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¿Pero Rajoy está de verdad peleado con Merkel?

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Mariano Rajoy y Angela Merkel. / Efe

La propaganda sigue ocupando el espacio de un auténtico debate sobre la situación económica. En toda Europa, pero particularmente en España. Ahora, seguramente para distraer la atención respecto de la terrible noticia de los casi 6 millones de parados, en La Moncloa se han inventado una supuesta presión del gobierno español sobre Alemania a fin de que este país relaje su disciplina fiscal y salarial, los germanos puedan consumir más y aumenten así las exportaciones procedentes de países como el nuestro. Rajoy lleva repitiendo ese mensaje desde hace un par de semanas y en Chile acaba de reclamar “medidas expansivas” a Berlín. Lo malo es que Angela Merkel le ha contestado con un desplante: “Alemania ya está ya está haciendo su aportación al reforzamiento del euro y lo que España tendría que hacer es aumentar sus exportaciones a Latinoamérica”, dijo la canciller alemana, también en Santiago.

Pero es que, sin necesidad de declaraciones que lo confirmen, las posibilidades que hoy tiene el gobierno español de influir para que Alemania cambie su política económica son nulas. Y no sólo porque una de las mayores prioridades de la señora Merkel es ganar sus elecciones generales de septiembre, a las que se presenta luciendo como principales activos la austeridad y la rigidez frente a las demandas de los endeudadísimos países del sur de Europa. Sino también porque la convicción generalizada entre los políticos y los economistas alemanes es que en estos momentos sigue sin caber alegría alguna, que el rigor debe de mantenerse. Aunque hayan bajado las primas de riesgo de España, de Italia y de Portugal y el euro se haya alejado un tanto del abismo en el que estaba hace unos meses (porque Alemania ha permitido que el BCE abra la mano y también porque el Tribunal constitucional germano sancionó que Berlín podía participar en el fondos europeos de salvamento).

Para confirmar cuales son las verdaderas preocupaciones alemanas, el Frankfurter Allgemeine Zeitung publica hoy el resumen del informe que acaba de elaborar el IFO, el influyente instituto de investigación económica de Munich. En el que, además de concluir que la crisis del euro no ha sido aún superada, destacan dos puntos: uno, que a que más miedo tienen los economistas alemanes es a que crezca la inflación, porque eso reduciría su capacidad de exportación –madre del cordero de la actividad económica germana-, por lo que excluyen de plano cualquier alegría expansionista, interior o exterior. Y, dos, que lo que tienen que hacer países como España, Grecia y Portugal –el informe no cita a Italia en este contexto- es reducir aún más sus costes: el IFO lo dice bien claro: “Hasta un 30 %”. “Es la única vía para que esos países sean competitivos”. Y, más de lo mismo: en una entrevista a Der Spiegel, el representante alemán en el BCE, Jörg Asmussen, responde así a la inquietud del semanario respecto de la inflación: “Esté usted tranquilo, si vemos el mínimo signo de aumento de la presión inflacionista, actuaremos”.

Está claro que Rajoy no va a contar nada de eso. Y sus corifeos tampoco van a subrayar que el presidente del BCE, Mario Draghi, además de decir que las perspectivas económicas europeas empiezan a ser más positivas, que el euro ya no está en riesgo inminente de desaparición (que eso sí ha salido en RTVE) Mario Draghi ha añadido que esa evolución positiva depende que los gobiernos de la eurozona continúen recortando sus presupuestos y haciendo reformas.  Ni van a decir que el reforzamiento del euro tiene una cara negativa y es que encarece las exportaciones a países que no tengan la moneda única cuando buena parte de ellos (Japón, Estados Unidos, Gran Bretaña, por no hablar de China, Corea del Sur y Brasil) están alentando una caída del valor de sus divisas ( I Sole 24 Ore).

En definitiva, que el disentimiento formal de Rajoy con Angela Merkel, que algunos han calificado de “rebelión”, está, sobre todo destinado al consumo interno. Pero no hay que descartar que La Moncloa siga tirando de ese hilo, a falta de otros asideros a los que agarrarse.

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