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“Al TTIP solo le interesa blindar el negocio de las élites y las empresas transnacionales"

El economista José Ramón Mariño, de la organización internacional ATTAC, advierte de que si no se ponen salvaguardas, las empresas de Estados Unidos podrán vender en Europa sus productos sin cumplir normativas ambientales o sanitarias.

"Lo cierto es que cada tenemos menos margen para permanecer al margen. Solo si la gente se conciencia aún quedará tiempo para hacer algo y tratar de influir en la redacción final del documento", sostiene Mariño.

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El economista José Ramón Mariño.

El economista José Ramón Mariño.

José Ramón Mariño, economista de la organización civil independiente ATTAC, es también uno de los responsables de la campaña Euskal Herrian TTIPari EZ. Mariño lleva años escrutando los pormenores de las negociaciones entre Estados Unidos y Europa sobre el Acuerdo Transatlántico de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés) y se ha convertido en una autoridad en esta cuestión enEuskadi. Casi sin tiempo a las presentaciones, Mariño lanza como tarjeta de visita durante una charla con estudiantes universitarios en Vitoria que si no se ponen salvaguardas, las empresas de Estados Unidos podrán vender en Europa sus productos sin cumplir normativas ambientales o sanitarias.

Mariño, muy didáctico en sus explicaciones, subraya que al TTIP “solo le interesa blindar el negocio de las élites y las empresas transnacionales”. Su objetivo es ampliar las esferas de la mercantilización a las grandes corporaciones transnacionales que existen en las dos economías más poderosas: entre Europa y Estados Unidos suman el 45% del producto Interior Bruto (PIB) del mundo y el 50% de la inversión extranjera directa. “La eliminación de todas las barreras arancelarias que hoy existen provocará”, enfatiza, “un sismo económico sin precedentes en política social, en medio ambiente, en derechos laborales…..”.

El economista está seguro de que si el TTIP prospera la práctica totalidad de los servicios públicos, como el agua, la sanidad o la educación, terminarán en manos privadas y la independencia legislativa que aún mantienen los Estados quedará subestimada a la normativa corporativa. Y lo resume así: “El TTIP es una amenaza para la democracia porque quiere imponer al resto de países una nueva forma en sus relaciones comerciales”.

Mariño advierte de que el optimismo económico del que hacen gala los impulsores del TTIP no tiene ninguna justificación. “El TTIP es una herramienta muy útil… para las élites y las grandes corporaciones transnacionales que solo buscan maximizar beneficios. No piensan ni en un juego de equilibrios ni en buscar mayor igualdad”.

Seguridad alimentaria

El economista de ATTAC enumera las principales armas con las que cuenta este tratado de libre comercio para imponerse. Por un lado, las empresas tendrán libre acceso al mercado sin ningún tipo de normativa que las limite, como las cláusulas sociales o aquellas que traten de favorecer a pequeñas empresas y productores locales, tan habituales en Europa. Por otro lado, se crean unos tribunales de arbitraje que se colocan por encima de los tradicionales sistemas de justicia imperantes en Europa. Las decisiones de estos tribunales resultan inapelables. Y, por último, lo que se conoce como convergencia regulatoria. El TTIP habilitará una institución de reguladores que decidirán las normativas a aplicar. “Tomarán decisiones de calado sin contar con la opinión de los ciudadanos. Una vez que aprueben normas de liberalización no habrá ninguna posibilidad de revertirlas”.

Las normas de seguridad alimentaria que deben observar los productos alimenticios en Europa también quedarán en entredicho. “Europa se rige por el principio de precaución. Antes de lanzar un producto al mercado, las empresas lo han tenido que someter a una serie de controles que determine que no tiene ningún peligro para la salud. En Estados Unidos ocurre al revés. Primero se lanza el producto y si ofrece algún problema se indemniza a los consumidores, pero el daño ya está hecho”.

El TTIP es el “paradigma de la economía neoliberal, donde se asume que el mercado es el motor del pensamiento. Está claro que el mercado se mueve muy bien aprovechando el miedo de la sociedad a lo desconocido. Lo cierto es que cada tenemos menos margen para permanecer al margen. Solo si la gente se conciencia aún quedará tiempo para hacer algo y tratar de influir en la redacción final del documento”.

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