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Agua, pandemia y temporeros inmigrantes de Huelva: “No vamos a provocar ningún efecto llamada por tratar a las personas con dignidad”

Imagen de un asentamiento chabolista de la provincia de Huelva

Javier Ramajo

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La situación no es nueva pero su complejidad se agranda con el estado de alarma establecido para tratar de contener la expansión del coronavirus. Mientras el Gobierno de España aprobaba el martes un decreto para que jóvenes inmigrantes y parados trabajen en el campo durante la crisis, la Asociación de Nuevos Ciudadanos por la Interculturalidad (ASNUCI), formada casi en su totalidad por personas de origen africano residentes en asentamientos chabolistas de Huelva, gestiona diariamente el reparto de agua del camión cisterna contratado por el Ayuntamiento de Lepe para asistir a los asentamientos chabolistas de temporeros inmigrantes. Pese a suponer “un paso”, reclaman puntos de agua fijos, como ha pedido la Mesa Social del Agua de Andalucía. “Estas personas son necesarias. Aquí trabajan todos, con papeles o sin papeles. Habría que regularizar su situación y, además, darles unas condiciones de vida dignas, porque no hay alternativa habitacional ninguna. No vamos a provocar ningún efecto llamada tratando a las personas con dignidad”.

Quien habla es Alba Rudolph, trabajadora social de ASNUCI, que explica que en Lepe solo existen desde hace años dos puntos de agua, uno situado en la Calle Fuente Vieja, en la carretera hacia El Terrón, y otro situado junto al cementerio municipal. En ellos toman agua la mayoría de residentes en asentamientos. No hay ningún punto de agua nuevo y muchos asentamientos quedan muy lejos de los mismos. El Ayuntamiento ha contratado un camión cisterna que recorre los asentamientos tres días en semana de 15h a 20h y que gestiona la propia ASNUCI. Telefónicamente, se les ha anunciado que ampliarán el servicio a los cinco días laborables.

“Pedimos puntos de agua fijos mientras las chabolas sigan existiendo, porque hay que poner un mínimo de dignidad en la vida de estas personas, pero no quieren que esos puntos sobrevivan a después de la emergencia. Los ayuntamientos piensan que, si se trata bien a los inmigrantes en los asentamientos, se les da agua o se les empadrona, se provoca un efecto llamada. El único efecto llamada que hay aquí es el trabajo. Cuando no hay trabajo, todo el mundo se va. Lo demás es dignificar la vida de las personas”, asegura Alba Rudolph, bien conocedora de la situación de los asentamientos que, al menos en Lepe, se arrastra desde 1982.

“Aquí trabajan todos, con papeles o sin papeles”

“¿Después de tanto tiempo no han podido ni siquiera poner puntos de agua ante una emergencia? Entiendo que hay que proteger los intereses de los propietarios de los terrenos, pero es que no hay alternativas reales de vivienda. No vamos a provocar ningún efecto llamada tratando a las personas con dignidad. Les damos lo que necesitan, que es demasiado poco, pero medios para ello tiene la administración y tienen los empresarios”, considera la trabajadora.

Alba Rudolph, como otras organizaciones, sindicatos o el Consejo Municipal de Inmigración de Barcelona, aboga por una medida más amplia. “Aquí trabajan todos, con papeles o sin papeles. Lo que hay que hacer es una regularización. Al empresario pequeño que quiere hacer las cosas bien y que le da pena dejar a alguien sin trabajo le pones en un aprieto porque se arriesga a una multa y, por otro lado, se da pie a empresarios sin escrúpulos a los que les da igual aprovecharse de la gente por la posibilidad de tener siempre un grupo de personas siempre disponible a cualquier precio. ¿Qué necesidad? Vamos a regularizar la situación de estas personas, que puedan cotizar, que puedan estar dados de alta con normalidad, que todo se respete y que se haga bien, porque todos están trabajando ya”, resume.

Por otro lado, Manuel Piedra, secretario general de la Unión de Pequeños Agricultores y Ganaderos (UPA) de Huelva, apunta que “la mano de obra ahora mismo no es importante, porque el problema está en colocar toda nuestra producción en los mercados”. “Es el gran problema que hay, que no tenemos venta, que solamente podemos recolectar entre un 50 y un 60% de la producción porque no hay pedidos y no estamos trabajando el día completo. Como siga así la campaña de frutos rojos puede haber un recorte de mano de obra”, advierte tras comentar, por otro lado, que la iniciativa de UPA Huelva para 'rescatar' desempleados ha sido secundada por unos 120 inscritos, “aunque la mayoría de fuera de la provincia y eso no puede ser”.

Camión cisterna a diario

Mientras, el acceso al agua sigue siendo un problema, como ya demandó un temporero ante las administraciones. Según Rudolph, “las únicas duchas de Lepe para los asentamientos son dos, son las nuestras. Es totalmente insuficiente. Pedimos al ayuntamiento módulos de ducha, de aseos o la apertura de campings o polideportivos y colegios o alojar a los temporeros en las casas de las mujeres marroquíes que no han podido venir. Eso es factible y hay recursos para ello. Si nosotros, que somos una asociación muy pequeña, hacemos eso, digo yo que la administración o el empresariado podrá poner otras soluciones”.

La trabajadora social explica: “Hemos presentado solicitudes en Lepe, Palos, Lucena, Moguer, Diputación y Ministerio. Ahora nos han dicho que el camión cisterna que nos pidieron que gestionáramos pasará todos los días de la semana. No tenemos recursos humanos tampoco pero somos los más interesados en que mejore algo la tarde de la persona a la que le llega el agua. El camión recorre los asentamientos de 15h a 20h ”pero a esas horas en municipios agrícolas están trabajando y no están en el asentamiento cuando pasa el agua y no pueden recogerla. Como viven en comunidad, la puede llenar un compañero o un amigo, pero son formas muy precarias“.

El servicio de duchas que desde ASNUCI se ofrece a los temporeros desde hace diez años se realiza en un local privado en régimen de alquiler, y el nuevo dispositivo de emergencia con dos duchas se ofrece igualmente en una nave privada en régimen de alquiler. La ducha del comedor social antes de la crisis solo estaba disponible unas horas en la mañana, pero ahora, desde el estado de alarma, no está operativa. El comedor social, gestionado por una asociación privada, FECONS, hace reparto de alimentos los lunes, miércoles y viernes.

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