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La Universidad Rey Juan Carlos investiga a un profesor por acoso sexual sin un protocolo específico a pesar de que la Ley lo exige

Un grupo de alumnas en el campus de la URJC en Alcorcón.

Ana Requena Aguilar / Daniel Sánchez Caballero

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La Universidad Rey Juan Carlos investiga a un profesor de su Departamento de Periodismo y Comunicación Audiovisual por acoso sexual a varias alumnas. Lo hace utilizando un protocolo genérico contra el acoso, puesto que el centro es uno de los pocos que todavía no cuenta con un protocolo específico contra el acoso sexual, a pesar de que la Ley de Igualdad lo exige. La norma, de 2007, instaba a las administraciones públicas y a los organismos dependientes de ellas a negociar con la representación de los trabajadores “protocolos de actuación frente al acoso sexual y al acoso por razón de sexo”. Trece años después, la Universidad Rey Juan Carlos aún no ha aprobado uno.

Aunque no hay un listado oficial de todas las universidades públicas con planes contra el acoso, sí lo tienen los otros grandes centros de Madrid: la Universidad Complutense –cuyo protocolo es uno de los referentes–, la Carlos III, la Autónoma de Madrid y la Politécnica. Según una recopilación de la Universidad de Islas Baleares, la Rey Juan Carlos sería una de las diez universidades públicas en España (de 50) que no tiene un protocolo específico. Sí cuentan con uno todas las universidades públicas de Andalucía y Catalunya, la de Castilla-La Mancha, la Universidad de Zaragoza, la de Oviedo, Cantabria, Santiago de Compostela, País Vasco o la Universidad de La Laguna en Tenerife.

Para llevar a cabo la investigación, el centro está utilizando un protocolo genérico contra el acoso que no contempla el acoso sexual ni el acoso de docentes a alumnado. “Es anormal que una universidad no tenga a día de hoy protocolos específicos contra el acoso sexual”, asegura la catedrática de Derecho Penal María Acale, que redactó uno de los planes pioneros en España, el de la Universidad de Cádiz. Acale señala, no obstante, que hay muchas diferencias entre los planes, no todos contemplan todos los tipos de acoso. “Pero el de profesorado a alumnado es uno de los escenarios más claros”, apunta.

Desde Somos Sindicalistas lamentan la no existencia del protocolo específico de acoso sexual, y recuerda que lo pidieron en junio del pasado año sin éxito. “Veíamos que muchas universidades tenían uno y nosotros no, necesitábamos uno”, explica Roberto Gómez, delegado sindical de la organización en la URJC. El escrito se le entregó “al rector, al gerente, al jefe de Servicio de Prevención de Riesgos Laborales... a todo el que tenía que leerlo”.

Los estudiantes también se interesaron por el tema un mes después. Cayó en saco roto. “Nos dijeron que no hacía falta, que tenemos un protocolo de acoso, pero necesitamos uno en el que aparezcan profesores, personal de administración y servicios y también alumnos. Nos ignoraron y creo que se equivocaron, se estarán acordando ahora. Es nuestro deber tenerlo”, insiste Gómez.

Una activista señala que la falta de este protocolo puede provocar problemas a la hora de denunciar casos. “Al no haber un protocolo específico contra el acoso sexual, moral, identidad de género, se crea indefensión en todos los miembros de la comunidad universitaria al carecer de una herramienta específica para delitos específicos”, explica una activista de la universidad. “Por ejemplo, el protocolo de acoso de la Complutense establece unas pautas de verificacion de los hechos mas adaptadas a este tipo de delitos, de manera que es más difícil que un caso se archive si la denuncia es real”, argumenta.

La Universidad Rey Juan Carlos sí cuenta con un Plan de Igualdad para el periodo entre 2016 y 2020, pero no tiene un apartado específico sobre acoso sexual. El Plan de Igualdad aborda la segregación por ramas de conocimiento o categorías, la conciliación, la promoción y el acceso al empleo o la representación. Durante su elaboración se propuso una modificación del protocolo general de acoso para incluir el acoso sexual y proteger también al alumnado, aseguran fuentes conocedoras de la negociación. El Vicerrectorado, aseguran, estaba en ello ya antes de que saltara este caso.

La universidad cuenta también con una Unidad de Igualdad que, sin embargo, no está involucrada en este proceso al no existir un protocolo específico, según ha podido saber eldiario.es. Las alumnas, además, no acudieron a esta Unidad a denunciar el acoso, sino que lo hicieron ante la Inspección de Servicios, el organismo que finalmente ha llevado a cabo la investigación.

La universidad abrió la investigación contra este profesor el pasado 31 de octubre, pero no ha sido hasta ahora que se ha hecho pública, después de que varias personas difundieran en redes sociales testimonios y mensajes de varias alumnas. En la fase de alegaciones, cuando al profesor le quedaban solo 24 horas para defenderse, el Gobierno decretó el estado de alarma y el proceso quedó paralizó. La universidad lo retomará cuando se levante la alarma, pero de momento lo ha apartado de las clases a la espera de la resolución.

“Siempre acababa hablando de sexo”

Ana (nombre ficticio) es una de las mujeres que ha denunciado a este profesor. Al otro lado del teléfono, cuenta una situación que empezó con un profesor “muy majo, muy entrañable”, pero que “hacía comentarios raros en clase” y “siempre acababa hablando de sexo”. Todo acabó en una intento de denuncia ante la policía por acoso sexual. La denuncia no prosperó porque, explica la estudiante, la policía le aseguró que para que se dé un delito de acoso tiene que ser continuado en el tiempo y no era el caso: toda la situación apenas había durado dos semanas.

Fueron dos semanas de absoluta incredulidad para Ana, que admite que su carácter pudo jugarle una mala pasada a la hora de juzgar la situación. “Soy sociable, extrovertida, pregunto en clase”, dice. Por eso, quizá, aunque algunas cosas le parecían raras las dejó pasar. Pensó que el profesor estaba siendo simpático. Sus amigas lo veían de otra manera.

El primer incidente de más seriedad ocurrió un día que Ana iba con una amiga a tomar algo a un bar a la salida de la universidad y el profesor “se acopló”. “A uno de mi edad le habría dicho que no, habíamos quedado con dos amigos. Pero es el profesor, te da cosa decirle que no porque crees que tiene cierta superioridad”, cuenta. Se pasó las cervezas echando halagos a Ana y a su amiga. “Se estaba pasando mucho de la raya, pero no le corté. Yo lo estaba pasando por alto”, admite.

Y empezó la escalada. A la mañana siguiente tenía un mensaje de Whatsapp del profesor avisándole de que le había mandado un correo a su cuenta personal, no a la de la universidad. “El número de teléfono supongo que lo sacó de un grupo que había querido crear (él) para la asignatura y el email de la ficha de clase”, elucubra Ana, que insiste en que ella no le dio específicamente ninguno de los dos.

El correo y los whatsapp que le siguieron dejaron de ser sutiles: “Me gustas mucho, de todas las maneras posibles”. “No te sientas avergonzada, yo me comportaré noblemente y te trataré como a una amiga y buena persona (aparte de guapísima y sexy, pero yo creo que somos mayorcitos para entenderlo todo. Noto ALGO entre tú y yo (al menos, de mí hacia ti). Si me tengo que afeitar la barba para gustarte, dímelo, que yo por ti, lo que sea”. “No niego que me gustaría ser un hombre para ti, y no un profe o un padre”.

“Me asusté”, cuenta Ana. “No le había tratado de forma especial ni nada. Me bloqueé y no le volví a hablar más”. Al poco lo comentó con una profesora en clase, que le recomendó que denunciara ante la Inspección. “Se enteraron en mi clase de lo que había pasado y aparecieron dos o tres chicas más a contar que también les había sucedido. Respiré un poco aliviada. No es consuelo, pero entendí que no era un problema mío por mostrarme como soy, era suyo”, explica Ana.

Convencida por la profesora, el delegado de clase y sus compañeras, acabó denunciando. Tres chicas presentaron una denuncia ante la Inspección de Servicio de la universidad, de la que Ana tiene opiniones encontradas. “A veces me pusieron trabas, me decían que ya lo habían expulsado, para qué denunciar”, recuerda. Finalmente la denuncia se tramitó y el proceso se puso en marcha.

Ana teme que el profesor acabe siendo readmitido. “Hay rumores por la universidad. Si lo readmiten, no vuelvo a la universidad. ¿Nos toman por tontos?”, concluye.

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