Las madres que Ana Mato no quiere

Silvia Tostado ha tenido una hija con su mujer por reproducción asistida. / Fotografía: Fotodiezydiez

Llevan unos meses casadas y el pasado 14 de junio nació su primera hija, Julia, concebida gracias un tramiento de reprodución asistida en el sistema público de salud. Silvia Tostado y su mujer, que residen en Extremadura, viven inmersas, como cualquier familia, en la felicidad de la llegada de un nuevo miembro a su hogar mientras miran “perplejas” cómo la realidad cambia a su alrededor con las medidas propuestas por el Gobierno de la Nación que hará imposible que otras mujeres puedan cumplir el sueño que para ellas ha sido posible.

El veto en la reproducción asistida para mujeres solas o lesbianas atenta contra derechos fundamentales

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“Lo vivimos con indignación, porque con el modelo que propone el Ministerio de Sanidad se nos está diciendo a las mujeres que estamos obligadas a tener relaciones sexuales con un varón para ser madres. Esto no es gratuito, sino que está relacionado con el modelo de familia y de derechos sociales que quiere imponer el PP”, asegura Silvia Tostado, a quien no le sorprende que salga precisamente de un partido que está poniendo especial énfasis en el derecho a la vida. “Entonces, ¿nuestra hija no hubiera tenido derecho a nacer?”, se pregunta. Para ellas, representa, además, “un tremendo retroceso con respecto a derechos que se habían conquistado, con mucho esfuerzo, para lograr la igualdad” del colectivo homesexual.

En su caso, acudieron desde el principio al sistema público de salud, porque no podían costearse un tratamiento por la vía privada, que puede superar los 9.000 euros solo por un intento de fecundación in vitro. “En Extremadura funciona bastante bien y la lista de espera no llega al año, pero a partir de ahora va a cambiar porque han aceptado la propuesta de la ministra Ana Mato de vetar la reproducción asistida a mujeres solas y a parejas de lesbianas”, comenta mientras atiende a su pequeña.

“Nosotras nunca ocultamos nuestra condición. Desde el principio, cuando fuimos al médico para anunciar que queríamos ser madres, dejamos claro que éramos dos mujeres. Ni nos planteamos recurrir a la vía privada porque no podíamos pagarlo. De hecho, aquí hay una doble vulnerabilidad de las mujeres, porque son estas las que más sufren las consecuencias de la crisis, el paro y la falta de recursos, por lo que se les está añadiendo otra dificultad más, por no decir imposibilidad, para ser madres. Se volatiliza el derecho a ser madres para las lesbianas, pero también para muchas mujeres que quieren hacerlo solas. La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce el derecho a la procreación, por lo que no tiene sentido”, asevera.

En su opinión, es importante saber que “esto no afecta sólo a un minoría, sino que atenta contra la libertad de la mujer”, y lo vincula con la imposición de un modelo determinado de familia por parte del Gobierno de la Nación. “Sólo parejas heterosexuales, de padre y madre, y mientras a las mujeres que no quieren tener hijos se las obliga, a las que desen hacerlo, se les impide”, continúa.

Su pareja es la madre gestante, es decir, la que ha parido, pero ella es el otro pilar fundamental de la familia: la madre también. En este sentido, apunta otro detalle de las desigualdades a las que tienen que enfrentarse por ser lesbianas. En su caso, “es imprescindible estar casadas para poder inscribir a la niña en el Registro Civil” con los apellidos de las dos progenitoras, cosa que no se exige en las parejas heterosexuales, donde no es necesario que medie matrimonio para que se reconozca el derecho del varón sobre un hijo.

Encajadas en los nuevos modelos de familia, no se sienten especiales: “Somos como todas, una familia única, aunque nos sentimos afortunadas por poder contribuir a esa diversidad que hace más rica la sociedad”. Pero saben que otras muchas que conocen, y aguardan expectantes en las listas de espera de distintas comunidades autónomas, tal vez nunca puedan llegar a tener un hijo.

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