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La Memoria Histórica se olvida de la antigua cárcel de Huelva

El edificio dejó de usarse completamente en 2006, y desde entonces Ayuntamiento y Gobierno central no se ponen de acuerdo sobre la titularidad

Varias personas ocupan su interior cada noche para tener un techo bajo el que dormir, aunque su presencia también provoca acumulación de basuras

El Ayuntamiento acaba de exigir al Estado medidas cautelares urgentes ante su "deficiente estado de salubridad"

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Una de las galerías centrales completamente abandonada. (Héctor Corpa/H24)

Una de las galerías centrales completamente abandonada. (Héctor Corpa/H24)

Suciedad, ocupas, incendios, desvalijamientos… Es parte del paisaje que se aprecia al entrar en la antigua cárcel de Huelva. En agosto de 2016 se cumplirán 20 años desde que sus últimos reclusos fueron trasladados al actual centro penitenciario, situado a las afueras de la ciudad, a diferencia de este edificio, ubicado en una de sus arterias principales, la avenida Federico Molina.

La antigua cárcel de Huelva se cae a trozos sin que nadie parezca querer evitarlo y su estado no es en sí mismo un problema para el edificio, declarado Lugar de Memoria Histórica en 2014, sino para los vecinos de la zona. El crecimiento de la barriada de Isla Chica ha hecho que se termine rodeando completamente un inmueble que, en 1930, cuando abrió sus puertas, se ubicaba a las afueras de la ciudad, y la insalubridad que emana de sus paredes empieza a cansar a sus vecinos.

El Ayuntamiento de Huelva asegura que no tiene la gestión del edificio pero este mismo viernes, el Consistorio, a través de la Concejalía de Urbanismo, Infraestructura y Servicios Municipales, ha exigido a la Sociedad de Infraestructuras y Equipamientos Penitenciarios que adopte medidas cautelares urgentes.

Según el concejal de Urbanismo, Infraestructura y Servicios Municipales, Manuel Gómez, "debido a la mala situación en que se encuentra este espacio y dado que la titularidad es de esta sociedad, dependiente del Ministerio de Hacienda y Administraciones Públicas, se les ha pedido que, como un titular más de cualquier inmueble, cumpla con su obligación de mantenerlo en buenas condiciones de conservación". El concejal explica que este requerimiento se produce después de que los técnicos municipales de Urbanismo hayan visitado esta semana el edificio, dejando constancia en un informe posterior de "su abandono y deficiente estado de salubridad e inseguridad".

El actual alcalde, Gabriel Cruz (PSOE), ya se refirió a este asunto en la campaña electoral para asegurar que se comprometía –en función de lo que diga el Gobierno- a conseguir la titularidad municipal de la antigua cárcel y "rehabilitarla para ponerla en uso y a disposición de la ciudad".

Hasta 2008, el edificio tuvo algunos usos concretos, pero desde entonces, nada. Cruz sostiene que culminará el proceso de recuperación del edificio, "que se tiene que convertir en un espacio que dé respuestas a la falta de dotaciones de la barriada, y que se relacione con la cultura, lo social, el comercio tradicional y, sobre todo, vincularlo con la Universidad". 

Eso sí, su aspecto propio de unas ruinas de una película catastrófica estadounidense hizo que Benito Zambrano se fijase en ella para rodar parte de La voz dormida, en 2001. Desde entonces, varios incendios, saqueo de todo lo metálico en su interior y ladrillos que, literalmente, se caen al suelo.

Sin problemas de acceso

El viejo edificio sirvió durante años como residencia nocturna para los presos que alcanzaban el tercer grado. En 2008, con la inauguración del Centro de Inserción Social (CIS) David Beltrán Catalá, junto al Campus del Carmen de la Universidad de Huelva, cerró sus puertas de forma definitiva.

Desde entonces se ha convertido en el hogar de personas sin hogar que acuden cada noche en busca de un techo bajo el que dormir. No tiene ningún tipo de vigilancia, ni puertas que impidan el acceso, pero su estado se ha convertido en un peligro para quien accede a su interior.

Aunque en el Ayuntamiento siempre han sostenido que la cesión no se hizo realidad, el Consistorio cambió la titularidad de la cárcel por los terrenos actuales del CIS. Ocho años después, nada se ha hecho en el emblemático edificio de Federico Molina, y todo está pendiente simplemente de una firma en un papel.

A cambio de ese abandono, cualquier persona que entre en la cárcel puede encontrar decenas de kilos de basura, cristales, muebles rotos, y colchones usados. El incendio del pasado enero quemó una buena parte de lo que había en su interior. Y sus restos siguen allí.

Lugar de Memoria Histórica

Desde el pasado 7 de noviembre, este edificio es, oficialmente, Lugar de Memoria Histórica por la Junta de Andalucía. Fue un destacado centro de la represión franquista durante los años de guerra y posguerra, y posteriormente de presos homosexuales castigados por la conocida como "Ley de Vagos y Maleantes".

De acuerdo con el decreto regulador de esta figura, la consideración de un emplazamiento como Lugar de Memoria Histórica obliga a la Administración pública titular a garantizar su identificación, señalización y preservación, lo que parece papel mojado en este caso.

Por las celdas de esta cárcel pasaron decenas de miles de detenidos, en muchos casos como última parada antes de morir ante el pelotón de fusilamiento y cientos de reclusos fallecieron a consecuencia del hacinamiento, las deficientes condiciones higiénico-sanitarias y la pobre alimentación que padecían en sus instalaciones.

Como dato llamativo, tan sólo entre el 29 de julio y el 31 de diciembre de 1936 se produjeron alrededor de 760 nuevos ingresos, fundamentalmente de reclusos de izquierdas procedentes de todo el país. Tristemente, se convirtió durante el Franquismo en un tránsito entre sus casas y las paredes del cementerio de Huelva para muchas personas.

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