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El retrato del héroe español de la independencia americana, en la portada del Washigton Post

Teresa Valcarce consiguió, junto con la Asociación Bernardo de Gálvez, que Estados Unidos aceptara colgar un retrato del militar español Bernardo de Gálvez de las paredes del capitolio.

Se cumplirá así una promesa hecha por EEUU en el siglo XVIII.

Eso ocurrirá, gracias a la perseverancia de esta malagueña emigrada, probablemente el próximo 18 de noviembre.

Portada del Washigton Post en la que aparece la historia de un cuadro español en el Capitolio

Portada del Washigton Post en la que aparece la historia de un cuadro español en el Capitolio

Teresa Valcarce se propuso un día que una promesa del Congreso de los Estados Unidos hecha hace dos siglos fuese cumplida y su empeño ha acabado llevándola, junto al objeto de esa promesa, a la portada del Washington Post. Teresa Valcarce consiguió, junto con la Asociación Bernardo de Gálvez, que Estados Unidos aceptara colgar un retrato del militar español de las paredes del capitolio. Eso ocurrirá, probablemente (aunque no existe aún confirmación oficial) el próximo 18 de noviembre, ocho años después de que Manuel Olmedo comenzara sus investigaciones sobre este héroe de la independencia americana, y apenas año y medio después de que Teresa Valcarce leyera su historia en el diario Sur. Del periódico local, Valcarce, que vive en EEUU, ha pasado a uno de los medios con más solera de Estados Unidos. Entre medias le ha dado tiempo a contarle el caso a embajadores, senadores, decenas de medios de comunicación y al presidente del Gobierno, Mariano Rajoy. Valcarce ha realizado esta labor con un entusiasmo contagioso para los que la rodeaban. Si alguien hace algo por ese concepto maleable de la Marca España, es probable que sea ella.

"Un retrato de la perseverancia para honrar al héroe español de la Revolución americana", titula el Washington Post, consciente de que la historia, hoy, está en el empeño de esta mujer para derribar barreras, hablar con las paredes, insistir, argumentar y convencer a quien haga falta para ver cumplida una promesa que hizo el Congreso de Estados Unidos en 1783: que un retrato de Bernardo de Gálvez cuelgue del Capitolio. Todo, a cambio de nada. Sólo porque para ella, que tiene la doble nacionalidad, Gálvez es "un héroe compartido". "Esta es la historia de cómo una de las personas menos poderosas de Washington (la efervescente secretaria de un sindicato) consiguió que la institución más poderosa espabilara", resume el diario. Nada pasó, explican, cuando la Asociación Bernardo de Gálvez contactó con la Embajada española para pedirles que mediaran para el cumplimiento de la promesa. La historia del éxito de Valcarce tiene el reverso del fracaso de dos siglos de conductos oficiales. Fue el empeño de una mujer el que llevó a la victoria. "Yo solo" es el lema del blasón de Bernardo de Gálvez, aunque Valcarce no estuvo sola. La Asociación, con sede en Málaga, merece una cuota importante del éxito.

El documento de 1783 en el que el Congreso de Estados Unidos acepta que de sus paredes cuelgue un retrato de Bernardo de Gálvez dormía en los archivos hasta que Manuel Olmedo lo rescató. Pero probablemente su hallazgo no hubiese pasado del ámbito académico de no ser por la insistencia, la difusión y el empeño casi terco de una gallega de origen malagueño emigrada a Washington. Teresa Valcarce, que trabaja cerca del Capitolio, leyó un día la historia y se propuso que Estados Unidos saldara una deuda. Una combinación de casualidades y perseverancia la llevaron hasta el congresista Chris Van Hollen, y luego hasta el senador Roberto Menéndez, quienes activaron la operación para cumplir una promesa de hace más de dos siglos. Una réplica del cuadro original (extraviado en doscientos años de Historia) fue encargada a un pintor malagueño a comienzos de 2014, y entregado a las autoridades del Capitolio hace apenas un mes.

Teresa Valcarce pretende ahora que Felipe VI acuda a la ceremonia en la que se descubrirá el cuadro, allí donde debía estar desde hace más de dos siglos. De momento, no ha tenido respuesta positiva, pero si algo demuestra esta historia es que el empeño personal puede, a veces, mucho más que los canales oficiales de la burocracia. Se podrá discutir la importancia del gesto, pero no el valor del esfuerzo de una persona por promocionar lo que ella entiende que es auténtica Marca España. Una portada en el Washington Post no tiene precio.

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