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Análisis:

El 9-N: Historia de dos países

La diferencia de opiniones en relación al proceso soberanista gira alrededor de la lengua, el origen y la identidad y crea dos bloques poblacionales

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Recuento de votos en la escuela Sant Felip Neri. /ENRIC CATALÀ

Recuento de votos en la escuela Sant Felip Neri. /ENRIC CATALÀ

Los resultados del 9-N muestran la existencia de dos Catalunyas bien diferenciadas en relación a la cuestión nacional: una entregada al proceso soberanista y netamente independentista, y otra indiferente al mismo. Más allá de los sorprendentes datos de participación ciudadana, 2,3 millones de votos, lo que corresponde a un 36,61% del censo preparado por la Generalitat con motivo de este proceso participativo (empadronados mayores de 16 años), aproximadamente unos 6 millones de personas, y de una apabullante victoria del Sí/Sí con un 80,76% de los votos, seguido del Sí/No con poco más del 10% i del No con un 4,54%, si hacemos un análisis territorial de la distribución de la participación y de los resultados a nivel comarcal podemos constatar esta evidencia. Para demostrarlo, analizaremos las comarcas con mayor y menor participación y los resultados que en ellas se han dado en este proceso participativo del 9-N; y después, mediante estudios demoscópicos, intentaremos explicar el porque de esta distribución y de los datos que se derivan, centrándonos en los factores sociales que diferencian estas dos Catalunyas.

Consulta los detalles del mapa. (Elaboración: João França)

Participación y resultados: breve análisis de datos a nivel comarcal

Como hemos dicho en el anterior parágrafo, 2,3 millones de catalanes votaron en el proceso participativo de este pasado domingo. Contando que en este proceso participativo cualquier persona empadronada en Catalunya y mayor de 16 años podía votar, esta cifra representa un 36,61% de los convocados a las urnas. Si comparamos esta participación con las últimas convocatorias electorales, observamos que en relación a las europeas del pasado mayo, esta seria de casi un 43%, o que solo han votado doscientas mil personas menos que en el referéndum sobre el Estatuto de Autonomía de 2006. La participación, por lo tanto, fue alta, no espectacular, pero si remarcable para una convocatoria electoral que ha padecido una impugnación judicial, un boicot por parte de las fuerzas políticas no soberanistas de Catalunya y del resto del Estado, y unas manifiestas limitaciones logísticas. De todas formas, los datos más importantes en relación a la participación de los catalanes el pasado 9N los encontramos cuando observamos su distribución a lo largo del territorio, sobre todo a nivel comarcal. La comarca donde más participación se alcanzó, en términos relativos, ha sido el Priorat con un 63, 23%, números más propios de una selecciones autonómicas que de un proceso como este. Al Priorat le siguen el Pla de l’Estany, Osona, Berguedà y Ripollès, con valores cercanos al 60%. También se debe destacar Les Garrigues, la Conca de Barberà y el Solsonès que tienen valores de alrededor del 55%. Por el otro lado, y después de toda una serie de comarcas con porcentajes de participación más cercanos a la media catalana, aparecen aquellas comarcas donde la participación ha sido más baja. En la Vall d’Aran, el Tarragonés, el Baix Empordà o el Baix Llobregat la participación se ha situado en la franja del 20%, y en el Vallès Occidental, el Garraf i el Barcelonès, aunque la participación ha sido más alta, se encuentran por debajo de la media. Hay unas diferencias de participación de alrededor de un 40% entre las comarcas donde menos ha habido y en las que más. Las primeras, situadas están situadas en la Catalunya metropolitana y litoral, a excepción de la Vall d’Aran, que se rige por unas dinámicas propias. Aquellas donde más se ha votado en cambio, son las situadas en la provincia de Girona, la Catalunya central y las comarcas interiores.

Si tomamos en consideración esta división territorial en comarcas y nos fijamos en el voto en cada una de estas, podemos ver como los porcentajes más altos de votos favorables a la independencia se encuentran en las comarcas centrales, interiores y de Girona. Estas comarcas o bien sobrepasan el 90% de Sí/Sí o bien lo rozan, obteniendo porcentajes escasamente significativos para las otras opciones en liza. En cambio, si giramos la mirada a la Catalunya metropolitana y litoral, aunque los porcentajes de voto netamente independentistas se mantienen altos, a excepción de la comarca del Garraf, donde este alcanza algo poco más del 80%, el resto tiene porcentajes situados en la franja del 70%, prácticamente 20 puntos por debajo de las comarcas interiores, centrales y de la provincia de Girona. Y no solo el apoyo a la independencia es mas bajo, sino que en estas comarcas, las otras dos opciones, las vinculadas de una manera o de otra a España, obtienen los porcentajes más altos, ya que los Sí/No alcanzan o sobrepasan el 10% y los No se sitúan con los valores más altos de todo el territorio catalán. En estos dos mapas interactivos que enlazamos se pueden observar estos datos tanto  a nivel comarcal como tomando como base la vegueria (división territorial propia de Catalunya).

Lengua, origen e identidad

Todos estos datos reflejan unas diferencias significativas tanto a nivel de participación como de resultados. La Catalunya central, interior y gerundense se ha movilizado más y ha apostado de manera clara por la independencia. La Catalunya metropolitana y litoral, por el contrario, ha participado menos y las opciones alternativas a la independencia han conseguido mejores resultados. Evidentemente, como en cualquier fenómeno político, esto no es casualidad. La Catalunya que más ha participado y más a favor de la independencia ha votado es la Catalunya nacionalista, que menos inmigración recibió y recibe, donde los catalanohablantes son mayoría y allí donde la población se siente mas catalana que española o exclusivamente catalana. Es la zona donde CiU y ERC siempre han tenido su granero de votos, y donde históricamente y en la actualidad controlan el poder local. En el otro lado, en cambio, encontramos la Catalunya del cinturón rojo y las zonas costeras, de mayoría castellanohablante, donde gran parte de sus habitantes son hijos o nietos de la inmigración española del S.XX y donde en los últimos tiempos han llegado diversas oleadas migratorias procedentes de todo el mundo. La Catalunya de la dualidad identitaria, dominada por el PSC y donde ICV y PP han cosechado sus mejores resultados. Dos Catalunyas, por lo tanto, muy diferentes a nivel lingüístico, de origen e identitario, y que en esta consulta se han comportado, tanto a nivel de participación como de resultados, de manera diferente.

Pero no solo se dan estas diferencias políticas entre estas dos Catalunyas en relación al proceso participativo del pasado 9 de noviembre. Si analizamos los datos del monográfico de GESOP sobre la independencia del año 2012 y el último barómetro del CEO, observamos que la lengua propia, el origen y el sentimiento de pertenencia son tres de los factores que se relacionan con más fuerza con la opinión de los encuestados sobre la independencia de Catalunya.  En el primer estudio encontramos que el independentismo es minoritario entre aquellos que tienen su origen en el resto de España, solo una quinta parte de los entrevistados, y entre los que su sentimiento de pertenencia fluctúa entre una mayor españolidad o una dualidad identitaria, ambos por debajo del 20%. Por el contrario, el independentismo es la opción preferida por la población nacida en Catalunya, con un 55%, y entre aquellos que se sienten más catalanes que españoles, 71,7%, y los que únicamente se sienten catalanes con más de un 90%. Tomando en consideración el último barómetro del CEO y  el posterior análisis realizado por el economista David Lizoain, vemos como posiblemente la lengua propia, es decir,  la lengua con la que una persona se identifica, determina en gran medida las posiciones en relación a la independencia. De un lado, los apoyos a la secesión entre los que consideran el catalán como su lengua propia se sitúan alrededor de un 75-80%, y en cambio, entre los consideran el castellano como tal, el apoyo se sitúa un poco por encima del 10%. Además, siguiendo con la lengua como variable, el estudio del CEO nos muestra como el porcentaje de independentistas de toda la vida o de los últimos tiempos es significativamente más altos entre los encuestados catalanohablantes que entre los que consideran como lengua propia el castellano.

Conclusión

En definitiva, tanto la participación como el resultado del 9N y los datos de GESOP y del CEO nos demuestran que hay una diferencia de opiniones creciente entre la sociedad catalana conforme el proceso soberanista va quemando etapas. Esta diferencia, que gira alrededor de la lengua considerada como propia, el origen y la identidad, crea dos bloques poblaciones, pese a que estos no son monolíticos ni homogéneos: un primer bloque, donde situaríamos un creciente numero de independentistas (1,9 millones en base al resultado y sobre el censo del proceso participativo) básicamente formado por personas que consideran el catalán como lengua propia, con padres catalanes, donde predomina un mayor sentimiento de catalanidad, independentistas de toda la vida y residentes en la Catalunya central, interior o en la provincia de Girona, y dónde la participación y el voto independentista han tenido unas cifras muy significativas; y un segundo, formado por población de mayoría castellanohablante, con dualidad identitaria, vínculos familiares con el resto de España y situados en el Área Metropolitana y en la costa, los cuales tiene dos grandes posiciones respecto al proceso soberanista: de un lado, una voluntad de permanecer de una manera o de otra en España, tal y como demuestran los porcentajes más altos de votos para el Sí/No y el No, y por el otro, la indiferencia hacia el proceso soberanista, al no considerarse impelidos a votar en un proceso que o no consideran legal o no consideran legitimo. Queda demostrado, pues, que Catalunya no es únicamente Twitter ni las movilizaciones políticas organizadas por la ANC o Òmnium. Es decir, que el proceso soberanista no es tan transversal como algunos defienden. Ahora bien, solo el día en el que se celebre una consulta o un referéndum verdaderamente vinculante sabremos la correlación real de fuerzas entre estas dos Catalunyas: la cada día más independentista o la que no lo es, ya sea por negación o por indiferencia.

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