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La fácil coalición entre Compromís y Podem en ocho gráficos

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El pasado jueves se publicaba en este mismo espacio un artículo que tenía por título La difícil coalición entre Podem y Compromís en ocho gráficos, en el que el autor, Anselm Bodoque, intentaba demostrar que una coalición entre Compromís y Podem de cara a las elecciones generales del 20D sería, probablemente, contraproducente para ambas fuerzas. Sin entrar a valorar cómo se ha llegado a esta conclusión, pues no la justifica, fijémonos en el análisis de los datos, pues el autor comete un error frecuente al interpretar encuestas: confundir los porcentajes de fila con los porcentajes de columna.

¿Y qué significa esto? Pues bien, cuando analizamos el voto a los partidos en una encuesta, Podem hacer diferentes tipos de análisis, el más sencillo de los cuales es cruzar el voto al partido en cuestión con otra variable, como, por ejemplo, la ideología.

Al cruzar ambas variables, nuestro software de datos nos puede mostrar, entre otras cosas

a)    Los porcentajes de fila, que nos informa del perfil ideológico de los votantes de un partido.

b)    Los porcentajes de columna, que muestra el perfil partidista de una posición ideológica.

Es decir, si utilizamos los porcentajes de fila, se nos mostrará el 100% de los votantes del partido divididos en las diferentes categorías de la escala ideológica; mientras que si analizamos los porcentajes de columna, obtendremos el porcentaje de apoyo que ha recibido un determinado partido entre todos los encuestados que se sitúan en una categoría determinada de la escala ideológica.

Es evidente que para determinar cuán diferentes son los electores de Compromís y los de Podem, debemos analizar el perfil ideológico, de edad, etc. de los votantes de ambos partidos; es decir, debemos utilizar los porcentajes de fila.

¿Y qué resultados obtenemos si aplicamos los datos correctos? Lo que podemos observar en el Postelectoral del CIS de las elecciones autonómicas de 2015 es que los electorados de Compromís y Podem son prácticamente idénticos en casi todos los casos. Y en los que aparece alguna diferencia, no implica contradicción entre ambos, sino una posible complementariedad.

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Al analizar bien los datos, los electorados de Compromís y Podem son prácticamente idénticos en materia de ideología (gráfico 1) y edad (gráfico 2). Ahora bien, el autor sostiene que en materia de estudios, condición laboral y estatus socioeconómico, las diferencias entre ambos son significativas, de lo que se deduciría que “el éxito electoral de la coalición no parece, ni mucho menos, garantizado”.

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En materia de estudios (gráfico 3), las diferencias significativas se encuentran entre aquellos votantes que cuentan con una educación ‘Secundaria de 1ª Etapa’ y los que cuentan con estudios ‘Superiores’. Los primeros suponen un 32,53% de los votantes de Podem, por un 15,58% de los de Compromís. Y, a la inversa, los segundos suponen un 35,06% de los votantes de Compromís por un 18,07% de los de Podem.

En cuanto al perfil ocupacional (gráfico 4), podemos observar que casi un cuarto (24,68%) de sus electores se sitúan están ocupados en puestos de ‘Técnicos o cuadros medios’, mientras que Podem se nutre, fundamentalmente, de ‘Parados’, que suponen un 38,55% de su electorado.

Y en cuanto a el estatus socioeconómico (gráfico 5), Compromís se nutre un 10% más de ‘Clase alta o media-alta’que Podem, mientras que el electorado de éste se basa en un 9% más en las ‘Nuevas clases medias’ que el de Compromís.

Ahora bien, una vez constatadas las sutiles diferencias entre ambos electorados en estas variables, debemos hacernos una pregunta fundamental: ¿Estas diferencias, per se,supondrían que una parte importante de ambos electorados no votase a una hipotética coalición entre Compromís y Podem? Difícilmente podríamos sostener que ambas distribuciones de votantes son excluyentes, ya que, por ejemplo, Compromís cuenta con un 20% de votantes que se sitúan en las ‘Nuevas clases medias’ o más de un 25% de ‘Obreros cualificados’, aún situándose un 35% de sus votantes en la ‘Clase alta-media alta’. Lo mismo podríamos argumentar sobre las otras variables. Si la distribución de votantes de cada del partido muestran una transversalidad importante en determinadas variables, no es esperable que esas variables determinen el voto al partido en cuestión. Y éste es el caso.

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Analizaremos ahora el perfil de sentimiento nacionalista de los votantes. Volvemos a ver dos distribuciones muy semejantes, aunque con una sensible diferencia de los votantes de Podem hacia el sentimiento más español (9,21%) o el únicamente español (22,37%). Frente a ello, Compromís cuenta con un porcentaje superior de votantes que se colocan en la categoría ‘Tan español como valenciano’ y ‘Más valenciano que español’, aunque, paradójicamente, obtiene un resultado un poco menor de los que se sienten ‘Únicamente valenciano’ (2,05% frente al 2,63% de Podem). Aunque alrededor de un 80% de los votantes de ambos partidos se sitúan en las categorías centrales y el grueso de ambas (71,92% en el caso de Compromís y 60,53% en el de Podem) en la categoría ‘Tan español como valenciano’, alguien podría argumentar que ese 20% de votantes de Podemque se identifican como ‘Únicamente español’ podría ser un problema para votar a una hipotética coalición entre ambos partidos.

Sin embargo, lo que encontramos es que el grueso de los votantes de ambos partidos se encuentra ‘Muy Cercano’, ‘cercano’ o ‘Ni cercano ni distante’ respecto al otro partido.En el caso de Podem, la suma de estas tres categorías supone el 92,21% de sus votantes; y aquellos que se muestran ‘Distantes’ o ‘Muy distantes’ sólo son el 7,8% de sus votantes. Parece pues que no se vota ni se valora a Compromís en función del sentimiento nacionalista. En el caso de Compromís, un 72,85% de sus votantes se manifiestan dentro de las tres primeras categorías respecto a Podem, mientras que el porcentaje que se muestran ‘Distantes o ‘Muy distantes’ es mayor al que muestran los votantes de Podem respecto a Compromís; en concreto, un 19,87% se muestran ‘Distantes’ y un 7,28% ‘Muy Distantes’.

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Así pues, hecho este recorrido por los perfiles muy semejantes de ambos electorados, sólo nos queda preguntarnos: ¿por qué todo esto debería importar de cara a una coalición entre ambos? Y más importante: ¿cómo afecta esto a ambos partidos?

En primer lugar, debemos fijarnos en la coyuntura que rige estas elecciones. Según el Barómetro de Septiembre (2015) del CIS, los principales problemas de España para losciudadanos son, en este orden: a) el paro; b) la corrupción y el fraude; c) los problemas de índole económica; d) los políticos, los partidos y la política, en general; y e) la sanidad.De seguir las cosas como ahora, pues, la competición electoral se estructurará en dos grandes ejes: el económico y el de regeneración democrática; y en ambos ejes,los discursos de Compromís y Podem coinciden prácticamente en su totalidad.En esta lista de principales problemas, ‘Los nacionalismos’ ocupan sólo el 2,3% de las respuestas, por lo que, a día de hoy, el sentimiento nacional no estructurará la competición de partidos.

En segundo lugar, para analizar los efectos potenciales de la coalición entre estas dos fuerzas, debemos hacernos una pregunta capital: ¿de producirse la coalición, qué opción tendrían los desencantados con el pacto? Hemos visto, por ejemplo, como la CUP constituía, siguiendo a Albert Hirschman, una exit option para los votantes de ERC que no querían dar su voto a una coalición en la que también estaba Convergència. En estas elecciones, que apuntan a máximos históricos de participación, no es esperable que los electores desencantados con el pacto de Compromís y Podem se quedaran en casa y, en cualquier caso, tampoco cuentan con una exit optionclara para dejar de votar al partido por el que votaron y optar por otro. En base a esto, podemos esperar que las posibles ‘deserciones’ de antiguos votantes se minimizarían.

En tercer lugar, al ser Compromís una fuerza de ámbito autonómico, ha estado (Compromís y previamente el Bloc) afectada por el voto dual. Es decir, una parte no despreciable de sus votantes han tendido a votar a una fuerza de ámbito estatal en las elecciones generales y a las europeas. Ocurrió en las generales de 2011, en las que Compromís pasó de 176.213 votos en las autonómicas de 2011 a 125.150 votos. Y ocurrió también en las europeas de 2014, en las que consiguió 138.488 votos, quedando en sexto lugar, por detrás de EUPV, UPyD y Podemos.Es previsible que este fenómeno se volviese a repetir en estas elecciones entre Compromís y Podem; fenómeno que una hipotética coalición absorbería.

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Este trasvase de votos desde una fuerza autonómica a otra estatal en elecciones generales y europeas se ve especialmente reforzado en aquellas circunscripciones donde el efecto de nuestro sistema electoral es menos proporcional.Cruzar el umbral efectivo para obtener al menos un diputado es especialmente complicado en las circunscripciones en las que se reparten pocos diputados, como en Castelló (5) y los efectos de la proporcionalidad de la ley electoral se diluyen en circunscripciones medias, como Alacant (12) o Valencia (16). En este tipo de circunscripciones, acumular un porcentaje de voto considerable para salvar los efectos desproporcionales del sistema electoral es muy importante.

De acuerdo con todo lo que hemos podido observar, se puede deducir que Compromís y Podem ocupan un espacio electoral muy similar en algunos aspectos y complementario en otros. En esta coyuntura política, la coalición entre ambas fuerzas puede ser, en principio, muy positiva electoralmente, puesto que la estructuración de la competición electoral se está realizando en base a la economía y la regeneración democrática, ejes en los que los discursos de ambas fuerzas coinciden.

Que Compromís pueda encabezar una coalición electoral que pueda competir por el primer puesto en las elecciones generales pondría tanto a Compromís como a Podemos en una posición de fuerza frente al PSPV-PSOE y evitaría que la coalición valencianista perdiese fuelle debido a la aparición, como se espera, de un fenómeno de voto dual entre Compromís y Podem.

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