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Entrevista

Javier Couso: "El TTIP es el último clavo en ese ataúd neoliberal en el que el mercado entierra a la democracia"

El eurodiputado de IU se encuentra en plena campaña contra el Tratado Transatlántico para el Comercio y la Inversión, que considera que potenciará "el estado de excepción" que vive la UE.

Habla también de la crisis de los refugiados tras los atentados en París: "Si la UE no había hecho nada hasta ahora, se va a complicar todavía más (...). Son los están pagando las consecuencias".

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Javier Couso.

El eurodiputado de IU Javier Couso (Ferrol, 1968) pasa en Andalucía en su campaña para explicar por qué su grupo se opone a la aprobación del Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión (TTIP, en sus siglas en inglés). El objetivo es que la gente conozca cómo va a afectar a su vida diaria un pacto que negocian EEUU y la UE desde hace tiempo "prácticamente en secreto", porque su incidencia en la cotidianidad será incluso mayor que la OTAN, que en su día originó también una fuerte contestación, pero la entrada de España se decidió por referéndum, que exige también para esto. 

¿Por qué es tan importante esta campaña contra el TTIP en estos momentos?

En estos momentos se continúa con la onceava ronda de negociaciones, que se estaban llevando totalmente en secreto. Gracias a la presión que supuso la recogida de más de un millón de firmas de europeos, hemos conseguido saber un poco más, pero no todo, ni de lejos. También han servido las filtraciones que han hecho los hackers. Las autoridades de uno y otro lado quedaron muy al desnudo porque colgaron toda la negociación y nos pudimos enterar de algunas cosas.

¿Cómo están las posiciones repartidas en el Parlamento Europeo con el TTIP?

Para ser más precisos, lo que hay es una disfunción absoluta entre lo que piensan el centro y la periferia, lo cual es gravísimo. En el Parlamento Europeo todavía se ve la gran coalición funcionando. Lo veo a diario en las comisiones y en el plenario. Populares y socialistas votan como rodillo en el 80% de los casos. El TTIP tiene la oposición de la Izquierda Europea y Los Verdes; de la extrema derecha francesa también, hay que decirlo; y luego están las disidencias entre los socialistas, esencialmente por la postura de diputados franceses, holandeses y alemanes.

¿Pero tienen los eurodiputados acceso a lo que se está negociando?

Muy escaso. Si queremos ver lo poco que nos dejan, tenemos que despojarnos del teléfono móvil y sólo nos dan un lápiz y un papel. Pero las filtraciones, por ejemplo, nos permitieron descubrir que el 90% de las reuniones para negociar el TTIP son con las grandes multinacionales y no con las organizaciones y los representantes de los ciudadanos.

Póngame un ejemplo práctico de cómo afectará a los ciudadanos.

Comeríamos carne clonada o pollo hormonado a unos niveles que sólo se permite en EEUU. Hay más de 1.000 sustancias químicas, no sólo en la alimentación sino también en perfumería por ejemplo, que se usan en EEUU y aquí están prohibidas. Claro que afecta a la gente. Pero aparte de los estándares de protección de la salud, se tendría que retroceder en la prohibición del fracking, que en EEUU se permite, por poner otro ejemplo. 

¿Dónde están los puntos conflictivos en la negociación?

Hay todavía bastantes problemas entre EEUU y UE en temas de agricultura y de comercio, pero no sabemos mucho más. También ha habido diferencias en el seno del Parlamento Europeo, por ejemplo entre los socialistas, pero por desgracia no fue desde la bancada del PSOE, sino de los de otros países. Hubo mucho enfrentamiento en término de protección de datos en internet y parece que han llegado a algunos acuerdos. Estaría bien que tuviéramos información para saber de qué estamos hablando. Nos hemos quedado alucinados cuando se revelaron los datos por la filtración vía internet.

Precisamente la agricultura es clave en este país, ¿cómo le afectaría lo que conocen el TTIP?

Entrarían a saco las grandes multinacionales sin cortapisas. También en materia de comercio está habiendo grandes problemas en este sentido entre las multinacionales europeas y las americanas. 

¿Habría que hacer cambios en las legislaciones?

El objetivo es armonizar las legislaciones a la baja. Para ello están apretando con su poder los monopolios (que ya son oligopolios), por ejemplo de la industria de la alimentación. Pero sí, las legislaciones de los países tendrían que cambiar, y las competencias de la UE, también. Pero no está muy claro cómo va a pasar. Sobre todo con algo que nos da mucho miedo. El TTIP está basado en acabar con nuestras barreras, reguladoras que es lo que nos hemos dado para contar con unos estándares mínimos en derechos de los trabajadores y en seguridad laboral y alimentaria. No hay más que ver cómo es el contrato en EEUU, que no tiene las regulaciones conseguidas en nuestros países gracias a la lucha obrera, si bien es cierto que nos las van quitando cada día. 

Entonces, ¿cree necesario un referéndum como con la OTAN?

Cuando se van a modificar leyes que han costado sangre, sudor y lágrimas frente a los poderosos y la dictadura se debería consultar a la ciudadanía. Espero que así sea. Por lo menos ya se empieza a hablar de TTIP, que es como los vampiros: si le da la luz, o sea, si la gente la ve, se muere. Pero les da mucha alergia un referéndum. Les gusta una democracia formal, pero no la real. En teoría hay que ratificarlo por los parlamentos. Pero el Parlamento Europeo tiene pocas capacidades legislativas.

Le hemos oído hablar de que vivimos "un estado de excepción", ¿por qué?

Es la realidad en esta UE de centro y periferia, donde nos ha tocado ser la parte que está relegada, desindustrializada y sólo viviendo del turismo y el ladrillo. Hemos tenido que hacer lo que nos decían. Una excepcionalidad en todos los terrenos: en los derechos de los trabajadores, con las reformas laborales que blindan el trabajo precario. También con la reforma judicial, que ha supuesto una mayor represión, por ejemplo con la ley mordaza. Y tenemos también la excepcionalidad militar: somos un portaviones de EEUU y la OTAN. Y ahora llegamos a la excepcionalidad comercial, lo que sería renunciar a nuestra soberanía para que las multinacionales entren a saco. Es el triunfo liberal de la desregulación de todo. Si eso ocurre, los que dominan son los que tienen más fuerza.

Hemos visto casos en los que se afrontan modificaciones clave como la de la Constitución Española con el artículo 135 y no hace falta consultar a la ciudadanía. Podría pasar lo mismo, ¿no?

Lo pueden imponer, claro. Cuando hablo de estado excepción, me refiero a eso. Una CE que era intocable, como por ejemplo nos dicen a la hora de plantear el modelo territorial, llegan los poderes financieros y con una llamada lo consiguen. Y lo que se hizo con el artículo 135 fue suspender toda la CE, porque si pones por encima de los derechos de la ciudadanía, como pagar la salud o la educación, para hacer frente a la deuda, es suspenderla, o por lo menos ponerlo por encima.

¿Es esto igual o peor que el fracasado intento del Acuerdo Multilateral de Inversiones (AMI) de los 90?

Es la reedición del AMI. En los 90 no se pudo imponer por las protestas y esperamos que ahora ocurra lo mismo, porque es una locura. Porque pretende también poner tribunales de arbitraje, por lo que si una regulación de un país afecta a los intereses de una multinacional, ésta lo podrá denunciar. Es poner esos tribunales de arbitraje por encima a los intereses del país. Muchas firmas tienen cuentas de resultados que no son los PIB (producto interior bruto) de los países. Es poner a las grandes multinacionales por encima de las personas.

Pero en un mundo globalizado, ¿no cree que tienen lógica estas alianzas?

Nos han intentado convencer de que las naciones han muerto, pero no es cierto. Esas regulaciones nos protegen. Los aranceles entre EEUU y UE ya son prácticamente inexistentes, por lo que es mentira. Lo que quieren las multinacionales es acceder a los servicios públicos que en la UE están blindados, afortunadamente, aunque poco a poco hemos visto cómo han perdido esa garantía.

¿Qué tiempo le da a la negociación?

Dudo que pueda salir el TTIP el próximo año, pero Martin Schulz [presidente del Parlamento Europeo] decía que es prioritario aprobarlo por encima de todo. Pero también lo era aprobar la Constitución Europea y los franceses le aguaron la fiesta, por lo que tengo confianza en que la gente consciente consiga pararlo. Sería el último clavo en ese ataúd neoliberal para que el mercado esté por encima de la democracia.

¿Perdería su identidad la UE si va tan a la baja en la negociación?

Mire, España fue el país más europeísta porque salía de 40 años de dictadura y el ideal de nuestra gente era acercarnos a nuestros vecinos, o sea salir de la oscuridad. Pero resulta que este proyecto nos ha hecho ser la parte más afectada porque es una UE de centro y periferia. El sur y el este hemos sufrido más que nunca. Estamos viendo un nivel de paro y emigración que no se veía desde los años 50. La gente empieza a replantearse si ésta es la UE que nos vendieron.

¿Es el caso de Grecia un buen ejemplo de esa desconexión con los principios?

Veo que la UE está haciendo aguas por todos lados. Nos hemos dado cuenta mucha población de que ésta no es una federación, sino un pseudofederalismo autoritario dirigido por Alemania. El Banco Central Europeo es un ejemplo con sus políticas, en lugar de dedicarse a ayudar a los países, como ocurre en otras organizaciones monetarias con fiscalidad común, presta en primer lugar a los mercados, para que se lo revengan a las naciones con elevados intereses. La gente queda muy tocada, por ejemplo de ver cómo se humilla a un país como Grecia, que representa poquísimo del PIB de la UE y hubiera sido muy fácil ayudarla, sobre todo Alemania, que ha salido reforzada en la balanza de pagos.

Y siguiendo con esa identidad y el sueño europeo, ¿por qué no se ha sabido responder a la crisis de refugiados?

Ha sido una crisis que no es como las que vivíamos antes, de gente que salía de países expoliados, que también tienen derecho, claro, sino de personas que huyen de guerras que hemos creado nosotros. La de Irak, la de Libia y la de Siria, donde se implicaron la mayoría de las naciones de la UE. La UE se basaba en las declaraciones ampulosas del derecho al asilo y estamos viendo que no es cierto. Somos una parte del mundo con problemas de natalidad y una esperanza de vida  en aumento, por lo que hay sitio. También es cierto que resulta clave tratar de solucionar esos conflictos. Porque la gente no emigra por gusto.

¿Cómo cree que afectarán a los compromisos adquiridos los atentados en París?

La extrema derecha, aunque a veces no lo diga, ya está vinculando los atentados con los refugiados. Si la UE no había hecho nada con los refugiados hasta ahora, se va a complicar todavía más. Son los que han empezado a pagar las consecuencias de esta guerra xenófoba.

 

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