Como la política ha derivado en el politiqueo, y el politiqueo parece un programa de cotilleos al que solo le falta una Terelu o una Belén Esteban - la guerra de la “titulitis” acaba de glorificar la era de la postpolítica- hay que adentrarse en el mundo de las entidades suprasensibles, a ser posible malignas. Porque un espíritu, del que no se tenía noticia, surgido de las ultratumbas del “bunker barraqueta”, que identifica sin más escritura y habla y que es “molt valencià, molt”, invade estos días el palau de la Batllia y, como dicen en mi pueblo, “està fent més mal que una mala pedregà” (está haciendo más daño que una mala “pedregada”, en lenguaje “popular” castellano). El espíritu está abduciendo almas y cuerpos y ha poseido, de momento y que se sepa, una buena porción del filólogo Saragossà y del político Mompó, a cada cuál según sus necesidades y de cada cuál según su condición. Algún exorcismo habrá que pedirle al arzobispo Benavent, que es de Quatretonda, y que entiende de hablas y, por supuesto, de espíritus luciferinos, para sanarles como sea. Hay que “liberar” los salones de la Batllia y los alrededores de la plaza de Manises de los influjos del espectro y encerrar a la entidad renacida -renacida de la mismísima fantasmagoría de la “batalla de Valencia”- en la cripta polvorienta de donde nunca debió salir: devolver esa plaza de Manises al universo de la razón y del “trellat”. Los fantasmas, no sé porqué, siempre luchan contra la razón y la convención científica. Será porque son fantasmas, claro, y no se les puede exigir que vivan según los principios de la termodinámica. Uno, la verdad, ha buscado algún paralelismo con el fenómeno que ocurre estos días en la Batllia y no ha visto que Chirac o Mitterrand, Macron o Blair, Merkel o Andreotti y González o Aznar, o los distintos cancilleres alemanes y austríacos, o los representantes de los estados federados o no federados de los paises occidentales, etc, les digan a sus ciudadanos de qué manera han de hablar o de qué manera han de escribir. Todos estos ilustres estadistas dirán: para eso están las Academias y las universidades y los expertos en romanística o lenguas eslavas o anglosajonas o sánscritas. Y también dirán: si estuvieramos en el lugar concreto de la Historia donde nacieron los Estados/nación ya les diríamos a nuestros súbditos cómo han de hablar y qué lengua escoger y todo eso. Pero no es el caso y hay que fastidiarse, que el trabajo ya está hecho. Bueno, lo cierto es que uno, buscando en internet -o en la IA, no sé- ha descubierto algún vestigio acerca de un cierto mago de una tribu zulú deperdigada por el desierto del Kalahari y un determinado rey de una isla innombrable de Borneo que aleccionaban a sus “representados” sobre alguna palabreja, pero muy gutural, en todo caso. Poca cosa. Tal vez hayan existido otros casos, pero igual internet aún estaba de “vacacions”, que no de “vacances”, quiero decir que aún no se había inventado la red. Por cierto, en mi pueblo decimos “anem a collir” y no “anem a arreplegar”, como es natural. “Anem a collir taronges”, no “anem a arreplegar taronges”. Cosas distintas. Quizá en otros lugares de esta macedonia variopinta y multicolor que es la CV o en localidades cercanas a las de nuestro protagonista -infestado, repito, por el espíritu escapado de la ultratumba para sembrar el caos- lo dirán así o asá, pero, bueno, todo es ponerse: se redacta un libro y se refrenda cualquier animalada. A uno le había “defraudao” -lo digo en castellano popular- el filólogo Saragossà, porque no se puede ser filólogo y sostener que se ha de escribir como se habla. (Escribimos “académicamente”, como dicta la RAE y los sabios y los colegios, y hablamos como podemos o sabemos). Pero ahora soy consciente de mi equivocación, pues no habla él (Saragossà), sería impensable, sino que lo hace el espíritu que se manifiesta en él. Me quedo más tranquilo. Y lo comprendo. Es como el matemático Neumann: sus ecuaciones parecían dictadas por un ser superior, ajeno al mundo de los mortales. Hablaremos con el arzobispo Benavent. Estas situaciones de posesión tampoco son extrañas del todo. Se dan, y se daban, bastante a menudo. Yo creo que mossén Porcar (¿o será mosén?, ya no sé, con acento o sin, con “s” o sin?), en sus “Cosen evengudes en la ciutat i regne de Valencia”, el dietario de más de tres mil noticias que se extiende de 1589 a 1628, ya hablaba y escribía sobre las variadas cosas de belcebú, de gustos macabros. “Vérem un gichet que pocs dies ha que l'havien llançat hallí. Y vérem que no tenia mans ni peus, sinó tan solament tenia com a uns mocholets de carn damunt y en lo extrem dels braços y de les cames y los braços fets del tot, fins les mans, com dit és”. Ya tenemos aquí, mira por donde, otra “normativa”. Otro canon a seguir. ¿“Gichet” no sería “xiquet”? ¿Y “hallí” no sería “allí”? Nunca se sabe con en el lenguaje popular porque el lenguaje popular es popular en una época y en otra ya no es popular. ¿Quién escribe en el “cheli” popularizado por Umbral? Cosas del tiempo y de las modas. Aunque también podemos hablar y escribir como lo hacía Cervantes en El Quixote y poner “mesmo” en lugar de “mismo”. Y así, todo. La verdad es que es un no parar. ¿Se imaginan a Zapatero o a Rajoy exhortando a la Real Academia Española a reconvertir algún aspecto ortográfico o gramatical? Pero, claro, ellos tuvieron suerte. No fueron tomados por ningún espíritu surgido del interior del Covarrubias y paseando su mal por La Moncloa. De ser así, estoy seguro que los presidentes del gobierno español se hubieran empeñado en que los españoles habláramos y escribiéramos como en el siglo XVI o XVII. Menudo lío. Calla, calla. Castellano antiguo. Apréndelo de nuevo. Vuestra merced. En fin, ya que el espíritu “barraqueta” ha revivido y se corporeiza por Valencia en instituciones y saloncitos, ora aquí, ora allá, y que pronto infestará a las universidades a no ser que levanten un fortín, y dado que no hemos avanzado nada, pero es que nada, desde los setenta del siglo pasado, lo mejor es exiliar nuestras almas a Asturias, patria querida, o a algún lugar por allí arriba, lluvioso y verde. (No a Vigo, que está Caballero y en julio ya es navidad, que horror!). Estaremos aquí, pero ya no estaremos. Seremos, pero ya no seremos. Nos alcanzará la disociación del Ser sin alcanzarnos del todo. Existiremos como el “dasein” de Heidegger arrojado a esta tierra pero sin suceder en esta tierra. Algo como muy cuántico. Con su pan se lo coman. O se lo “mengen” (o “menjen”). (Y si Benavent tiene éxito con el exorcismo y le podemos dar “vacacions”, que no “vacances”, al espíritu, y “arreplegarlo” en su morada eterna, pues ya hablaremos).