La urbanización de Arkaiate en Vitoria podría prolongarse varios meses

Las obras de urbanización de los sectores de Arkaiate y Larrein del barrio de Salburua en Vitoria tardarán en reanudarse a pesar de las buenas palabras expresadas por el alcalde Javier Maroto. Los residentes seguirán pisando el rudo hormigón de los tramos sin pavimentar porque la empresa encargada de urbanizar esos sectores, la navarra Azysa, se ha declarado en quiebra. Sustituirla conlleva una serie de trámites que todavía no se han iniciado. La sociedad Ensanche XXI deberá sacar de nuevo a concurso las obras para adjudicarlas a otra constructora, pero eso será, una vez liquidadas cuentas con la empresa en suspensión de pagos. Y este proceso podría alargarse durante varias semanas.

Los vecinos deberán habituarse a la desangelada fisionomía del barrio. De momento nada invita a visitar Arkaiate y Larrein. Los últimos sectores de Salburua sur ofrecen un aspecto de lo más inhóspito a aquel que se aventura a conocerlos. Desde la rotonda del Paseo de la Ilíada, se divisan, a lo lejos, a más de kilómetro y medio de distancia, las construcciones de esa zona hostil.

Son media docena de bloques agrupados en torno al río Santo Tomás. Esos edificios y los ubicados en Boulevar de Salburua, artería principal del barrio, están separados por esa explanada de más de 1.500 metros repleta de solares vacíos, en los que crecen desordenadamente arbustos silvestres e indómitos hierbajos. Esta vegetación convive con escombros, palés, ladrillos sobrantes y basuras. “En muchas viviendas se están haciendo reformas y los encargados se deshacen aquí mismo, como si esto fuera una escombrera, de las piezas sobrantes. Se ven desde lavabos hasta váteres, y aunque suele pasar brigadas de limpieza, no lo hacen con la periodicidad suficiente”, explica Aitor Fernández de Retana, vecino de uno de los últimos números de Gabriel Martínez de Aragón.

Parón en la VPO

El Gobierno de la Green Capital tampoco ha llevado hasta allí todavía ni árboles ni jardines ni parques infantiles o mobiliario urbano como señales, bancos o semáforos. Los terrenos desaseados se separan entre sí, en muchos casos, por vías sin asfaltar, suelos de gravilla y restos de cemento que dificultan el paso.Desde el Ayuntamiento llegan mejoras, los contenedores de reciclaje, la planta neumática de recogida de basuras, pero a un ritmo lento, como la urbanización de sus calles.

Los vecinos repiten insistentemente la misma letanía. “Necesitamos que se pavimente ya la zona”, suplica Vanessa Santiago, inquilina del número 49 de Larrein.

Algunas de esas parcelas, ahora abandonadas, cobijaran en un futuro, según el plan de equipamientos del Ayuntamiento, un campo de fútbol, unos huertos urbanos o una pista de trial. El equipo de Javier Maroto se ha comprometido a dotar al barrio de estos servicios antes del 2015.

Pero el resto de los solares, en su gran mayoría, permanecerá vacío. El aspecto del barrio no va a variar demasiado en unos años. Ya no hay demanda de viviendas protegidas. “Va a costar rellenar los huecos. Es difícil, dado el parón en la construcción, que se levanten los pisos inicialmente proyectados.” explican fuentes municipales.

Cuando comenzó la expansión de la ciudad cerca de 19.000 personas estaban inscritas como demandantes de una vivienda de VPO. A principios del 2011 los solicitantes eran cerca de 3.000. De ellos, 2.800 adjudicatarios rechazaron a lo largo de ese año las viviendas que las instituciones proyectaban construir para ellos porque no podían afrontar el pago de las hipotecas por la falta de financiación de los bancos. En el último sorteo celebrado el pasado 20 de enero estaban apuntadas solamente 33 personas.

La paralización de la construcción de estas promociones y los retrasos en la urbanización amenazan con perpetuar la actual apariencia del barrio.

Barrios sin alma

Tampoco los emprendedores se animan a instalar allí sus negocios. No hay ni tiendas, ni bares ni ningún otro tipo de establecimiento público. “Los locales siguen estando muy caros. Sí van a abrir una cafetería los propietarios del Green de Zabalgana. Les vamos a dar un recibimiento de aúpa”, se alegra Aitor, el vecino de Arkaiate.

El barrio crece como espacio dormitorio donde el intercambio social, de momento, va a ser mínimo. “Los residentes, en su mayoría, van dormir y a comer a sus casas y escapan al centro de la ciudad por los garajes. Es difícil toparte con ellos en la calle”, dice Vanesa.

Las reclamaciones llegan también desde el otro extremo de la ciudad. Los vecinos de Borinbizkarra, sector entre Zabalgana y Sansomendi, reclaman la creación de una línea propia de autobús para el barrio desde hace meses. Pese a su insistencia han contemplado con resignación como el transporte público sí llegó el pasado mes de febrero, con la ampliación de la línea 7, hasta Arkaiate y Larrein, pero no a ellos, aunque el alcalde anunció ayer por twitter que antes del verano complacerá esta demanda.

El mantenimiento y limpieza de las parcelas en desuso es otra de sus reivindicaciones.

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