- están permitidos, siempre que no estén prohibidos por la ley, los que se correspondan con prácticas comerciales o signos de cortesía, normales y usuales, generalmente aceptados, tengan un valor económico simbólico o irrelevante y no se realicen con el ánimo de influir en la objetividad e independencia que debe de regir el desarrollo de sus actividades. En todo caso, si el colaborador entendiese que el regalo tiene como finalidad influir sobre el ejercicio de sus funciones, deberá rechazarlo, con independencia de su cuantía o valor.

“Cualquier obsequio, regalo o similar que no cumpla las condiciones anteriores del punto 5.11.1 deberá ser rechazado antes de ser recibido. En caso de que, por cualquier causa, no haya podido evitarse su recepción, deberá ser devuelto inmediatamente. En caso de que, por cualquier causa, no sea materialmente posible su devolución, se declarará y comunicará al Canal Ético”, concluyen.

Exigencia a los diputados de una conducta intachable

Su obsesión por que su partido diera ejemplo, no obstante, data de mucho antes. De hecho, en febrero de 2016, recién llegado al Congreso, Rivera anunció que iban a aprobar un “Estatuto de Conducta” interno para sus entonces 40 diputados. El objetivo era controlar los gastos, viajes, reuniones, obsequios o invitaciones de todos los parlamentarios de Ciudadanos, datos que se comprometió a incluir en un Portal de Transparencia del grupo parlamentario “accesible a todos los ciudadanos”, según explicaron el propio Rivera y el entonces secretario general del grupo parlamentario, Miguel Gutiérrez, en rueda de prensa.

Ese reglamento del grupo parlamentario, con las normas de trabajo y las exigencias a sus cargos, fue aprobado poco después por la Ejecutiva del partido para que afectara no solo a los miembros en el Congreso, sino también del Senado y el Parlamento Europeo con el objetivo de “rendir cuentas” ante la sociedad y los votantes.

En esa comparecencia, tras reunirse por primera vez con su grupo, el líder de Ciudadanos, además, anunció que, al igual que Podemos, renunciaban a los coches oficiales de los que pudieran disfrutar sus portavoces y miembros de las mesas de los órganos de la Cámara para “contingencias”. También rechazaron la conexión a Internet en sus domicilios pagada por el Congreso. Lo único que aceptaron fueron los iPads y los teléfonos móviles.

Rivera arengó a sus compañeros pidiéndoles que “trabajaran por España” guiándose siempre por “la honestidad, la honradez, el trabajo, el sentido de Estado, la transparencia y la rendición de cuentas”. Además, aseguró que en su partido y en la vida política no valía “la opacidad, las excusas y atrincherarse en las siglas políticas”.

Gutiérrez incidió mucho en que ese reglamento interno estaría basado en la “transparencia”, comprometiéndose también a que los diputados harían públicos todos sus gastos y ofrecerían los detalles de sus viajes, un compromiso que no se ha cumplido porque estas partidas quedan diluidas en los datos que ofrece trimestralmente la Cámara sobre la cuantía global de los viajes de los 350 diputados.

El líder del partido incluyó en los dos pactos de investidura que cerró, primero con Pedro Sánchez -acuerdo que naufragó-, y, posteriormente, con Mariano Rajoy, sus exigencias de regeneración democrática. En la anterior legislatura el Congreso aprobó un estricto Código Ético en el que entre otras cosas se exige a los diputados “rechazar todos los regalos que no sean de mera cortesía o de familiares”.

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