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L'Albufera, una joya natural en peligro

La escasa aportación de agua del gobierno central, la gestión anacrónica del parque y la falta de empuje de la Generalitat degeneran en el deterioro de un parque natural de enorme valor ecológico y cultural

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Un canal de L´Albufera.

Un canal de L´Albufera. Javi Jiménez Romo.

L'Albufera, uno de los humedales más importantes de España y seguramente el parque natural más valioso de Valencia, está en peligro. El nivel del agua del lago está en mínimos históricos. La presencia de aves, también. El futuro de un ecosistema único - un parque natural de más de 20.000 hectáreas, ubicado a 10 kilómetros de la capital valenciana y en la que invernan unas 70.000 aves procedentes de toda Europa cada año- peligra.

L'Albufera era solo uno más de los marjales -que históricamente jalonaban la costa- de la Comunidad Valenciana, lagunas de agua dulce separadas del mar por una estrecha barra litoral o restinga. Sus dominios, tras siglos de interacción entre el hombre y la naturaleza, forman espacios singulares. En este caso, el corazón del parque - el lago- y la zona colindante tiene usos turísticos y agrícolas, con más de 200 kilómetros cuadrados de campos de arroz.

Precisamente los propietarios de esos terrenos tienen un papel clave en el agua que llega a L'Albufera. La Junta de Desagüe, regida por una normativa de 1926, cuando el dictador Primo de Rivera gobernaba España, es  "quien acuerda, decide y ejecuta lo relativo al desagüe, la disposición de caudales hídricos, el nivel de las aguas y el control de las compuertas y estaciones de bombeo".

Este organismo, autónomo pese a que su presidente es el alcalde de Valencia, tiene un papel clave en L'Albufera pese a estar fuera del control público. La Fiscalía, que investiga los daños causados al parque, ya ha pedido al gobierno valenciano que le quite el control del lago, según adelantó Levante-EMV. La acusación pública cree que la Junta ha primado sus intereses -regar los campos- dañando el parque natural al no respetar los "parámetros de protección y sostenibilidad" en el aporte de agua. 

Otros expertos en el parque creen que la Junta de Desagüe -un "anacronismo" casi centenario- no es el único responsable del pésimo estado del paraje. Por ejemplo, Sergi Campillo, el concejal de Valencia con responsabilidad sobre L'Albufera. Miembro de Compromís, además de edil es doctor en biología. Conoce el tema. Y en su opinión, la responsabilidad es de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ), el organismo estatal que suministra agua al parque.

"La situación es grave", reconoce Campillo, "y la principal responsabilidad es de la CHJ porque, sencillamente, no aporta el caudal necesario, contraviniendo normas como la directiva del agua". El concejal está dispuesto a revisar el papel de la Junta de Desagüe en el complejo entramado institucional de L'Albufera -"estamos estudiando el pronunciamiento de la Fiscalía", dice- pero cree que con un gobierno "responsable y sensible" y, por tanto, más agua, el problema se paliaría".

La CHJ lo niega. Y culpa a la Generalitat -la administración con responsabilidad directa sobre el parque, aunque este sea del ayuntamiento de Valencia- de gestionar mal el agua recibida en el año hidrólogico concluido en septiembre: 235 hectómetros cúbicos,  25 más de los 210 previstos cada año para l'Albufera en el plan hidrológico del Júcar. La Generalitat, "dada la sequía reinante", considera ese aporte insuficiente. Ya ha pedido más agua por conducto oficial.

Quema de paja del arroz en L´Albufera.

Quema de paja del arroz en L´Albufera. Javi Jiménez Romo

Pablo Vera es un técnico de la Sociedad Española de Ornitología ( SEOBirdlife) que trabaja a diario en L´Albufera, donde comprueba de primera mano los problemas del parque, que este año, prevé, recibirá mucha menos aves de lo habitual. "Otros años como éste serían muy malos". Cree que la responsabilidad de la situación es compartida.

"La Generalitat no ha elaborado un plan para definir claramente como se debe gestionar el agua; el agua que la CHJ dice que ha enviado no se ve por ningún lado y la Junta de Desagüe regula el caudal como si esto fuera una balsa de riego y no un entorno a proteger. Es urgente un plan de gestión que ordene todo esto".

Javier Jiménez Romo es un biológo que trabaja en el mantenimiento de la reserva natural. "L'Albufera es un enfermo crónico que está en un punto de inflexión: o se puede morir o, con las medidas adecuadas, puede mejorar espectacularmente en poco tiempo". Para eso necesita agua. Y políticas más decididas. Es crítico con el gobierno valenciano, una coalición entre PSOE y Compromís.

"Parece que la voluntad política no es suficiente. La administración está encarando el problema de L'Albufera con mucha lentitud y los procedimientos anticuados de siempre". Jiménez Romo, como Vera, cree vital un plan que coordine a las tres administraciones implicadas en la vida del parque, estado, autonomía y municipio.

Del "desgobierno" al "peligro"

Toni Marzo, el alto cargo de la Conselleria de Medio Ambiente con responsabilidad sobre el enclave, se justifica: "Venimos del desgobierno y el clientelismo con la administración anterior [el PP entre 1995 y 2015]. Acabamos de nombrar un nuevo director para el parque y el plan de gestión [PRUG, en la jerga administrativa] estará en 2017. Estamos trabajandoo, y en la medida de lo posible, aprovecharemos el pronunciamiento de la fiscalía para reordenar la gestión del agua. Debemos fijar criterios claros y transparentes que primen los criterios medioambientales respetando el uso agropecuario" del paraje.

Marzo promete que todos los esfuerzos deben ir encaminados a "a mejorar la calidad y cantidad del agua. Y eso depende del gobierno central a través de la CHJ, que discrimina, por falta de inversión, una zona de valor natural y cultural muy singular, de valor incalculable. Además, si es posible legalmente, cambiaremos el rol que la Junta de Desagüe tiene en este momento".

"L'Albufera tal y como la conocemos está en peligro", dice Andreu Escrivà, ambientólogo. "La falta de agua, responsabilidad del gobierno central, el anacronismo que supone la Junta de Desague y la tibieza y lentitud de la Generalitat no conducirán a la desaparición del parque a corto plazo, pero si a su degradación". Y ésta, a falta de soluciones, podría ser rápida, advierte. 

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