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“La cultura ayuda a los jóvenes a reforzar su personalidad”

Los coreógrafos Wilfried Van Poppel y Amaya Lubeigt desarrollan un proyecto en el que proponen la danza a gente que no baila normalmente y les enseñan una coreografía desde cero.

Su experiencia en el colegio donostiarra Larramendi fue recogida en el documental ‘Five days to dance’ que cuenta con el Premio Canal + en el Festival Internacional de Cine Documental y Mercado de Guía de Isora.

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Fotograma del documental 'Five days to dance'.

Fotograma del documental 'Five days to dance'.

Una pareja de bailarines aparece una mañana en el aula de un instituto. Es lunes y anuncian al grupo de adolescentes que tienen cinco días para subirse a un escenario y bailar. Este es el argumento principal del documental ‘Five days to dance’, dirigido por Rafael Molés y Pepe Andreu Ibarra, y que se ha rodado entre San Sebastián y la ciudad alemana de Bremen. Los coreógrafos y artífices de esta experiencia son Wilfried Van Poppel, holandés, y Amaya Lubeigt, vasca. Estos dos bailarines han trabajado con Pina Bausch, Susanne Linke o Urs Dietrich y ahora han decidido trabajar con gente que jamás ha bailado. Lo hacen cada semana en Alemania pero también en muchas ciudades de toda Europa. Estos días se encuentran en la capital guipuzcoana para ofrecer un curso en el que forman a profesionales de la danza y de la enseñanza para que como ellos puedan diseñar y dirigir en un futuro experiencias de danza comunitaria de este tipo.

¿De qué se trata el proyecto ‘Dance2gether’ en el que lleváis años trabajando?

Amaya. Dance2gether es un proyecto nuestro de danza comunitaria. No solo lo hacemos en escuelas, lo hacemos en cualquier ámbito, donde hay un colectivo que quiera un proyecto de danza para lo que sea. Es simplemente proponer la danza a gente que no baila normalmente y hacerles vivir una experiencia de una coreografía que empieza desde cero y que poco a poco van aprendiendo. Un poco de técnica al principio para calentar y para que entiendan como pueden mover el cuerpo y luego montar la coreografía hasta el final, actuar. Esto puede ser con colectivos de escuelas, lo que hemos llamado ‘Five days to dance’ como el documental, porque son cinco días, donde de lunes a viernes desarrollamos una coreografía junto a los niños.

Wilfried. Hacemos este proyecto con todo el que quiere bailar. También hacemos proyectos más de inclusión, con personas discapacitadas o gente que ha pasado por el psiquiátrico y está débil a nivel social.

Amaya. 'Dance2gether’ es bailar juntos, así que para nosotros es hacer un proyecto y llevarlo hasta el final, que las personas vivan esa experiencia y que pase lo que pase.

¿Para vosotros como coreógrafos cómo es trabajar con gente que no ha bailado nunca? ¿Suelen estar predispuestos o les cuesta soltarse?

Wilfried. Depende del proyecto. Porque en los colegios hay que luchar más, normalmente los jóvenes no quieren bailar. Algunos tienen muchas ganas, otros están pensando “que cosa más rara”. Pero en otros proyectos que organizamos para que participe el que quiera es diferente, porque son ellos los que se acercan y quieren participar.

Amaya. Sí que es verdad que, por ejemplo, los niños si no saben bailar es lo normal. Ellos nunca han bailado, pero es más fácil. Los adolescentes ya empiezan a tener esta cosa de, me gusta bailar pero solo hip-hop o break dance, o no sé bailar para nada. Y los adultos todos te vienen diciendo yo no sé bailar, yo no puedo, mi cuerpo no es flexible, no tengo ritmo… entonces a estos les tienes que decir, chicos olvidaros, vais a aprender. Como todo en la vida se empieza de cero y se va aprendiendo, todos tenéis un cuerpo y todos tenéis la posibilidad de aprender. Todos tienen la capacidad de mover su cuerpo, aun siendo hándicap también, porque hay gente que viene que no puede andar y tiene que hacerlo todo en una silla, u otros a que no les gusta que les toquen. Pero como son un grupo unos compensan a otros. Nosotros somos coreógrafos y artistas, tenemos ese arte de utilizar los elementos que tenemos delante. Esa es nuestra carta, sabemos que con cualquier elemento podemos hacer una obra de arte. Tienen que pasar muchas barreras de vergüenza.

¿Cómo suele ser el final de los proyectos? ¿Qué os queda?

Amaya. Nos queda un agradecimiento total por parte de todos los que han participado. A veces te lo dicen, te dan abrazos, besos, lloros… muchos otros no te lo expresan, pero notas ese agradecimiento. La sensación es de que lo han disfrutado muchísimo, como que han vivido algo muy importante. Y todo esto nos da una fuerza tan grande. Recibimos tanto de ellos que merece la pena cada vez.

Wilfried. Normalmente cuando trabajamos en un instituto con los jóvenes, cuando acabamos nos dicen adiós y se van. Pero cuando pasa un año y volvemos a verles, nos piden volver a bailar.

Ahora estáis impartiendo un curso para formar a profesionales de la danza y de la enseñanza para que puedan diseñar y dirigir en un futuro experiencias de danza comunitaria de este tipo ¿Qué es lo que intentáis enseñarles?

Wilfried. Les enseñamos toda nuestra experiencia. Porque unos bailarines profesionales, ya saben cómo utilizar el cuerpo, así que les mostramos nuestra experiencia. Pero este curso también es para profesionales de otro mundo y es muy interesante. No es para enseñar técnica, porque es imposible formar en tres días a un bailarín, sino experiencias de qué se puede hacer con la danza.

Amaya. Es difícil de entender y saber que van a necesitar esos niños que, no solamente no saben bailar, sino que no quieren ¿Y cómo les convences para que hagan algo? Lo que nosotros hemos dicho desde el principio es que realmente vamos a ser una especie de ejemplo, de que ya hemos vivido eso que ellos van a vivir.

¿Qué creéis que este proyecto y la danza en general pueden aportar en un ambiente escolar?

Wilfried. No es sólo la danza, es también todo el mundo de la cultura, les sirve para descubrir cosas y para descubrir que el colegio no es solo para aprender de manera cognitiva, como las matemáticas. Es para reforzar la personalidad.

Amaya. Nosotros siempre decimos que la danza es nuestro utensilio y que por eso lo usamos, pero realmente hay muchísimos utensilios. Los niños normalmente en la escuela aprenden mucho a aprender, a cómo sacarse los exámenes, pero muchas veces es siguiendo a lo que dice el profesor. Y en este tipo de proyectos diferentes, son ellos mismos los que tienen que tirar para adelante y expresarse, convivir, unirse, dar el máximo de sí mismos.

Wilfried. Intentamos enseñarles que tienen increíbles posibilidades y potencial, con una cosa que han tenido toda su vida. Su cuerpo y su mente.

Amaya. Enseñarles que tienen muchas cosas buenas que dar, porque a veces creen que tienen más éxito mostrando la peor parte de ellos. Pero eso aquí no les vale, aquí no sirve si eres la más guapa, eres el más graciosillo, eres el más ligón o el más inteligente. No aquí tú contigo mismo tienes que dar el máximo y eso te lleva muy lejos.

¿Se nota diferencia entre países, por ejemplo entre un instituto de Alemania o de España?

Wilfried. Los jóvenes en esas edades son muy parecidos en todas partes. Lo único que cambia es el contexto. En España se habla mucho más en las clases, de hecho cuando terminamos decimos, que silencio. Pero el Alemania o en Holanda son mucho más callados.

Amaya. Es cuestión cultural, no es cuestión de base. Venimos aquí al País vasco, hemos hecho 4 proyectos, en 4 colegios. Y cada centro ha tenido su propia dinámica. Y en Bremen nos pasa absolutamente lo mismo. Depende más la situación cultural del grupo. Incluso dentro de una escuela hay grupos muy reaccionarios y otros que van mucho más acorde con lo que les están dando, realmente cada grupo es un mundo.

 

Five days to dance / Trailer oficial from SUICAfilms on Vimeo.

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