Los vecinos chocan con los emisarios de Catalá y mantienen su rechazo al rascacielos en el Puerto de Valencia
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Máxima preocupación en el Ayuntamiento de València, que dirige la alcaldesa María José Catalá, ante el rechazo frontal que ha expresado el movimiento vecinal a uno de sus anuncios estrella: en concreto, el hotel de hasta 30 alturas proyectado en el Puerto de València y bautizado como ‘Baluarte de La Marina’.
La primera edil envió este martes a su concejal de Grandes Proyectos, José Marí Olano, y a la de Participación y Acción Vecinal, Julia Climent, a una reunión con las entidades vecinales que recientemente advirtieron de la realización de “acciones comunes” en contra del rascacielos que se ubicaría junto al edificio del Reloj, al considerar, entre otras cuestiones, que fomentará la turistificación y el encarecimiento de la vivienda, además de romper con la arquitectura del entorno. Asimismo, censuran que el Ayuntamiento devuelva los terrenos, en su día desafectados en favor de la ciudad, a la Autoridad Portuaria de València (APV) sin lograr contraprestación alguna a cambio. En este punto, pusieron sobre la mesa la recuperación para uso ciudadano de parcelas portuarias de uso deportivo situadas fuera del recinto portuario, en el barrio del Cabanyal-Canyamelar.
Al encuentro asistieron representantes de la Federació d’Associacions Veïnals de València, con su presidenta, María José Broseta, a la cabeza, así como de las asociaciones de Grau-Port, Cabanyal-Canyamelar, Malva-rosa, Natzaret y Ciutat Jardí.
Al respecto, desde la Federació agradecieron la reunión convocada y las explicaciones aportadas por Olano y Climent: “Hemos recibido más información de la que disponíamos hasta el momento y nos hemos emplazado a una nueva reunión en unos días, después de haber estudiado más documentación”, explicaron.
Pese a todo, no consiguieron disuadirles de su oposición al proyecto, al menos por el momento. Las mismas fuentes explicaron que desde el Gobierno municipal se les transmitió que la imagen del proyecto que se difundió en determinados medios “no tiene por qué ser la definitiva, pero sí podría ser una posibilidad”. Por ello, la Federació vecinal mantiene su “preocupación” y reitera su posicionamiento “en contra de todo modelo urbanístico que prime el beneficio económico empresarial de unos pocos frente al interés general y que siga ahondando en el actual modelo de turismo insostenible”.
Desde la Federació insistieron en posicionarse “en contra de cualquier proyecto que vaya contra la arquitectura tradicional que le da identidad al distrito marítimo, ya que afectaría, además, al paisaje y al medio ambiente, con impactos sobre las brisas marinas y, por tanto, sobre el clima, perjudicando gravemente a la ciudad y a sus vecinos y vecinas, especialmente de la zona marítima”.
Con todo, los representantes vecinales se mostraron esperanzados en que “el proyecto definitivo se aleje totalmente de estas posibilidades”, al tiempo que valoraron “muy positivamente los compromisos de mayor participación trasladados por el Gobierno municipal, así como la profundización en el trabajo por la recuperación del patrimonio de la zona portuaria, como la Escalera Real o los Tinglados, o que deje de estar ocupado el espacio libre ajardinado que se debería respetar en la Marina Real”.
Sobre la posibilidad de modificar el proyecto, las entidades vecinales propusieron cambiar el uso principal de la parcela del rascacielos y sustituirlo por otro que permita que los vecinos y vecinas de la ciudad puedan hacer uso de este nuevo espacio mediante el desarrollo de diversas actividades, como las comerciales, profesionales y de ocio y esparcimiento. “Unos usos urbanísticos, terciarios y dotacionales, que faciliten que las actividades humanas a desarrollar en este espacio se repartan en las diferentes franjas horarias del día, y que la previsión adicional de determinados usos recreativos abra la posibilidad de su utilización efectiva en horario nocturno y también en días festivos. Como mucho, el uso hotelero podría justificarse como uso compatible, siempre minoritario en relación con la edificabilidad neta asignada a la parcela”.
A su juicio, el edificio de 30 plantas planteado vulnera el régimen de protección del entorno de los Bienes de Relevancia Local, como son el edificio del Reloj y los Tinglados. Además, altera de forma grave el paisaje cultural portuario, supone una desproporción de escala, quiebra el principio de integración y afectaría a la silueta histórica y al paisaje portuario.
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