Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.

CV Opinión cintillo

La era del caos: Europa en su encrucijada

0

Trump es clasificado en el imaginario colectivo como un líder caótico o egopolítico. Esta afirmación vendría avalada desde Foreing Affairs, la publicación más influyente en el ámbito de las relaciones internacionales, que le describe como un “agente del caos” y por estudios académicos como Chaos Reconsidered. La improvisación definiría su forma de gobernar.

Menos atención se le ha prestado a la posibilidad de que esté aplicando un plan, su versión de la destrucción creativa, concepto económico de actualidad —el premio Nobel de Economía del pasado año 2025 fue otorgado a dos economistas herederos de Schumpeter, creador de esta teoría—. Veamos si hay bases para considerar la existencia de un proyecto elaborado y de largo plazo.

El plan

El 20 de enero de 2025, día de su toma de posesión, Trump firmó 26 órdenes ejecutivas. Fue el inicio de las deportaciones masivas, de la congelación de las contrataciones federales, de la aplicación de aranceles y de la retirada de Estados Unidos del Acuerdo de París sobre cambio climático. Procesos que en su primera legislatura le requirieron más de tres años, en la segunda los ejecutó en poco más de tres horas. Había tenido cuatro años para evaluar lo que haría en su segundo mandato.

Empieza por culpabilizar de la invasión rusa de Ucrania y de la consolidación del espacio de Cooperación y Desarrollo de Shanghái a su predecesor, Biden. La ampliación en 2024 del número de estados que conforma los BRICS+ asegura que no se habría producido bajo su presidencia.

Su consigna es acelerar el tiempo histórico. El objetivo, romper las inercias que conducían a la pérdida de hegemonía de EE. UU. El método es doble: destruir las organizaciones multilaterales con capacidad de establecer monedas alternativas al dólar en el mercado de los hidrocarburos; controlar el mayor porcentaje global de recursos energéticos fósiles. Lo consigue en Venezuela. Está perdiendo, temporalmente, esa batalla ante Irán.

Tres tipos de caos: estructural, estratégico y táctico

La acción más disruptiva de Trump, hasta el momento de escribir estas líneas, ha sido iniciar una guerra de agresión contra Irán. La desestabilización global derivada es enorme. La reducción del tráfico de hidrocarburos en el Golfo Pérsico, si fracasan las negociaciones, provocará racionamientos de derivados del petróleo, inflación en todo el planeta, el alargamiento de las guerras actuales…

Asimismo, la respuesta de Irán bombardeando a los países del Golfo, ha cuestionado la cohesión entre los BRICS+. Los espacios multilaterales —incluidos aquellos que tienen o pueden tener una moneda alternativa al dólar— otean crisis sistémicas: en Alemania se teme un horizonte de estanflación que arrastraría a la UE. En un mundo fragmentado, el hegemón es más grande.

Trump y sus asesores —destacando The Heritage Foundation y su proyecto 20¬¬25—han examinado, sin duda, el caos estructural, derivado del cambio climático, la crisis energética y la redistribución del poder global. También el estratégico: la ruptura de todas las normas del derecho internacional, incluidas las leyes sobre la guerra (lo que evidencia que eran un oxímoron). Pero la posverdad muestra tener efectos incontrolables cuando sustituye por completo a los hechos. Las limitaciones de Trump no son solo de temperamento: son epistemológicas. Quien niega la realidad acaba por confundirla. Es el caos táctico.

El negacionismo climático como ejemplo pionero de posverdad

Las amenazas de Trump de abandonar la OTAN nos señalan que no ha dicho su última palabra sobre Groenlandia. Este punto ilustra una constante en su praxis política: la subordinación de cualquier medio al objetivo estratégico. Trump despide a 1.300 trabajadores de la agencia de previsión meteorológica de Estados Unidos; al perder capacidad de diagnóstico, es menor la presión para actuar. Y la posverdad negacionista resulta más eficaz. Al mismo tiempo, explica que debe ocupar Groenlandia para controlar las nuevas rutas náuticas resultado del deshielo provocado por el aumento de las temperaturas. La contradicción le resulta irrelevante. Los hechos son menos importantes que el relato: la realidad se configura desde la narrativa, no desde las acciones.

Europa como contramodelo estratégico

Sabemos, no ha dejado de recordarlo, que Trump detesta la existencia de la Unión Europea. La clave es si la UE será capaz de convertir esa hostilidad en la palanca que la mueva a avanzar con urgencia. Pese a las carencias, el espacio común europeo ha demostrado una resiliencia excepcional. Y puede volver a hacerlo: la negativa a participar en una guerra injusta de los estados con mayor peso es el punto de partida necesario. Pero la ventana de oportunidad para construir sólidamente la arquitectura necesaria será breve. La oportunidad es única.

La Unión Europea tenía —y tiene— una de las mejores defensas posibles: el Pacto Verde. Su potencial eficacia es uno de los motivos principales por el que quienes orbitan alrededor de Trump, como Abascal y Orbán, lo demonizan. No desean una Unión Europea con soberanía alimentaria, energética, tecnológica. Poco importa lo que sea útil para sus países si entra en conflicto con los intereses de su líder global.

La transición ecológica justa es una de las mejores garantías de seguridad colectiva. La transición energética —la eficiencia, la erradicación de la obsolescencia programada e inducida—, democratizar el acceso a la energía y reducir su coste —con una implantación racional de las energías renovables junto a impedir que los oligopolios pacten acuerdos de cartel—, es seguridad y es justicia social. Y, hoy más que nunca, un mundo más seguro solo será posible si es también un mundo más justo. La Unión Europea debe asumir —no hay otra opción para que la ciudadanía europea tenga un futuro digno y no de vasallaje —que es necesario confrontar, como espacio conjunto que comparte valores democráticos y sociales, con el tirano.

Quién se beneficia del caos

La palabra caos en griego antiguo significa “vasto vacío” o “abismo”. Fue lo primero en existir en la mitología griega. No era desorden, sino vacío primordial, el abismo. Conviene recordarlo: ayuda a tener presente que nadie, ni siquiera quien lo genera, se beneficia permanentemente del caos.

Etiquetas
stats